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Una de las cosas que nos recordó el apagón del pasado 28 de diciembre es el cúmulo de pendientes que tiene la modernización del Sistema Eléctrico Nacional, algunos desatendidos desde diciembre de 2018 pero otros desde años antes, como la falta de fortalecimiento de la Red Nacional de Transmisión.

El incremento del consumo eléctrico del país y la migración hacia uso de renovables requieren reforzar las líneas de transmisión para llevar cada vez más energía desde donde se puede generar (de forma más limpia y a más bajo costo), hacia donde se consume.

El monitoreo de las redes de transmisión lo hace el operador del Sistema Eléctrico Nacional que es el Centro Nacional de Control de Energía. Gracias a ese monitoreo podemos saber, entre muchas otras cosas, donde se requiere fortalecer la transmisión.

Cada vez que hay un riesgo o problema, el Cenace emite un Estado Operativo del Sistema, y cada estado nos indica su causa, qué nivel de alerta significa (son cuatro niveles) y donde está el riesgo o problema. Se puede consultar aquí.

En 2019, el sistema tuvo 1 759 reportes de incidencias, contra 1 763 en 2020, o sea 0.23 % más que 2019.

Para entender estos riesgos, se analizaron aleatoriamente 1 300 estados operativos del sistema en los dos años. Del total analizado, 916 fueron alertas por sobreflujo de transmisión en alguna parte del sistema.

¿Qué significa esto? Los cables, proyecciones y resto de equipos están diseñados para permitir el flujo de cierta cantidad de energía. Se puede hacer pasar más energía que aquella para la que fueron diseñados, pero hacer pasar esa cantidad tiene un riesgo: si por los cables pasa mucho más energía de la diseñada, se pueden sobrecalentar y deformarse, con lo que dejarían de ser funcionales. Por eso preferentemente se debe pasar la cantidad de energía para la que fueron diseñados o menos.

Ilustración: Víctor Solís

En algunos momentos, para satisfacer la demanda en algunas regiones del país, el Cenace permite que haya un sobreflujo de energía en ciertas partes de la red. Por ejemplo, la Península de Yucatán genera mucho menos energía de la que consume, por lo que se debe llevar energía de la región oriental del país (básicamente Tabasco) para satisfacer la demanda. Pero es tanto el déficit en la península que el 80 % del tiempo la línea que la conecta con la región oriental trabaja por encima de su capacidad de diseño.

Pero no es sólo esa línea. De las 916 incidencias en el sistema por sobreflujo de líneas de transmisión, 900 son en las mismas 15 líneas. Esto significa que inversiones específicas en 15 segmentos de transmisión eliminarían 900 estados operativos del sistema, y de 1 300 alertas, se pasaría a 400. Parece obvio que se necesita invertir ahí.

¿Hay dinero para eso? En la conferencia de prensa del cinco de enero pasado, directivos de la CFE dijeron que ampliar la red de transmisión requiere inversión que incrementaría la factura eléctrica al usuario final. Afortunadamente esto es falso. En realidad, la tarifa de transmisión que actualmente cobra y le pagamos a la CFE transmisión (tarifa calculada por la Comisión Reguladora de Energía, no por CFE) incluye un parte que debe ser destinada a inversión en infraestructura nueva. Tan sólo en 2019, la CFE transmisión tuvo ingresos que fueron 14 000 millones de pesos mayores a sus gastos. Esas utilidades son la fracción que se diseñó para invertir en lineas nuevas o reforzamiento de las existentes. Pero en lugar de usarlo ahí, este dinero se usa en tapar las pérdidas de las empresas generadoras de la CFE (que todas presentan pérdidas) y mantener así en operación unidades de generación costosas, contaminantes, cada vez más viejas y que presentan más riesgos al Sistema Eléctrico por fallar más. Absurdo, pero además, ¿no podría ser eso un desvío de recursos? Es pregunta.

Finalmente, los problemas de transmisión y del sistema ¿se incrementan con renovables como dice CFE? Veamos.

Si revisamos la generación de renovables, veremos que el 30 de marzo de 2019, el sistema eléctrico recibió de la suma de energía eólica y solar 593 156.43 megawatts-hora (MWh). El primero de abril de 2020, el sistema recibió 2 363 141.63 MWh de esta misma suma eólica y solar (datos obtenidos del observatorio de la transición energética, disponibles aquí y recopilados a su vez de Cenace).

O sea, en un día en la misma temporada de 2020 se recibió 398 % más energía eólica y solar que en 2019 (producto de la entrada en operación de centrales de generación comprometidas el sexenio pasado), pero aún así, el sistema tuvo 0.23 % más incidencias. O sea, las renovables en los hechos parecen no incrementar los riesgos para el sistema.

La gran pregunta final es: ¿por qué no se invierte en transmisión si hay dinero y mitigaría riesgos a la red de forma tan importante? La única explicación lógica es que se busca mantener, desde el gobierno, el uso de hidrocarburos, por un asunto meramente ideológico o de control corporativo. Pero cualquiera de los dos termina dañando a la nación.

Al margen, pero importantísimo. En sus primeras horas como presidente, Joe Biden firma el regreso de Estados Unidos al Acuerdo de París. Eso deberá obligar al gobierno mexicano a retomar el camino a la transición energética en el que caminaba exitoso. Ojalá y así sea.

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía.