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En 1980 Jorge G. Castañeda y yo empezamos la conversación sobre Estados Unidos a partir de la intervención política y el apoyo militar de ese país a las dictaduras de Centroamérica, para que detuvieran el avance de la guerrilla en El Salvador, Guatemala y Honduras. Luego vino el apoyo a la Contra en Nicaragua.  

Después de 40 años seguimos hablando de nuestro vecino del norte ahora con otros temas donde la migración y el narcotráfico han sido una constante. Siempre soy el que pregunta, él es quien conoce bien ese país. Ahora ese conocimiento lo plasma en un libro original, inteligente y extraordinariamente bien informado, Estados Unidos: en la intimidad y a la distancia (Debate, 2020).

Ilustración: Víctor Solís

La versión original es en inglés y la publica Oxford University Press con el título de America Through Foreign Eyes. Es un texto escrito para lectores estadunidenses. Es con quien Jorge dialoga desde su mirada de extranjero en un país donde ha vivido y enseñado por muchos años.

Como lector lo primero que me sorprende es el conocimiento profundo, incluso erudito, que Jorge tiene sobre Estados Unidos. En la visión panorámica que ofrece dialoga con los más relevantes autores, de todas las nacionalidades, que han escrito sobre la impresión que les causa ese país. Ahora él es uno de ellos. 

Me impresiona la revisión bibliográfica y la cantidad de fuentes primarias y secundarias que se citan en el texto que son 442.  Da cuenta de un trabajo de investigación profundo y serio. Es un texto con rigor académico, pero escrito de manera ágil y atractiva que permite el acceso a todo tipo de audiencias.   

Dos ideas recorren de manera tranversal el texto: La muy extendida entre los estadunidenses de lo excepcional que es su país, que da lugar al excepcionalismo, y la de que existe una civilización estadunidense, que da manera diversa, pero real, se extiende por todo el mundo.

En el primer capítulo, “En Estados Unidos todo es lo mismo: la primera clase media del mundo”, se señala como ese país genera la primera clase media del mundo, con alta movilidad social, pero en medio de una sociedad que desde su inicio fue desigual sobre todos para los pueblos originarios y la comunidad afroamericana. Da cuenta como a partir de la década de los setenta empieza el deterioro de las clases medias y la sociedad se vuelve cada vez más desigual con la concentración en muy pocos de gran parte de la riqueza nacional. Al principio el modelo de desarrollo estadunidense no hizo necesario la creación de un Estado tradicional de bienestar, que ahora necesita.     

El capítulo segundo, “¿Qué tan excepcional es el excepcionalismo estadunidense?”, es medular y se desarrolla la idea del excepcionalismo que ha dado identidad a los estadunidenses. Tiene su origen en la Independencia, el establecimiento de la República, el surgimiento de la democracia representativa y la vigencia del Estado de derecho entre otras cosas. A lo largo de la historia el discurso ha tenido tres etapas: La inicial que abarca los primeros 100 años donde se exalta al país de las libertades y la igualdad; la segunda va del fin de la Primera Guerra Mundial hasta la Segunda Guerra Mundial donde el relato presenta a la nación como poderosa, libre y ética como ninguna otra; la tercera comprende del fin de la Segunda Guerra mundial al fin de la Guerra Fría, y propone a un país responsable y consciente mejor que ningún otro.

Tras la caída del Muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética, el enemigo siempre a vencer, la narrativa entró en otra etapa. En estos 30 últimos años Estados Unidos ha evolucionado en una doble tendencia: Se ha convertido en una civilización, en el sentido más fuerte de la palabra, y se ha visto forzado a admitir que no todo es posible incluso, para ellos. El excepcionalismo en términos de la economía, que mantuvo todo el siglo XX, ya no existe, pero en el crepúsculo de su hegemonía tradicional ha surgido “la civilización estadunidense”.

En “Las bendiciones de la cultura estadunidense y la vía a la civilización norteamericana”, que es el tercer capítulo, ofrece su visión de qué es y cómo opera la civilización que ha producido Estados Unidos y que ahora está presente en todo el mundo. Es la cultura de masas que le es tan propia, que  abarca la comida, la música, el baile, la moda, el cine, la literatura, el arte, la televisión, los musicales y desde luego la lengua. Es la cultura que se generó para satisfacer a las clases medias que comprendían a millones de consumidores. Base fundamental  de la misma fue la expansión y el éxito de la educación pública. Es una cultura que siempre ha estado abierta a recibir el talento de los otros países. “La cultura estadunidense es el componente más importante de la civilización norteamericana de nuestros días”, asegura Jorge.

El cuarto capítulo, “La democracia disfuncional y sus descontentos”, plantea que desde su fundación Estados Unidos se presenta ante el mundo como un modelo de libertad y democracia. Valores por cierto que solo se han garantizado para el sector de la población blanca, el grupo mayoritario, pero no para los distintos tipos de minorías. Ha sido, para decirlo de algún modo, una democracia para las  élites. Hay una creciente polarización de la sociedad estadunidense que se ha radicalizado en lo últimos 10 años. El crecimiento poblacional y la incorporación de los migrantes como electores ha cambiado el mapa político del país. Jorge afirma que “el electorado norteamericano no se halla dividido en dos partidos sino fragmentado en varias grandes facciones, poderosas e intrínsecamente distintas”. Hace una crítica documentada de lo absurdo que ahora resulta la elección presidencial vía el Colegio Electoral.

Un capítulo particularmente agudo y sugerente es el cinco, “Autoconsciencia y autocrítica: historia y humor en Estados Unidos”. Aquí se sostiene que dos de los rasgos más destacados del mal llamado carácter nacional norteamericano son “su ausencia de noción de historia y su extraordinario sentido del humor”. Estos dos aspectos están vinculados. La historia de la colonia española y portuguesa es muy distinta a la que después será Estados Unidos. Esta última inicia con la llegada de los colonos y hasta antes de la independencia no hay un fundamento compartido y es hasta bien entrado el siglo XIX que se construye una “memoria en común”. Y es hasta ahora que empieza a reconocerse que la historia es importante.          
 
“En Estados Unidos”, dice Jorge, “el sentido del humor casi siempre funciona como sustituto de la autocrítica histórica de otros países” y también para tomar distancia de los sucesos y rasgos vergonzosos del carácter nacional. El poder es sujeto de la burla y el humor como en ningún otro país. Ningún tema está prohibido. En este país la principal expresión del sentido del humor es la comedia. En el gran campo del humor hay especialidades o ámbito que son el humor blanco, el judío y el afroamericano. Cada uno subraya su condición y se burla de ella.        

El capítulo seis, “Apple y Wall Street”, es una mirada sobre el desarrollo de la economía de Estados Unidos y su extraordinaria capacidad de inventiva en el diseño científico y tecnológico. Sus creaciones están presentes en todo el mundo.  “Es la primera y única economía y sociedad moderna en fusionar los dos procesos: innovación tecnológica y negocio; invenciones y ganancias; ingeniería y economía; administración (con personas como Frederick Taylor) e imaginación creativa”, sostiene Jorge. La explicación de esta capacidad está en su sistema educativo.

“El pragmatismo y la hipocresía de Estados Unidos: drogas e inmigración”, el capítulo siete, está relacionado de manera estrecha con México. Jorge, a partir de un análisis riguroso, argumenta que la migración siempre se ha desarrollados en el marco del pragmatismo y la hipocresía. Las leyes en la material se aplican o dejan de hacerlo conforme convenga a los intereses económicos y políticos. Y si es el caso se cambian. A pesar de todo hay muchos ejemplos de un encuentro amistoso entre los migrantes y la sociedad norteamericana. El mismo pragmatismo hipócrita funciona en el caso de las drogas.

En el capítulo ocho, “Raza y religión en Estados Unidos”, se aborda de manera inteligente dos temas particularmente difíciles en la vida de Estados Unidos. Es el único país rico donde la cuestión de la raza viene de una “condición previa”: la esclavitud. Ningún país “ha padecido la esclavitud y el racismo durante un período tan prolongado como la Unión Americana”. Según el consenso tradicional, afirma Jorge, “los norteamericanos son más religiosos que las personas de otros países ricos, y que un grupo importante de naciones pobres”.

El racismo en Estados Unidos no se va a resolver pronto y de manera radical. Lo más probable es que el proceso “sólo mejore con tiempo y paciencia”, aunque no sea la solución ideal, pero no se ve otro camino. El país, pese a las apariencias, cada vez se hace más secular y en lo que se refiere a la religión tiende a ser cada vez más como otros países ricos. La Unión Americana, concluye Jorge, en forma lenta se asemeja más al resto del mundo rico y a los amplios sectores de las clases medias de las naciones no tan ricas. Es un hecho que “se está volviendo realmente moderno y poco excepcional” esto si se excluyen los casos extremos que se analizan en el siguiente capítulo.                

“Lo imperdonable: el encarcelamiento en masa, la pena de muerte, las armas y el diseño inteligente”, el capítulo nueve, desarrolla estos cuatro temas muy particulares del mundo de Estados Unidos que Jorge de manera abierta confiesa “no soporto”. El encarcelamiento en masa arrancó en los años 70. En 2009, el año pico, eran 2.5 millones los presos. A partir de esa fecha el número empieza a bajar, pero de manera marginal. Ningún país del mundo sufre éste “azote” y esta práctica es un obstáculo “poderoso a la instauración de la modernidad” en ese país.

La pena de muerte ha disminuido, pero sigue ahí. Ninguno de los argumentos a favor se sostienen. Afecta de manera particular a los pobres, negros y latinos. La única explicación de que existe es “la inercia y la incapacidad de cambio que emanan de un sistema político disfuncional”. La pena de muerte, por desgracia, se va a mantener por muchos años más. Retrasa la entrada Estados Unidos al “resto del mundo moderno”. Los estimados de la totalidad de armas en manos de ciudadanos estadunidenses varían de 265 millones a 390 millones. Jorge dice que “la fascinación norteamericana por las armas sigue siendo incomprensible”. Eso lo hace distinto de los otros países modernos.

El diseño inteligente o creacionismo es otra de las particularidades de Estados Unidos. La idea central es que la vida en la tierra es tan compleja que solo se explica como parte de la acción “de un agente inteligente: Dios”. El movimiento creacionista ha sufrido derrotas, pero permanece con fuerza. Jorge subraya que esa “ creencia cuentan con la posibilidad de convertirse en leyes” y de “adquirir respetabilidad entre amplios sectores de la sociedad” entrado ya el siglo XXI.

El hilo conductor de estas cuatro particularidades de Estados Unidos, piensa Jorge, es “un conservadurismo basado en el miedo al otro, en la necesidad de proteger a la familia, comunidad, raza y religión” y añade que “a diferencia de otras características de la vida norteamericana que han evolucionado a formas más ‘modernas’, estas cuatro han sobrevivido con terquedad, y se han exacerbado en la era Trump”.      

En el capítulo 10, “Una reflexión: ¿El fin de la diferencia norteamericana?”, se plantea lo que ha sido, es y será el futuro Estados Unidos. Jorge habla de la existencia de una “civilización” estadunidense que se enfrenta a amenazas y retos. El triunfo de la misma será “cuando los norteamericanos mismos reconozcan el declive y el final de su diferencia con el resto del mundo, o por lo menos con los países ricos”. Esto resulta una ardua tarea para “una sociedad que nació con la ida arraigada de la excepcionalidad, y que ha tratado de reproducirla de generación en generación”.
 
“La civilización norteamericana, y Estados Unidos como nación están siendo modificados, por lo que yace fuera de sus fronteras y de la zona de influencia del ‘imperio’; al igual que Roma, por lo menos hasta que llegó su fin, par mejorar. No podría darse de otra manera si queremos  tomar en serio la noción de una civilización norteamericana”, asegura Jorge. 

Termina su extraordinario análisis, su auscultación, de los Estados Unidos con la pregunta: “¿Durará la civilización norteamericana tanto como Roma, ya sea el imperio o la civilización? Definitivamente no, aunque sea por razones puramente demográficas. Pero aún queda camino por recorrer, sobre todo si demuestra la adaptabilidad de los romanos, y comprende lo que es la civilización norteamericana, y de lo que aún carece para consolidarse. Una modernidad plena quizá sea el mejor nombre, para lo que falta. El camino hacia esa modernidad –y hacia una civilización plena– está en marcha. Será arduo, pero, al final, bienaventurado”.

La de Jorge es una lectura profunda y original de la sociedad de Estados Unidos. Una lectura que se propone reconocer los grandes logros de ese país y su aporte a la humanidad, pero también dar cuenta de sus deficiencias, errores y aberraciones. Es una guía, con campos bien definidos, para conocer las entrañas de esa sociedad. Para tratar de entender sus motivaciones y sus comportamientos. Es un libro llamado a convertirse en un referente, para quienes quieran conocer a ese país.

 

Rubén Aguilar Valenzuela

 

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