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Se cree que el ancestro del billar es una especie de cróquet que se juega sobre pasto con un palo curvo que sirve para empujar bolas de unos diez centímetros de diámetro. Ese palo tiene una gran importancia histórica. No es sino hasta finales del siglo XV cuando aparecen los primeros vestigios del juego de billar, tal como lo conocemos actualmente.

Si bien franceses e ingleses se disputan la invención del billar moderno, paradójicamente la escuela francesa asegura que su inventor fue el inglés Bill Yar; mientras que la tradición inglesa sostiene que fue Henri Devigne, un ilustre artesano de la corte de Luis XI. Sea quien fuere quien haya inventado el billar, la primera mesa la diseñó y construyó el maestro ebanista-carpintero Devigne hacia 1429 por orden del rey Luis XI, para instalarla en su residencia preferida, el castillo de la Bastilla. Medía ocho pies de largo por cuatro de ancho (las mismas proporciones de las que [en una caricatura de Walt Disney sobre las matemáticas] habla el Pato Donald en su definición del billar) y pesaba 618 libras. Cuatro capas de tela de Elbeuf recubrían la losa de piedra que reposaba sobre la estructura de madera. En esa época la bola era impulsada con un bastón curvo y el objetivo era hacerla pasar a través de un arco. En Francia el éxito del billar fue inmediato, lo mismo que en Inglaterra. En efecto, en 1576 la reina María de Escocia se lamentaba por no poder jugar billar en prisión.

En América la primera mesa de billar apareció en Florida, llevada ahí por los españoles en 1565.

En 1674 Charles Cotton escribió el primer reglamento sobre el billar, varias de cuyas reglas aún son vigentes; por ejemplo, la de que al menos un pie del jugador debe estar tocando el suelo cuando tira.

Luis XIII, apodado el Justo, proclamó en 1617 el final de la regencia de su madre, María de Médicis, en el Palacio del Louvre, subido en una mesa de billar. Pero fue Luis XIV quien lo puso de moda, pues uno de sus médicos le prescribió, como remedio para facilitar la digestión, jugar una partida de billar después de la comida.

Entre 1550 y 1630 el juego de billar se convirtió en una costumbre. Para entonces en París existían entre 120 y 150 mesas de distintos tamaños. El 16 de mayo de 1634 por primera vez se utiliza la palabra academia para designar una sala de billar. El cardenal Richelieu, gran amante del juego, funda en 1636 la Académie Royale para que ahí practique y socialice la nobleza. En ese establecimiento son educados veinte hijos de gente pobre, a quienes se mantiene gratuitamente junto con otras cincuenta personas que pagan pensión. El programa educativo contemplaba educación militar, matemáticas, historia, esgrima y billar. Para graduarse y ser aceptado en el cuerpo de los mosqueteros del rey era indispensable que el aspirante fuera un billarista excelente.

En el siglo XVIII se desarrollaron numerosas variantes de juegos de mesas de billar; sobre todo desaparecieron los arcos o anillos por donde debían pasar las bolas. Las mesas de madera fueron recubiertas por un paño verde, como una manera de emular el pasto. Las bandas, inicialmente de madera, se recubrieron con varias telas para que la bola rebotara mejor. En ese mismo siglo apareció la bola roja, a la que denominaron carambola, que sirve precisamente para jugar ese juego.

Fuente: Carlos Bosch, El billar no es de vagos. Ciencia, juego y diversión. FCE, 2009.

 

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