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Los pequeños usuarios de energía eléctrica, como usted y yo en nuestros hogares, somos clientes de lo que la ley define como el Suministro Básico.

Al ser pequeños usuarios, con poco poder de mercado, la ley procuró protegernos de la volatilidad de los precios del mercado y entonces, quien nos vende la energía, que es el Suministrador de Servicios Básicos (SSB), compra sus productos: energía, potencia y Certificados de Energía Limpia, que es lo necesario para contar con el servicio, de tres formas.

Primero con lo que ya existía o estaba en proceso de construirse, pero ya tenía contrato cuando se creó el actual marco legal: éstos son los contratos legados. Incluyen centrales eléctricas propiedad de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y algunas privadas que sólo podían venderle energía a CFE.

Luego vienen las subastas, un mecanismo en el que el SSB decía cuanto necesitaba de cada producto y cualquier empresa, publica o privada, ofrecía los productos que el suministrador iba a comprar. Quien más barato ofrecía los productos, ganaba los contratos.

Si en algún momento los productos de las subastas y los legados no eran suficientes, CFE puede asistir al Mercado Eléctrico a comprar cualquiera de los productos.

Es importante mencionar que los contratos legados tienen un periodo de vigencia, y al finalizar ese periodo deben irse sustituyendo por contratos que sean asignados mediante el mecanismo de subastas.

¿Cuál es la intención? Que cada vez haya céntrales eléctricas más baratas, limpias, eficientes, mientras las caras, sucias e ineficientes deben ir saliendo de operación. ¿Cuál fue el desempeño de las subastas? Las primeras tres subastas (2015, 2016 y 2017) fueron un éxito y lograron contratos para construir y operar unos 7 500 megawatts de capacidad de generación, principalmente eólica y solar. Esto era más o menos el 10 por ciento de la capacidad que tenía el sistema a finales de 2018. El éxito radicó además en los precios de la energía, que inició en 45 dólares por cada megawatt/hora (MWh) entregado a la red de acuerdo a los contratos de 2015, 33 dólares en los contratos de 2016 y 20 dólares en los contratos de 2017. Alrededor del 80 % de estos proyectos están ya en operación. Al menos el mes de septiembre entregaron energía por 1.5 millones de MWh, a un costo de 385 pesos (cada megawatt/hora).

Para tener una referencia, CFE entregó en ese mismo periodo 9.3 millones de MWh, a un costo promedio de 1,673 pesos y los generadores privados de contratos legados entregaron 8.48 millones de MWh a un costo promedio de 1 155 pesos.

Ilustración: Augusto Mora

El gobierno actual canceló la subasta 2018 y decidió no emprender más, pero decidió también que CFE iba a construir más centrales eléctricas. El problema es que por ley, para que una central eléctrica le pueda vender a un suministrador de servicios básicos, lo tiene que hacer ganando un contrato en subastas, para que así contraten energía quienes ofrecen los productos a precios más bajos. O sea: un generador no puede hacer tratos directamente con un suministrador de servicios básicos. Esto se hizo para garantizar transparencia y evitar contratos a modo. Así también se lograron los precios más competitivos.

Esta restricción se convirtió en un problema para esta administración, que buscaba asegurar que CFE construya sus plantas de generación y con eso venda la energía al suministrador de servicios básicos, sin competir con otras ofertas, e incluso sin tener que ser de las ofertas más baratas.

Pues la Comisión Reguladora de Energía encontró la “solución”.

Modificar los contratos legados para que toda planta de CFE en automático le pueda vender a un suministrador de servicios básico. Así, sin competir, sin intentar ofrecer mejores precios, sólo por el hecho de ser construida por la empresa propiedad del Estado.

O sea, en lugar de buscar que tengamos cada vez más generadores que vendan el megawatt/hora en 385 pesos, nos amarran a generadores de 1 673 pesos. En lugar de buscar que el consumidor tenga cada vez energía más barata y limpia, nos obligan a ser usuarios cautivos de los generadores más caros y sucios que tiene este país.

Por si esto fuera poco, las plantas de CFE ofrecen nuevos proyectos, pero todos basados en quema de hidrocarburos. Eso significa que CFE y el país no cumplirán con el compromiso constitucional de lucha contra el cambio climático, pues no incrementarán la cantidad de energía limpia que deben generar. Además están bloqueando la inversión privada también en el mercado eléctrico o sea que no hay forma de cumplir.

La peor parte es que todo esto va contra la ley, que indica claramente las subastas; va contra la Constitución, que ordena la libre concurrencia de los generadores; va contra de un acuerdo internacional, que ordena la lucha contra el cambio climático y finalmente todo esto es violatorio del mandato de la Comisión Reguladora de Energía, cuya función es velar por el interés del usuario, no de una empresa, sea del origen que sea. Y un acuerdo de la Comisión Reguladora de Energía no puede ir por encima de ninguno de los ordenamientos que la rigen.

En resumen, nos ligan a un monopolio, y parafraseando el eslogan de Ford: podremos elegir entre cualquiera de los proveedores que queramos, siempre que ése se llame CFE.

¿Estarán conscientes quienes aprobaron esto de que las responsabilidades de servidores públicos tienen consecuencias? O para que se entienda, ¿estarán conscientes de lo que significa violar la ley desde el servicio público? Que conste, es pregunta.

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía.

 

Un comentario en “Modificación a legados, la imposición del monopolio

  1. La megalomanía del presidente y su visón vetusta y miope de la realidad
    seguirá destruyendo…y falta Pemex!.

    Hay que pararlo en 2021.

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