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El 8 de mayo, el periódico The New York Times publicó un artículo en el que se reportaba que la cifra real de fallecimientos por covid-19 en Ciudad de México era cerca del triple de lo que indicaban las cifras oficiales en ese momento. El artículo relataba que esta información era conocida por el gobierno de la ciudad y obtenida mediante indagatorias en hospitales.

Más importante que la información sobre la disponibilidad hospitalaria o el número de decesos registrados por hospitales, el gobierno de la ciudad contaba con la fuente primaria de información: las actas de defunción registradas en la ciudad vía el sistema digitalizado del Registro Civil. Por lo que estaba a su alcance calcular el número de fallecimientos en exceso, la mejor y más inmediata medida del saldo humano en el contexto de la pandemia.

Ése es el ejercicio que llevamos a cabo una semana después, mediante consultas repetidas y automatizadas a un sitio público del Registro Civil, creado para solicitar copias certificadas de actas de nacimiento, matrimonio o defunción registradas en la ciudad. Descubrimos que, aunque el sistema no había sido diseñado con esa intención, podía ser utilizado para contabilizar el número total de actas de defunción registradas en la ciudad para cualquier periodo. Publicamos los hallazgos de este ejercicio en el blog Taller de Datos de nexos el 25 de mayo.

Posteriormente, medios internacionales como The Economist, The Financial Times y el propio The New York Times corroboraron estos resultados y actualizaciones subsecuentes y las retomaron en sus comparativos internacionales, ante la falta de datos oficiales para México o Ciudad de México. El 25 de julio, dos meses después de la primera publicación en esta revista, la Secretaría de Salud presentó un estudio realizado con el Grupo Interinstitucional sobre el exceso de mortalidad hasta el 28 de junio para 20 de las 32 entidades federativas del país, incluyendo Ciudad de México. Tras anunciar a inicios de septiembre que se actualizarán los datos de exceso de mortalidad semanalmente, el gobierno de Ciudad de México publicó el 14 de septiembre, casi cuatro meses después de la primera publicación en el Taller de Datos, dos documentos. El primero, titulado “Análisis de la Mortalidad en la Ciudad de México Durante el Primer Semestre de 2020 en el Contexto de la Pandemia por SARS-CoV-2” escrito por Caro, Ormsby y Galindo, y el segundo fue publicado por la Agencia Digital de Innovación Pública (ADIP) bajo el nombre “Reporte de Exceso de Mortalidad CDMX”.

El primer documento describe una metodología para calcular el exceso de mortalidad hasta finales de junio. Tanto el número total de muertes registradas como el exceso de mortalidad calculado son muy similares a los que presentamos en nexos con corte al 28 de junio.

El segundo documento extiende el cálculo del exceso de mortalidad hasta terminar el mes de agosto. De la misma manera, en análisis se encuentran coincidencias con lo que habíamos publicado con anterioridad, tanto en el total de actas de defunción registradas en la ciudad, como en el cálculo de exceso de mortalidad que éstas implican: se reportan 31 836 fallecimientos en exceso para el 30 de agosto cuando en nuestro corte al 23 de agosto, publicado el 3 de septiembre en el Taller de Datos, reportamos 31 248 muertes en exceso.

Más allá de publicar los datos de exceso de mortalidad, este documento presenta algunas comparaciones con otras regiones del mundo, y es ahí donde encontramos unos tan claros como inexplicables errores metodológicos que presentan a la ciudad, y al país, en una comparación mejor de lo que realmente es.

Ilustración: Víctor Solís

En primer lugar, el reporte no presenta una tendencia del exceso de mortalidad hasta la fecha más reciente, cuando este indicador se reporta justamente para paliar las limitaciones del subregistro derivado de la falta de prueba. En una gráfica del estudio, se comparan las muertes registradas en la ciudad contra las “muertes esperadas”; sin embargo, se hace esto solamente para fallecimientos de “Residentes de la CDMX”. Esta segregación parece arbitraria, dado que en 2018, últimas estadísticas sobre defunción disponibles en el Inegi, el 22 % de los fallecimientos registrados en la ciudad son de no residentes de Ciudad de México. Éste no es un fenómeno particular de la pandemia, ya que estas personas que fallecen en la ciudad, sin tener residencia oficial, son personas que probablemente habitan, laboran o al menos circulan regularmente en la ciudad. Por lo que una tendencia de crecimiento en esos fallecimientos registrados es, sin duda alguna, un elemento a considerar para el monitoreo de la epidemia en la ciudad. Más allá de la categorización de los decesos según su residencia, lo realmente grave de este error es que, como señalamos en nuestro análisis con corte al 23 de agosto, la tendencia de exceso de mortalidad, considerando todas las defunciones registradas en la ciudad, registraba seis semanas de crecimiento desde mediados de julio. La falta de una gráfica que considere a todas las defunciones registradas en la ciudad llama la atención, especialmente cuando la elección de ese criterio muestra una tendencia opuesta.

De igual forma es importante considerar que mientras más reducido sea el periodo de observación para una cantidad de muertes en exceso, mayor sería el exceso de mortalidad expresado en variación porcentual contra lo esperado. No obstante, el estudio presenta un cuadro con exceso de mortalidad total como “porcentaje por arriba de lo esperado” para Ciudad de México y otras trece ciudades del mundo, pero para periodos diferentes. Aunque el cuadro da la impresión de que considera un periodo empezando el primero de enero para todas las ciudades, sólo lo hace así para Ciudad de México. Dado que el exceso de mortalidad se empieza a presentar en la ciudad a mediados de abril, al tomar el año completo se diluye el porcentaje de exceso de mortalidad. Este error no sería tan grave si se hubiese seguido el mismo criterio para las demás ciudades en el comparativo. Sin embargo, en los demás casos, se toman los porcentajes de excesos de mortalidad de las fuentes citadas, quienes, a su vez, realizan el cálculo adecuado para sacar el porcentaje de exceso solamente considerando las semanas que presentan exceso de fallecimientos.

Asimismo, es importante considerar que diferentes regiones han presentado periodos con extensiones diferentes en cuanto al exceso de mortalidad. Por dar ejemplos, las ciudades más afectadas de Europa y Nueva York, presentaron lapsos de entre nueve y once semanas con exceso de mortalidad. Ciudad de México, al 30 de agosto, llevaba ya 22 semanas con exceso de mortalidad, por esto, comparar el exceso de mortalidad como porcentaje solamente sería parecido a querer comparar distancias recorridas utilizando únicamente datos de velocidad, sin consideraciones del tiempo transcurrido. La forma correcta de comparar el exceso de mortalidad entre regiones con poblaciones diferentes es utilizando el exceso de mortalidad dividido por la población total. Medido de esa manera, Ciudad de México resulta con un exceso de mortalidad por población considerablemente más alto que cualquier ciudad de Europa y que Nueva York, y por encima de la región de Guayas, en Ecuador. Además, habría que considerar que las ciudades antes mencionadas han regresado ya a los niveles esperados de mortalidad, algo que no se ha conseguido todavía en Ciudad de México.

El error metodológico más flagrante ocurre cuando calculan el exceso de mortalidad per cápita para la población de todo el país, utilizando el exceso de mortalidad para 20 de las 32 entidades de México. Es decir, toman el exceso de mortalidad presentado por la SSA para el 28 de junio para 20 estados (71 315), como si fuera el exceso de mortalidad para el país completo. Así, México parece tener una incidencia de 55 muertes en exceso por cada 100 000 habitantes, ubicado después de Inglaterra (96), España (93) o Italia (78). Sin embargo, cuando se divide por la población correspondiente, la cifra para esos 20 estados es de 84 muertes en exceso por 100 000 habitantes, lo que ubica a ese conjunto de estados mexicanos a niveles entre España e Italia al 28 de junio, cuando esos dos países habían regresado a niveles de mortalidad esperados, mientras que México no alcanzaba aún el pico en exceso de mortalidad.

Sin embargo, es importante reconocer que el Gobierno de Ciudad de México ahora publique los datos anonimizados de las actas de defunción: fecha, sexo, edad, estado de residencia y causa por covid-19 o no. La disponibilidad de estos datos permite a analistas y medios nacionales e internacionales llevar a cabo sus propios comparativos y conclusiones. Quizá valdría la pena si las autoridades pudieren completar su base de datos con la ocurrencia de los decesos en hospitales o domicilios particulares, ya que ahora está disponible solamente para los casos detectados como posible covid-19. Eso permitiría analizar y reflexionar sobre la cobertura de seguridad social y del sistema de salud de orientar y atender a enfermos.

Por desgracia, a la fecha, no existe una cifra del exceso de mortalidad registrado para el resto del país durante el periodo de la epidemia del nuevo coronavirus. Así, Ciudad de México es pionera con respecto al resto de los estados. Más allá de poder cuantificar el saldo humano de la pandemia y compararlo a nivel internacional, la falta de tal herramienta nos deja sin una métrica robusta de la evolución de los contagios como alternativa a los datos de casos confirmados, que pueden verse sesgados por el considerable subregistro que presentan.

20 de septiembre de 2020

 

Laurianne Despeghel
Consultora en economía y asuntos públicos.

Mario Romero Zavala
Desarrollador de software y analista de datos.

 

Un comentario en “Muchas muertes sin contar

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