Encarnaciones góticas del horror: el mal en los males

Es entendible que Drácula, al ser un vampiro, tenga una piel de “tinte céreo”, palidez que ha llevado a diagnosticarlo típica y obstinadamente con porfiria eritropoyética congénita y, en sentido opuesto, a bautizar a esta enfermedad como la enfermedad de Drácula. Menos común es afirmar que Drácula pudo haber sufrido de albinismo.

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