En la plaza de Capua un hombre observa la puesta de sol; no busca inspiración artística o poética, su propósito es científico: quiere medir la velocidad del sol. Sin embargo, no tiene ningún instrumento de medición; apenas cuenta con un sistema para fijar unidades, cuyo manejo repetido le ha garantizado una precisión constante: "Conforme el sol desaparece en el horizonte en medio de una sinfonía de colores, canta dos Misereres; se trata, de hecho, de una fracción de tiempo muy breve".
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