A quien nos lee,
si quieres apoyar nuestro trabajo te invitamos a suscribirte a la edición impresa.

SUSCRÍBETE

¿Cuántas cosas malas puede hacer un hombre bueno antes de convertirse en un hombre malo? Esta pareciera ser una de las preguntas que se plantean tanto la serie de televisión Breaking Bad como la película El Padrino. Las historias de Walter White en la pantalla chica y Michael Corleone en la grande son fábulas de cómo, paso a pasito, un hombre bueno se vuelve malo.

Al inicio de ambas narrativas no hay duda de la bondad de estos dos personajes. En el caso de Michael, él mismo lo dice en un intercambio que tiene con su futura esposa, Kay Adams, al inicio de la película. Bien peinado, vestido de héroe de guerra, le cuenta la historia del famoso cantante Johnny Fontane. Cuando empezaba su carrera, le dice a Kay, trabajaba para un líder de orquesta bajo un contrato leonino del que no se podía zafar. Consciente de su potencial como solista, Johnny le pide ayuda a don Corleone, su padrino y padre de Michael, quien le ofrece 10 000 dólares al líder de orquesta para dejar ir a su ahijado. La oferta es rechazada y al día siguiente, ahora acompañado de su gatillero Luca Brasi, don Corleone nuevamente lo visita logrando esta vez que lo deje ir por tan sólo 1000 dólares. Kay, intrigada y confundida, le pregunta cómo logró su padre convencer a este personaje no sólo de liberar a Johnny, sino además por debajo del precio inicial. Michael le contesta que su papá le hizo una oferta que no pudo rechazar: Luca Brasi le puso una pistola en la cabeza y don Corleone le explicó que su firma o sus sesos estarían al pie del contrato. Michael, ecuánime y sin parpadear, remata esta escalofriante historia con la frase: “Esa es mi familia Kay, pero yo no soy así”. No intenta justificar a sus familiares ni pide disculpas por lo que hacen. La anécdota sirve para explicarle a Kay de dónde viene, pero también para asegurarle que origen no es destino; él es un hombre bueno.

Ilustraciones: Ricardo Figueroa

Por lo que toca a Walter White, su bondad es retratada al inicio de la serie de forma casi caricaturesca. Su forma de vestir, su peinado, sus anteojos, su relación con su esposa e hijo, su profesión, la casa en donde vive, el coche que maneja, lo que desayuna, todo apunta a un ciudadano honorable y un hombre de bien. Walter es un marido ejemplar, un cariñoso padre de familia, un responsable maestro de secundaria, un vecino respetuoso, un cuñado empático y su dieta es baja en colesterol. Es un hombre, al parecer, sin vicios y lleno de virtudes. Es tan bueno que algo de lástima da y se da a sí mismo.

Si bien Mike y Walt son hombres buenos, ambos dan un giro a la maldad. Michael empieza como “civil”, ajeno al negocio familiar, pero termina reemplazando a su padre como la cabeza de una de las cinco familias del crimen organizado neoyorkino. Walter, como lo describe el propio creador de la serie, Vince Gilligan, arranca como Mr. Chips y se convierte en Scarface; pasa de ser un profe cantinflesco a rey de las metanfetaminas. Breaking Bad y El Padrino retratan estas transformaciones y en ambos casos el proceso que siguen los dos personajes es prácticamente el mismo.

Son cinco las variables que suelen utilizarse para explicar el comportamiento humano: pasiones, razones, intereses, subconsciente y entorno.1 Queda claro que ni Michael ni Walter hacen lo que hacen por razones pasionales. Es más, la frialdad con la que toman decisiones, incluso en situaciones de emergencia y alto estrés, es una de sus principales cualidades, mientras que no hay excesos de ningún tipo en su vida privada y sentimental. El interés, es decir: el dinero, pareciera ser un tema importante. Pero conforme los vamos conociendo nos damos cuenta de que el dinero no es un fin en sí mismo para ninguno de los dos, por lo que no explica de manera exhaustiva su conducta. El subconsciente tampoco es una variable clave. A diferencia de, por ejemplo, Tony Soprano o Hannibal Lecter, lo que está detrás de la maldad de Walt y Mike no es algo psicológico, o no primordialmente. En cuanto a su entorno, tampoco pareciera ser relevante. En el caso de Michael, el contraste entre su vida y la de sus hermanos Sony y Fredo al inicio de la película contradice en los hechos esta hipótesis. Por lo que toca a Walter, lo poco que sabemos de su pasado de ninguna manera apunta a la transformación que atestiguamos. La única variable que queda para entender su giro a la maldad es la razón. Y, en efecto, el proceso que siguen ambos es totalmente meditado y sopesado.

Un camino razonado a la maldad no es inusual. En la película El talentoso señor Ripley, el mismísimo Tom Ripley le explica a una amiga cómo toda persona que hace algo inmoral racionaliza sus actos para no pensarse malo. “Hagas lo que hagas”, le dice a su amiga, “por más terrible que sea, por más daño que provoques, nunca te topas con alguien que piensa que es una mala persona”. Precisamente lo que vemos en las historias de Michael Corleone y Walter White son procesos de racionalización diseñados no sólo para convencerse a sí mismos de que en el fondo son buenas personas, sino también para persuadir de ello a quienes los rodean, así como al espectador. De hecho, es inquietante reconocer lo mucho que nos tardamos como espectadores en juzgarlos, sobre todo a Mr. White.2

En primer lugar, ambos personajes operan en un contexto excepcional o de emergencia. Don Corleone, víctima de un atentado, yace entubado en un hospital sin protección alguna, vulnerable a un segundo intento de asesinarlo. Ante esta situación, su hijo Michael tiene que actuar de inmediato para protegerlo, pero al involucrarse en el negocio familiar da un primer paso a la maldad. Walter, de un día para otro, enfrenta una situación abrumadora. Primero, su doctor le informa que tiene un cáncer terminal y le quedan unos cuantos meses de vida. Al poco tiempo se entera de que su mujer está embarazada. Y para complicar la cosa, su único hijo, un adolescente, tiene parálisis cerebral. Es una realidad aplastante; morirá en pocos meses dejando a su esposa con una bebita en brazos, un hijo con una discapacidad motriz y a su familia endeudada como resultado de su enfermedad. Algo tiene que hacer. Pareciera que, de arranque, tanto Michael como Walter “no tienen alternativa”. Como espectadores de inmediato pensamos —y probablemente estos dos personajes también así lo ven— que si una persona no tiene alternativas, disminuye la responsabilidad individual.

Pero no sólo se trata de una emergencia o situación excepcional, sino que todo sucede en un mundo al revés en el que para lograr “justicia” se requiere violar la ley. Así, uno de los personajes detrás del atentado contra el padre de Michael es un capitán de la policía de Nueva York; el enemigo es “la ley”. Pero al tratarse de un policía corrupto que quiere matar a don Corleone por rehusarse a vender droga, la idea de eliminarlo no parece algo del todo injusto. Por lo que toca a Walter, la injusticia estriba en que a un hombre bueno con una vida ejemplar y una familia que mantener le dé un cáncer fulminante. Se trata, en cierto sentido, de una variación del “problema del mal”: cómo explicar y justificar que le pasan cosas malas a gente buena. Visto desde esta perspectiva, la decisión de Walter de rebelarse en contra de su injusto destino se entiende, incluso si ello implica vender droga.

Es en este contexto de emergencia en el que enfrentan una situación extraordinaria y aparentemente injusta que ambos personajes empiezan a racionalizar de forma explícita su giro a la maldad. Su primera justificación echa mano de criterios de cantidad y temporalidad; deciden hacer sólo unas cuantas cosas malas, durante un periodo acotado. La estrategia suena razonable. Después de todo, decir una que otra mentira de repente y en un cierto contexto no hacen de una persona una mentirosa. Lo que nos permite etiquetar a alguien como tal es que miente una y otra vez sin parar y a lo largo de su vida.

El caso de Walter es muy claro. El límite temporal lo establece su cáncer y se trata de unos pocos meses que su doctor le dice que le quedan de vida. El límite cuantitativo tiene que ver con una meta muy precisa respecto al dinero que le quiere dejar a su familia: 737 000 dólares. La idea es “cocinar” y vender la metanfetamina necesaria para llegar a este monto antes de morir. Se trata tan sólo de unas cinco transacciones ilegales y no más; una pequeña gota en el océano del negocio de las drogas en Estados Unidos.

Los límites temporales y cuantitativos en el caso de Michael son menos claros, pero también están presentes. Un primer horizonte es asegurar que su padre se encuentre fuera del alcance de sus enemigos mientras se recupera y está dispuesto a hacer lo que tenga que hacer para lograr este objetivo que pareciera ser de corto plazo. Posteriormente, ya dentro del negocio familiar, ajusta el horizonte y el límite se vuelve hacer lo que tenga que hacer para transformar a Corleone & Co. de un negocio ilegal a una empresa legítima en el menor tiempo posible. Uno podría argumentar que es ingenuo pensar que es factible transitar de Scarface a Mr. Chips. Sin embargo, por lo menos los espectadores tenemos como referencia la leyenda de la familia Kennedy. Después de todo, lo que quería don Corleone para su hijo Michael era lo mismo que quería Joseph Kennedy, contrabandista de alcohol durante la prohibición según los chismes, para sus hijos Joe, Jack, Bobby y Ted.

Para Walter, al final de su breve paso por el lado oscuro está la muerte y uno supone que, en balance, piensa que 50 años como persona buena pesarán más que dos o tres meses de malo. Se trata de alguien que alguna vez mintió y no de un mentiroso, diría la inscripción en su lápida. Por lo que toca a Michael, parece pensar que un hombre bueno puede transitar brevemente por el mundo de los malos para luego regresar al equipo correcto. El querer ser bueno lo hace bueno incluso cuando se comporta como malo; pareciera que el camino de ida y vuelta al infierno está pavimentado de buenas intenciones. En su caso, la inscripción en su tumba diría que no fue un mentiroso, sino alguien que se vio obligado a mentir durante un tiempo para nunca jamás tener que volver a hacerlo.

Cabe señalar que en ambas historias el giro a la maldad es, en cierto sentido, consistente con la cultura dominante del mundo en el que viven, si bien no con su moral. Las historias de Michael Corleone y Walter White son ejemplos del sueño americano o por lo menos su lado oscuro. El hijo del migrante que consolida un gran imperio, el chico clasemediero que, por su talento y esfuerzo, logra amasar una enorme fortuna. Ambos son capitalistas emprendedores en un país que exalta y admira esta figura. Si bien ninguno de los dos apela de forma explícita a esta racionalización, ahí está entre líneas y sin duda facilita, como diría Tom Ripley, el no pensarse malos.

El problema que tanto Michael como Walter empiezan a enfrentar es que la acumulación de cosas malas de las que son responsables hace cada vez más difícil justificar su comportamiento bajo el argumento de sólo unas cuantas, durante un ratito. Además, sus delitos son cada vez más terribles y provocan mayor daño. Michael empieza ejecutando a un policía corrupto para salvar a su padre, pero termina matando a su hermano. Walter primero despacha a un narcotraficante en una situación que podría ser descrita como de defensa propia, pero pronto decide envenenar a un niño inocente de seis años. Ante esta realidad, ambos necesitan algo más robusto, moralmente hablando, que les facilite racionalizar sus actos conforme se van adentrando en el lado oscuro, algo que les permita ir en contra de la moral dominante de forma sistemática e indefinida sin que se sientan malos.

A lo que recurren Michael y Walter es a “la familia”. Sin duda se trata de algo moralmente potente que permite justificar mucho. ¿Qué no haría uno por proteger a los hijos, a la familia? Además, es algo que la propia moral dominante ve con buenos ojos como un posible pilar de una vida ética. Al optar por esta estrategia su campo de acción se amplía, ya que no es necesario pensar en las consecuencias puntuales de cada acto específico, para entonces racionalizar lo que hacen caso por caso. Al enfocarse en la motivación, lo que importa no es qué hace uno, sino por qué uno hace lo que hace. Y al hacer lo que hacen por el bien de la familia, piensan los dos, no puede ser algo malo.3

Walter decide iniciarse como “cocinero” de metanfetaminas con el único propósito de dejarle un guardadito a su esposa. No se trata de heredarle una gran fortuna. El monto que tiene en mente en un principio es el estrictamente necesario para que la madre de sus hijos pueda pagar la hipoteca, las colegiaturas, el seguro médico, etcétera. Es importante señalar que Walt ha sido un buen proveedor y padre de familia, aceptando incluso chambitas humillantes para salir adelante cada quincena. Lo único que hace en términos financieros al producir y vender metanfetaminas, uno podría argumentar, es traer a valor presente el dinero que, de no tener un cáncer terminal, hubiera generado honestamente a lo largo de su vida.

El caso de Michael no es tan obvio, ya que su padre se recupera, tiene hermanos capaces e involucrados en el negocio familiar, el cual genera grandes cantidades de dinero. No parecería que su familia necesita que él en particular dé un giro a la maldad para ayudarlos. No obstante, Michael sigue una lógica en la que el bienestar de su familia es un valor central. Su decisión inicial de ir al hospital tiene como único propósito proteger a su padre. Posteriormente, el matar a los autores intelectuales del atentado en contra de su papá es algo que hace sabiendo que mientras sigan vivos su padre no estará a salvo. Y de ahí en adelante la familia es algo a lo que una y otra vez recurre en diversas situaciones para justificarse. Si bien lo escuchamos decir en varias ocasiones que se trata de algo “estrictamente de negocios”, al ser su empresa una organización criminal basada en la familia, no es posible separar lo uno de lo otro.

Sin embargo, con el tiempo, esta estrategia también empieza a hacer agua. En un principio la justificación es algo real y funciona como racionalización, pero poco a poco “la familia” se vuelve algo abstracto que nada tiene que ver con los miembros de carne y hueso que la integran. Ello lo vemos claramente cuando a quien más tratan de convencer es a su propia esposa. Entre más son cuestionados por ellas, más insisten en que lo que hacen lo hacen por el bien de la familia. Como resultado, tanto Michael como Walter se van alejando de su familia y, peor aún, terminan destruyéndola. Walter no sólo hace trizas a su familia nuclear, sino también a la extendida. En cierto sentido, él es culpable de la muerte de su cuñado, Hank, un agente de la DEA que muere a manos de unos colegas suyos. Incluso su joven socio, Jesse Pinkman, quien se convierte en una especie de hijo adoptivo, termina odiándolo. En el caso de Michael la destrucción es total. Su esposa lo desprecia. Su hijo le teme. Su hermana lo detesta y lo agrede cada vez que puede. Y su hermano Fredo lo traiciona.

 

A fin de cuentas, lo que en el fondo provoca el complejo proceso que siguen Michael y Walter de racionalizar su giro a la maldad es la pérdida de su capacidad para distinguir entre el bien y el mal. No se trata ni de sus circunstancias ni de la cantidad o calidad de cosas malas que hacen ni de cuánto tiempo permanecen inmersos en el lado oscuro ni de su motivación al cruzar la rayita. Se vuelven malos cuando pierden la capacidad de distinguir entre el bien y el mal. Después de dar maroma tras maroma intelectual, llega un momento en que ya no hay angustia o dudas antes de actuar, ni sufren remordimiento alguno después de hacerlo. Y precisamente la constante racionalización de todo lo que hacen es lo que provoca la pérdida de brújula moral. Michael Corleone y Walter White son malos porque ya no saben lo que es ser buenos.

 

Javier Tello Díaz
Analista político.


1 Albert Hierschman en su libro Las pasiones y los intereses ofrece un genial análisis de las primeras tres y la canción “Gee, Officer Krupke” de West Side Story resume las otras dos de forma elocuente.

2 Una pregunta que toda persona que ve Breaking Bad se debe hacer es en qué momento deja de apoyar a Walter y empieza a condenarlo. En mi caso fue cuando decide dejar morir a Jane, la novia de Jessie, a finales de la segunda temporada, el episodio número 19 de un total de 62.

3 La familia, por cierto, también es la forma en que otro personaje que da un giro a la maldad, Marty Byrde en la serie Ozark, racionaliza lo que hace.

 

7 comentarios en “Michael Corleone y Walter White: breaking bad

  1. El tema es interesante. Recuerdo Bloody momo basada en la nota roja de los años de la gran depresión, y Bonny and Clyde. Conocí a dos familias que vivían al margen de la ley, una con nivel económico de clase media y otra de clase media baja. El medio familiar suele ser determinante, absorbente, por supuesto existe la libertad de decir no. Ahora vemos personas adineradas implicadas en abuso sexual por ejemplo o el caso de hombres de finanzas defraudando a todo mundo. Me viene a la mente la historia llevada al cine y a la literatura del tipo que engañó a su familia y a todas las personas de su entorno que ante el riesgo de ser descubierto asesinó a toda su familia, o bien A Sangre Fría. El entorno social siempre es muy influyente.

  2. El tema es interesante. Me vienen a la memoria Bloody mom, A sangre Fría, Bony and Clide y aquella del mostruo que asesino a su familia en Francia para que no lo desnmascararan, esta historia también fue novelada pero quedó lejos de la obra de Truman Capote. Tuve conocimiento de dos familias de delincuentes, una de clase media y la otra de clase media baja. El seno familiar marca a sus miembros, también el barrlo o medio social.

  3. No existe el hombre bueno o el hombre malo. En ambos casos es el medio y sus circunstancias lo que marcan el comportamiento del individuo.

  4. A mi me vino a la mente la administración de Andres Manuel, todo lo que ve malo lo justifica para salvar a México de una Gran Revuelta, por ello primero los pobres, los viejecitos y sin tener perspectiva, se esta convirtiendo en algo peor de lo que critica.

  5. Exelente analisis y maravilloso texto. Por otro lado, si con este texto se quiere entender la conducta de cierto presidente, pienso que no aplica en ninguno de los dos casos, tal vez al de Michael Corleone, pero solo por que ambos vienen de una ambiente de crimen y mafia (partidos politicos), y al igual que Michael empezo muy joven!!!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.