Raúl Páramo (n. 1935). Psicoanalista. Fundador del Círculo Psicoanalítico Mexicano y del Grupo de Estudios Sigmund Freud.

La ciencia psicoanalítica (ante todo hermenéutica, método de conocimiento dialéctico) se echa a andar- en el inicio del siglo-gracias al esfuerzo heroico de unos cuantos pioneros agrupados alrededor del medio judío Sigmund Freud obsesionado en el develamiento de las motivaciones humanas: la verdad interior. Una ciencia tan ligada a sus hombres sufre como ninguna otra las vicisitudes de éstos, es decir sus rupturas, sus amores y sus odios, sus batallas y en resumen, sus miserias. Aquellos pioneros ávidos de conocimientos, poseedores de una sólida formación preliminar, duchos en varias lenguas, pertenecen a una especie ya casi extinguida. Hoy en día cualquier espíritu gris y con alma de mercader tiene acceso al ejercicio del psicoanálisis. Es ya perentorio distinguir, entre ejercer el psicoanálisis y ser psicoanálisis, pues ya en el último tercio de este siglo se han separado, particularmente en un país como el nuestro. Si la existencia del psicoanálisis tuvo sus amenazas externas más agudas en la época del nazismo, tiene ahora su propio enemigo interior en el deterioro del saber analítico ligado a la indiscriminada incorporación de espíritus mediocres a la que de por si es ya estrictamente una profesión “imposible”.

Entre los logros verdaderamente sólidos de la segunda mitad de este siglo mencionemos los estudios, primero de R. Spitz y luego de M. Mahler sobre las primeras relaciones objetales; las aportaciones de A. Lorenzer sobre destrucción y reconstrucción del lenguaje; la mayor comprensión de la llamada esquizofrenia y su red familiar patógena (Lidz, Searles, etc.); y no en último término el redescubrimiento de la contratransferencia. El lacanismo parece ser, más bien una arma en la lucha por hacer de Paris la “ciudad luz” del psicoanálisis (Buenos Aires y México como sucursales) disputándole así al mundo de lengua alemana. La mal administrada herencia freudiana que un avance sustancial, un fácil deslumbramiento ante algunas lúcidas lucubraciones de Lacan dificulta la inaplazable necesidad de separar la teoría, de la locura más sofisticada (cf. M. Manoni y D. Anzieu desde el mismo territorio francés).

Como las líneas de investigación más promisorias de final de siglo, se encuentran en mi opinión, 1) las derivadas de la indagación de las primeras relaciones objetales sobre todo desde la perspectiva epistemológica según la cual, la relación con la madre, marca estímulos cognoscitivos/ discognoscitivos. Igualmente las estructuras comunicativas, dadas en esta relación, acuñan los afectos y las pulsiones; 2) Las derivadas de las observaciones de la “psicopatología del lactante” (J. Stork); 3) El estudio de cómo la organización social directamente “produce inconciencia” (M Erdheim); 4) La indagación de cómo las relaciones materiales de producciones determinan la socialización del individuo, es decir la realidad es siempre una realidad construida por la forma de organización social. Estoy hablando del etnopsicoanálisis: el develamiento de lo inconsciente cultural (P. Parin); 5) La pesquisa reiterada de la contratransferencia sobre todo desde la perspectiva de las “actitudes psicoanalítica”; 6) La fundamentación empírica del psicoanálisis, por ejemplo de la empatía y la intuición.

Las investigaciones sobre la pulsión de muerte siguen siendo valientes esfuerzos aislados (Caruso, Eissler). En este siglo XX parece que seguimos defendiéndonos con éxito de los incómodos descubrimientos del psicoanálisis. Además de las clásicas defensas a los más clásicos descubrimientos: sexualidad infantil, conflicto edípico y angustia de castración, señalaré aquí como el duro núcleo (hard core) epistemológico del psicoanálisis: el agudo cuestionamiento de nuestra misma capacidad cognoscitiva y de la sustancial precariedad de la capacidad de comunicación entre los seres humanos.

Sin embargo sigue siendo tarea del psicoanálisis colaborar en ganarle el terreno a lo inconsciente. En cualquiera de sus manifestaciones no alcanzo a ver indicios de que el fin de siglo será una mágica bendición.