UNO

A la gente que trabajamos en el campo de la salud global la pandemia de covid-19 no nos tomó por sorpresa. La pregunta que nos hacíamos no era si iba a surgir una nueva pandemia, sino cuándo. Desde finales del siglo XX sabemos que existen las condiciones para un aumento significativo en la frecuencia con que aparecen patógenos nuevos, causantes sobre todo de enfermedades respiratorias, y la velocidad con la que se difunden por el mundo. Desde 2005 Bill Gates, entre otras figuras con amplio reconocimiento internacional, advirtió que el mayor riesgo de una catástrofe global no era más una guerra nuclear, sino una pandemia: “No los misiles, sino los microbios”.

Ilustración: Patricio Betteo

DOS

El temor que teníamos, más bien, es que la siguiente pandemia pudiera producirla un virus particularmente contagioso y letal. Hasta ahora habíamos corrido con suerte. Los virus responsables de las últimas epidemias regionales y pandemias habían sido altamente letales y poco contagiosos o muy contagiosos y poco letales.

•  El coronavirus del SARS o síndrome respiratorio agudo grave, que surgió en 2002 en Cantón, China, tenía una letalidad de 10 % (uno de cada 10 infectados fallece), que es muy alta, y una tasa reproductiva de 1.8, lo que significa que cada caso de SARS contagiaba, en promedio, a 1.8 personas. Se trataba de un virus muy letal y moderadamente contagioso.

•  El virus H1N1, que surgió en México en 2009, tenía una tasa de letalidad de sólo 0.2 % y una tasa reproductiva de 1.2. Era un virus poco letal y moderadamente contagioso.

•  El virus que produjo el MERS o Síndrome Respiratorio de Oriente Medio, que surgió en 2012 en Arabia Saudita, tenía una letalidad de 34 %, que es extraordinariamente alta, pero una tasa reproductiva menor de 1.

•  El covid-19 se acerca al virus temido. Tiene una tasa de letalidad de 2.3 % y una tasa reproductiva de entre 2 y 2.5, que es muy alta, lo que le da un enorme potencial pandémico. Tiene además la característica de que lo puede transmitir un infectado asintomático. Esto significa que es altamente contagioso y medianamente letal. La llamada de atención ha sido mayúscula.

TRES

Los sistemas de alarma globales fallaron y la razón es obvia: los países del mundo, sobre todo los que cuentan con mayores recursos, no atendieron los múltiples llamados de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otras organizaciones multilaterales, académicas y filantrópicas a fortalecer el sistema de vigilancia y respuesta ante amenazas globales. Dieron por hecho que estas amenazas serían parecidas a la epidemia de SARS, la pandemia de H1N1 y los brotes de MERS, que pudieron controlarse con un esfuerzo moderado y con pérdidas relativamente menores, tanto de vidas como económicas. El director de la revista Lancet, Richard Horton, afirmó: “El coronavirus es el fracaso de la salud global más grande de nuestra generación. Se ignoraron las advertencias de médicos y científicos con las consecuencias fatales que ahora conocemos”. Con una minúscula fracción de lo que han perdido las economías de los países de mayores ingresos, se pudo haber financiado un sistema global de alarma y respuesta extraordinariamente robusto.

CUATRO

Como en otras crisis, ha habido llamados a reformar o incluso desaparecer la OMS. El gobierno de Estados Unidos, que es el principal financiador de este organismo multilateral, ha llegado al extremo de suspender sus contribuciones y retirarse de la OMS. Desaparecer la OMS no es una buena idea. Se trata, sin duda, de una organización perfectible, pero hoy es más necesaria que nunca. Una de las funciones más importantes que desempeña es el monitoreo de diversas enfermedades y brotes. Recibe informes regulares de sus 195 Estados miembro, y en casos de emergencia puede mandar personal para apoyar a los gobiernos nacionales a recolectar información de manera efectiva y oportuna, como sucedió con los brotes de ébola y ahora con el covid-19. La OMS es la única organización que cuenta con un sistema de recolección global de información epidemiológica y es la única que puede generar una respuesta coordinada a las amenazas de salud globales, en particular a las pandemias. Como señala Ian Bremmer, profesor de la Universidad de Columbia: “Si nos deshacemos de la OMS, antes de la siguiente crisis estaremos corriendo a construir otra organización muy parecida”.

CINCO

Esta pandemia también ha puesto en duda, como lo señaló Barak Obama, la idea de que nuestros líderes saben lo que están haciendo. En muchos países, desestimaron los llamados de la OMS a preparar una respuesta oportuna y sólida a la pandemia de covid-19. La respuesta fue particularmente tardía en aquellos países con gobiernos populistas, como Rusia, Turquía, Italia, Estados Unidos, Brasil y México. Cuatro de esos países (Rusia, Estados Unidos, Brasil y México) se encuentran todavía muy lejos del fin de sus respectivas epidemias y se ubican dentro de los diez países con más muertes por covid-19. Sus presidentes, así como el primer ministro del Reino Unido, trivializaron el peligro que representaba el covid-19 y no sólo desatendieron los consejos de los médicos y científicos, sino que incluso se opusieron públicamente a sus recomendaciones, echando mano en algunos casos de ideas y argumentos propios del pensamiento mágico. La conclusión es clara: el precio que estamos pagando por la desconfianza de los líderes populistas en la ciencia es enorme.

SEIS

Ha habido países que han respondido de manera pronta y efectiva a la pandemia, como Corea del Sur, Grecia, Noruega, Nueva Zelanda y Taiwán, entre otros. La historia de Nueva Zelanda es particularmente aleccionadora. Con sólo cuatro casos de covid-19 reportados, el 15 de marzo las autoridades nacionales neozelandesas tomaron la decisión de someter a cuarentena a todos los visitantes, en un país que vive en buena medida del turismo. Diez días después instituyeron un cierre nacional radical, que incluyó una moratoria de todos los viajes locales. La actividad económica y social se paralizó, y se implementó una agresiva campaña de detección de casos y contactos. “Vamos a luchar con medidas tempranas y radicales”, señaló Jacinda Ardern, su joven primera ministra. Todos los días, apoyada por un grupo de científicos y profesionales de la salud, enviaba mensajes claros, consistentes y concisos a todo el país. A finales de mes, las encuestas mostraban un nivel de apoyo nacional al gobierno de 87 %. El 26 de abril la pandemia ya se había controlado casi por completo y hoy Nueva Zelanda está reabriendo su economía. La principal lección que se desprende de estas experiencias es que una pandemia requiere de una movilización temprana, agresiva, coordinada e integral. La confianza en los líderes resulta, además, fundamental.

SIETE

La pandemia ha dado lugar a una acalorada discusión entre si debe privilegiarse la salud o la economía. Este es un falso dilema. Es muy importante salvar vidas y también lo es reactivar lo más pronto posible las economías, de eso depende el bienestar de las familias. La pregunta correcta no es si se deben reactivar las economías, sino cuándo y cómo. Hay consenso en el sentido de que para reabrir una economía es necesario que la pandemia esté bajo control a nivel local, lo que en principio significa que los casos, las hospitalizaciones y las muertes por covid-19 deben estar disminuyendo de manera clara. La actividad económica debe reanudarse tomando enormes precauciones —en el transporte, los sitios de trabajo, las escuelas y los espacios públicos— y reajustando las estrategias de apertura en función de la información epidemiológica disponible. Una estrategia de reapertura apresurada puede no sólo producir nuevos casos y decesos, sino también daños económicos mayúsculos. Por último, es importante proteger de manera especial a las poblaciones vulnerables —los adultos mayores y las personas con enfermedades crónicas subyacentes— y fortalecer la búsqueda activa de casos, la identificación y aislamiento de los contactos y el tratamiento de los enfermos.

OCHO

En casi todos los países del mundo la pandemia de covid-19 está afectando de manera desproporcionada a los grupos más vulnerables y con menores recursos. Esto se refleja tanto en los niveles de contagio como en las tasas de mortalidad. Los análisis preliminares de la Oficina de Estadísticas Nacionales del Reino Unido indican que la mortalidad por coronavirus es dos veces mayor en las áreas pobres que en las zonas donde viven los grupos de mayores ingresos. En el estado de Michigan, en Estados Unidos, los afroamericanos representan 15 % de la población total, pero concentran 35 % de los casos de covid-19. De acuerdo con estudios realizados por investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid, los barrios obreros de la capital española han sido los más afectados por la pandemia. Un estudio realizado en México indica que uno de los principales determinantes del contagio por covid-19 es el hacinamiento, que es mucho más prevalente en las poblaciones de menores recursos. Todo esto exige el diseño de intervenciones que incidan sobre los determinantes estructurales de los niveles de contagio y de políticas públicas que mejoren el acceso a servicios de salud de alta calidad. En futuras epidemias y pandemias deberán diseñarse además intervenciones para proteger de manera especial a los grupos sociales más vulnerables. Esto significa proporcionarles equipos de protección suficientes y efectivos a los trabajadores de los sectores llamados esenciales, que están más expuestos al contagio y en donde las poblaciones de menores recursos están sobrerrepresentadas; proteger de manera especial a los individuos con comorbilidades que viven en condiciones de hacinamiento, y diseñar campañas de comunicación e intervenciones de apoyo, como el reparto de despensas, dirigidas específicamente a las poblaciones de menores ingresos.

NUEVE

Dentro de los efectos positivos de la pandemia destaca el gran nivel de cooperación que se ha generado en la comunidad científica global. Es sorprendente la cantidad de información que se ha publicado en los últimos cuatro meses sobre las características clínicas del covid-19, sus complicaciones y sus posibles tratamientos, a la fecha paliativos. También hay una cooperación internacional sin precedentes para la producción de pruebas diagnósticas, medicamentos y vacunas. En el momento actual están en proceso de estudio más de 70 prospectos de vacuna contra el covid-19. Estos esfuerzos están generando plataformas tecnológicas para enfrentar futuras pandemias, que servirán para generar nuevas pruebas, nuevos medicamentos y nuevas vacunas en el momento que surjan nuevos microorganismos. Otra lección vinculada a esta reflexión es que la ciencia y la tecnología serán las que habrán de sacarnos adelante en ésta y futuras ocasiones. La subinversión en ciencia y tecnología, tan propia de los países en vías de desarrollo, constituye una receta para el fracaso en éste y muchos otros frentes.

DIEZ

Esta pandemia no fue un evento “natural”. Las pandemias son resultado de la actividad humana. Los virus saltan las barreras de las especies porque abundan los llamados “mercados húmedos” en donde a los animales salvajes se les mantiene en condiciones de vida insalubres y en estrecha proximidad con los seres humanos. Estamos utilizando además técnicas de producción masivas de pollos y cerdos que facilitan la transmisión de microorganismos entre especies. La influenza aviar y la influenza porcina están estrechamente relacionadas. Estamos asimismo destruyendo hábitats y liberando con ello microorganismos con los que no hemos estado en contacto y a los que somos extraordinariamente sensibles. Estamos siendo testigos de niveles de extinción de especies sin precedentes y escalando el nivel de calentamiento global. Si algo ha revelado la actual pandemia —quizás de manera aún más dramática que otros riesgos globales— es que no podemos seguir por este camino de desarrollo desmedido e incontrolado sin pagar un precio elevadísimo no sólo para el resto del planeta, sino también para nuestra propia especie. Hoy más que nunca el compromiso con el desarrollo sustentable se ha vuelto un imperativo literalmente vital.

 

Julio Frenk
Rector de la Universidad de Miami y exsecretario de Salud de México (2000-2006).

Octavio Gómez Dantés
Investigador del Instituto Nacional de Salud Pública de México.

 

10 comentarios en “Covid-19 y salud global: diez reflexiones

  1. Excelente texto, muy claro, con cifras estadísticas de soporte y con una conclusión precisa.

  2. Excelente artículo!! En diez “rápidas” reflexiones nos muestra un panorama de la historia, la actualidad y una mirada al futuro de ésta y otras pandemias. Expone las debilidades de algunos gobiernos (sí, incluido el nuestro), las consecuencias de nuestras acciones y loe errores que nos han llevado a donde estamos.
    Más allá de nuestras filias y fobias políticas, los argumentos son, en mi muy humilde opinión NO experta, sólidos, coherentes, lógicos y finamente presentados

  3. Excelente artículo pero creo que estas pandemias son creadas por el hombre por descuido o con un propósito mal intencionado

  4. Estupendo artículo. Cada tópico podría ser tema, a su vez, de otras publicaciones.

  5. Creo que es un muy buen análisis del Dr. Frek. En la reflexión 8 también se muestra que el alcance que tengan los enfermos a un servicio médico que cuente con todos los recursos para su manejo, como es la medicina privada en México, mejor será su evolución y recuperación, lo que significa que la población de mayores recursos económicos y con acceso a ese tipo de atención hospitalaria tendrá mejores tasas de sobrevida que la población que depende de la atención pública. Hay un reporte del Centro Médico ABC de la Ciudad de México que exhibe esos resultados.

  6. Ídeas claras, concretas, bien fundamentadas y concluyentes. DR. FRENK SE LE EXTRAÑA EN SU DESTACADA LABOR COMO SECRETARIO DE SALUD.

  7. Los diez puntos mencionados nos dan una clara estrategia de lo que debemos hacer en nuestros países. Es esencial prepararnos pues la densidad de población en el mundo crece y las desigualdades son cada vez más notorias. Es muy bueno dar ayudas económicas o de salud y alimentación, sin embargo una parte muy importante es la EDUCACIÓN. Gracias Dr. Frenk y Gómez por su mensaje, ojalá que el ser humano cambie y los gobiernos, políticos y población con mayores recursos apoye.

  8. Que fabuloso artículo, claro, ameno, científico, la falta hace esto. Dr. Frenk qué necesidad tan grande de usted tenemos en el país. Estamos de verdad en desgracia. Dr Gómez ojala y vengan tiempos con ustedes al frente de nuestra salud