La idea de que la música puede afectarnos negativamente no nos es ajena y va mucho más allá del simple desagrado que nos provocan estilos y géneros que no son de nuestra preferencia, en especial si no tenemos de otra que oírlos durante un viaje en familia en carretera, o por la melomanía insomne de los vecinos que no conocen o no respetan límites.
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