La historia, dice Regis Debray, avanza siempre enmascarada. Los nuevos acontecimientos invaden el escenario ocultos bajo las máscaras de la escena anterior y no podemos por lo mismo, identificar fácilmente su originalidad y su novedad. "La culpa, desde luego, no es de la historia sino de nuestra mirada cargada de recuerdos e imágenes aprendidas". Por un efecto semejante la insurgencia estudiantil de 1986-87 ha sido contemplada y juzgada -tanto por espectadores como por sus mismos actores- de acuerdo con los esquemas aprendidos en las experiencias estudiantiles anteriores. Un deseo y una nostalgia se revelan, a veces, en esta invasión del pasado sobre el presente. Sin embargo, el devenir de los acontecimientos confirma, más allá de toda ilusión, que estamos ante un fenómeno nuevo. Aquí intentaremos demostrar esta tesis y queremos contribuir con ello a liberar al presente del movimiento estudiantil de los lastres de su propio pasado.
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