Dícese que de la batalla de los Italianos junto al río Sagra se tuvo noticia en el mismo día en el Peloponeso, así como en Platea de la de Micale contra los Medos; y cuando los Romanos vencieron a los Tarquinos y a los del Lacio sus auxiliadores, de allí a muy poco llegaron dos mensajeros, varones de gran belleza y estatura, que trajeron el aviso, y se conjeturó que eran los Dióscuros. El primero que tropezó con ellos en la plaza, cuando junto a la fuente estaban dando de beber a sus caballos cubiertos de sudor, se quedó pasmado con el enuncio de esta victoria: ellos después se dice que le cogieron con la mano la barba sonriéndosele blandamente, y como al punto la barba de negra se le volviese roja, este suceso concilió crédito a la noticia, y a aquel hombre el apellido de Ainobarbo, que viene a ser el de la barba bronceada.

También ha ganado crédito a todas estas relaciones lo sucedido en nuestros días, porque cuando Antonio se rebeló contra Domiciano se esperaba enconada guerra de parte de la Germania; y siendo grande la turbación en Roma, de repente y por sí mismo difundió el pueblo la fama de una victoria, corriendo por toda Roma la voz de que el mismo Antonio había sido muerto, y de que derrotado su ejército, ni señal había quedado de él. Esta noticia adquirió tal certeza y seguridad, que muchos de los principales ofrecieron sacrificios. Inquiriose luego sobre el primero que lo refirió, y como no aparecía nadie, sino que el rumor, corriendo de unos en otros se desvaneció, viniendo a lo último a parar en nada arrojado en una muchedumbre confusa como en un piélago inmenso, sin que se le diese origen ninguno cierto, aquella fama se borró del todo en la ciudad. Mas cuando ya Domiciano había marchado con su ejército a la guerra, le encontró en el camino la noticia, y cartas en que se le daba cuenta de la victoria, y se halló que el día de la fama fue el mismo que el del suceso, habiendo de distancia de un punto a otro más de veinte mil estadios: cosa que los de nuestra edad no ignora nadie.

Fuente: Plutarco, Vidas paralelas. Timoleón – Paulo Emilio – Pelópidas – Marcelo. Traducción de A. Ranz Romanillos. Espasa-Calpe, Buenos Aires, 1952.