Los Universitarios. Periódico quincenal publicado por la Dirección General de Difusión Cultural. UNAM (números 133/134, 135/136 y 137/138).

Tres números dobles de Los Universitarios que muestran diversidad y sentido crítico. Un aire sencillo que se anuncia desde la portada, carácter sin ostentación y hasta gracioso que mueve a la lectura.

Al hojearlo, lo primero que encontramos son los artículos de Carlos Monsiváis, estratégicamente colocados. El número doble 133/134 contiene su texto “Escribir es poblar”, sobre los distintos cronistas mexicanos, con una clasificación: los que atienden a la demanda extranjerizante, a la nacionalidad o, en su defecto, a la personal. En el número siguiente, se transcriben fragmentos de su Antología de la Crónica. Esto en cuanto al nuevo periodismo. Pero dentro de la sección de Crónica, leemos también sobre las costumbres navideñas en la Magdalena Contreras: intriga en verdad saber cómo captó Fernando Guzmán los diálogos tan precisos de una posada en un sitio tan característico; no dudamos de la excelencia de su disfraz.

Un asunto poco frecuente en la mayoría de las revistas y periódicos, a menos que sean especializados, es el de los grupos étnicos. Los Universitarios transcribe en su sección de antropología “La carta del jefe indio Dan George de los capilanos del Canadá”, que Margarita Nolasco incrustó entre la información geográfica, histórica y social de los Papagos, habitantes del norte de México y sur de los Estados Unidos. Ojalá hubiera más artículos de éstos y menos “Para leer entre comerciales” o notas graciosas de Fernando Curiel.

Otro tema que destaca es el feminismo. En cada número encontramos por lo menos tres títulos que nos refieren historia, novedades y alternativas del movimiento feminista. Podríamos mencionar: “¿Complejo de Edipo o manipulación del poder?”, por Concepción Fernández Cazalis, Itziar Lozano, Dulce María Pascual y Beatriz Suárez del Solar, quienes no ven con buenos ojos al psicoanálisis pues lo encuentran institucionalizador de la desigualdad y la infelicidad; más aún, lo califican de inútil y hasta nocivo. Cabe preguntarse si el freudismo (que “sólo describe lo que el feminismo se propone erradicar”) no puede dar lugar a un tratamiento que ponga en crisis los condicionamientos creados por el sistema social y no provoque la resignación. “Las mujeres cubanas”, por Margarita Suzán, y “Las mujeres y el movimiento obrero” por María Patricia Fernández Kelly, son consecuentes para la proposición de la revista misma: un equilibrio entre el material literario e informativo (cabe recordar que la dirección de Los Universitarios está a cargo de Margarita García Flores).

Pero el feminismo es sólo parte de una política editorial. En Los Universitarios nos enteramos de la vida latinoamericana, otra de las secciones fuertes de la revista en la que se presentan fragmentos de las obras escogidas de José Carlos Mariátegui: “A Norteamérica capitalista, plutocrática, imperialista, sólo es posible oponer eficazmente una América, latina o ibera, socialista. Capitalismo o socialismo. Este es el problema de la época”. Pueden citarse también los artículos “Darcy Ribeiro y su conciencia Americana”, por Guillermo Bonfil, y “Estados Unidos y América Latina”, por Carlos Suárez.

Los Universitarios dedica un número doble (135/136) a la visita de Carter. Sobresalen artículos como el de Margarita Nolasco “No te dejas engañar, corazón”, que nos plantea problemas comunes a las dos naciones, el petróleo, los braceros y el narcotráfico. Leopoldo González y Natacha de León comentan por su parte los hidrocarburos y las armas nucleares.

Para los aficionados, y sobre todo para los profesionales del teatro, la revista informa de la inauguración de dos salas nuevas, integrantes, junto con la sala Nezahualcóyotl, de lo que será el Centro Cultural Universitario. Son los teatros Juan Ruiz de Alarcón y Sor Juana Inés de la Cruz, para obras tradicionales y experimentales respectivamente. Manteniendo la tónica, se dedica un homenaje al dramaturgo del siglo XVI que incluye un esbozo biográfico por Ermilo Abreu Gómez y comentarios de Margarita Peña y Margo Glantz sobre la obra de Juan Ruiz. Asimismo se publica vasta información sobre la actividad teatral del momento y comentarios sobre artes plásticas, cine, literatura y música (ópera y rock).

La calidad de Los Universitarios es, sin lugar a dudas, muy buena. Sin embargo adolece de algunos detalles: lo poco sugestivo de los títulos en sus artículos, el orden y secuencia de las secciones (cuya corrección no requiere mayor trabajo) y el reducido espacio en que se distribuye.