Quecosaedro. Todas las caras del humor. Revista catorcenal publicada por Editorial Sade, S.C. de R.L., Río Rhin 52, Col. Cuauhtémoc. Director: Pedro Alvarez del Villar. Nos. 1 al 7.

Hoy un grupo de periodistas (muy padres) da a luz, no sin esfuerzo, con colectiva vocación, una nueva revista, un hijo. 

“No ha sido fácil. No lo será. Tenemos mucho miedo. Y -esta es la sincera explicación- por eso nos morimos de risa”. Desde su primera entrega, el crío se dijo formado por “todas las caras del humor” y los participantes se dedicaron muy en serio al relajo del periodismo, la crítica social y la ironía política, el chiste socarrón y elaborado, las improvisaciones de costumbre y una continua catarsis que no por personal resulta poco interesante. La risa y el humor como vitalidad y lucidez expresan disidencia ante modelos que conforman la conducta enajenada.

En nuestro país, la lucha desde el humor contra el discurso dominante y su maquinaria productora ha tenido varias directrices. En la Colonia las “hojas volantes” de los grupos disidentes criticaban y se burlaban de los poderosos. Más cercano, Posada mantuvo una constante agudeza crítica en sus trabajos. En los últimos tiempos surgieron versiones al español o a la mexicana de los grandes nombres ajenos: Spirit, Mad. Y entre lo mejor y más auténtico, La Garrapata. Así las cosas, salvo honrosas excepciones, no había una tribuna desacralizada y poco tímida capaz de aventurarse al humorismo y a la continua interrogación que este provoca.

Más vale pájaro en mano que siento bonito 

Quecosaedro reúne a la mayoría de los militantes humorísticos de nuestro mundillo cultural: Rius, Helioflores, Dzib, Sergio Arau, Tomás Mojarro, Efrén, Humberto Matalí, Manolo Díaz, López Wario, Fito, Cuentagotas, etc. etc. Periodistas, moneros, proseros, groseros, escritores y demás que de una u otra manera conforman un bloque, una corriente crítica, vigilante y desmadrosa. Unas líneas del primer número dicen: “Parafraseando a Freud, el humor es la Cultura de la angustia”. Sus canales son fugas del conocimiento común y de un estado común de circunstancias: “En los países donde se reprime todo lo que tenga olor a inteligencia, el humor sigue siendo una alternativa válida para dar escape libre a la crítica y a la protesta”. Esta línea marcó Quecosaedro desde sus inicios y los colaboradores mantuvieron una continuidad notable hasta el momento de escribir este artículo, en su número siete.

Al que madruga Dios lo arruga 

La revista resultó un magnífico espacio para las peripecias creativas -y a veces fallidas- de sus colaboradores, y como tribuna para iniciados. En el número cuatro, Helioflores revive una serie llamada El hombre de negro, con dibujos precisos y fantásticos aunados a una cáustica visión. Sergio Arau mantiene la sección Histerietas y Efrén a su personaje Simón Rojas, ambos con ingenio y galanura. Tomás Mojarro va del buen chiste a la broma chafa en sus Rollos Tricolores. El Albur ¿es cultura? de Humberto Matalí, son entrevistas más bien fáciles y desprovistas de ingenio, a excepción de algunos entrevistados (Monsiváis -of course-, Chava Flores) todo lo demás una bomba: Sergio Romano y Matalí juntos, por ejemplo, ¡imagínese!

A partir del número uno bis (dos) Quecosaedro abrió puertas a nuevos cartonistas como García Tsao, y desde entonces la lista se hace grande. Digno de mención, el Ficcionario de Fito ofrece algunos neoloquismos: “Intelecuál“: palabra acuñada por Salvador Novo. Magnánimo: señorón de las finanzas que regala migajas o que hace un hospital y a los pobres para el hospital. Marchistaleninista: militante político que a falta de una sólida preparación todo lo quiere conseguir a base de mítines y marchas”. Oficios varios que también podría llamarse Oficio de Ovarios, demuestra que las mujeres no son inferiores al hombre como ellas lo creen, y que también poseen buen sentido del humor, si es que el humor puede tener un sentido y si es que un sentido puede ser bueno. Susana Buyo, encargada de esta columna, lanza sus rollos al viento con mitomanía desenfadada, punzante, aguda y divertida. Los Sinlogismos de Sofocleto remiten a las legendarias Greguerías de Gómez de la Serna: “La flor es la asamblea de los pétalos// tocar el violín consiste en serruchar la música// los jorobados tienen forma de oreja// nadie nos roba tanto tiempo como las mujeres honradas// el afinador es un dentista de pianos”. Las cartas locas de Marsillach son intranscendentes casi de tan locas. Cine Qua-Non fueron dos artículos, uno de Tin Tan y otro del Gordo y el Flaco, en los que Emilio García Riera (íeureka!) logró dos chistes. Y en las últimas páginas, generalmente la sección Titipuchal, emisora de noticias como esta: “Es absolutamente falso que el tema del libro ‘El laberinto de la soledad’ se refiera a la baja concurrencia de espectadores al Estadio Azteca”. En la contraportada y tercera de forros aparecen gráficas a veces divertidas, como la de “Soberón dos: Cuando creían que ya había pasado el peligro… y pensaban poder volver a los planteles… “¡Soberón dos!”, o bien los famosos “Pronósticos Depodridos”.

Preferimos vivir de pie que morir de rodillas

El número 7 de Quecosaedro aborda la “guerra de las bardas”, lucha por las curules políticas que conlleva este choque encarnizado cuya consigna parece decir: “A más bardas pintadas con frases fáciles, mayor justificación del centralismo”. Hay novedades: “A la guerra de las bardas aportan María Bardall su belleza y Pedro Ocampo Ramírez su talento. Tuvimos buen cuidado de que no fuera al revés”. El pitecantropus abyectus es una divertida parodia del corrosivo Dzib. En Manual para asaltar bancos Humberto Matalí demuestra que si tiene humor y que sus entrevistas no eran sino “la iniciación de lo terrible”. Conato Boyler continúa las Aventuras de Percy Rascoe, émulo de Sherlock Holmes, con humor semi-inglés y la tremendista lógica cartesiana de cualquier detective que se respete.

En siete números, Quecosaedro se mostró como una revista de enormes posibilidades. Esperamos que el trabajo de este grupo de periodistas no sea presa de los intereses oscuros, porque de ser así pueden vérselas muy negras.