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De haber dedicado un solo tomo de su enciclopédica Vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos a Leonardo da Vinci y a Miguel Ángel, Giorgio Vasari bien habría podido añadir y anatomistas sin discusión alguna de médicos del Cinquecento o de cualquier otro siglo.

Más discutibles son las diversas interpretaciones que de obras tan conocidas como los frescos de la Capilla Sixtina han hecho los galenos modernos desde hace algunas décadas y según el cristal de la especialidad médica con que las miran; quizás la más famosa es una que data de 1990 y que disecciona con ojos de neuroanatomista La creación de Adán para proponer que el manto que rodea a Dios y a sus querubines es la corteza de un gigantesco cerebro cuyo giro cingulado va desde la cadera del ángel frente al Creador, pasa por los hombros divinos y baja por su brazo izquierdo.1

Armados de la edición más reciente del Atlas de anatomía humana de Frank H. Netter, o de textos similares profusa y debidamente ilustrados, estudiantes de medicina y todo aquel que acepte el reto pueden emular al Maestro renacentista y adoptar una posición supina (durante un tiempo que seguramente será mucho menor que los cuatro años que tardó en pintar el techo más famoso de la historia del arte) mientras tratan de identificar qué partes angelicales o divinas corresponderían al puente troncoencefálico, la médula espinal y la glándula pituitaria. Para Frank Lynn Meshberger, autor de la hipótesis, lo que Miguel Ángel habría representado es el momento en que Dios imbuyó de inteligencia a Adán.

No muy convencidos de tan sesuda teoría y encabezados por Stefano Di Bella, en 2015 un equipo de médicos consideró que el “Dios-Cerebro” era incongruente con el título de la pintura, y aportó argumentos y descripciones detalladas en apoyo de una interpretación obstétrica propuesta años atrás por un grupo de tocólogos.2 El pliegue del manto divino que asemeja el tallo de una manzana, en la parte superior derecha de la pintura, sería la sección transversal de una trompa de Falopio. El color y la forma del manto serían los de un útero. Pero no de un útero cualquiera, sino de un útero posparto, dado que en condiciones fisiológicas normales la mucosa de un útero no tiene pliegues, que “son aparentes sólo después del alumbramiento debido a la retracción del músculo uterino”. El color rojo oscuro del manto “es típico del endometrio después del nacimiento”. El pliegue en la parte inferior del manto, debajo del Creador, sería el cuello uterino.

Ya fuera del útero, Adán yace sobre una roca, lo que sería un guiño de Miguel Ángel a la creencia pagana de la roca como progenitora (lo que no es un parto de los montes, pues dioses competidores del Todopoderoso judeocristiano en la antigüedad, como Mitra durante el imperio Romano, nacieron de una roca). El fondo azul detrás de la roca tiene, según los postulantes de esta interpretación, la silueta de una mujer, uno de cuyos pezones está justo sobre la cabeza del primero de los hombres. Vista así, la creación/nacimiento de Adán habría sido una colaboración conjunta —y algo herética para la doctrina católica—: Diosa/mujer.

Lejos de desdibujarse, la neuroanatomía divina de la Capilla Sixtina ha sido invocada también por dos neurocirujanos que en 2010 sugirieron que, en La separación de la luz de la oscuridad, Miguel Ángel dibujó una vista central del tallo cerebral en pleno cuello del Todopoderoso.3 De acuerdo con el dúo de neuroespecialistas, satisfecho con el resultado de su iconografía cefálica en La creación de Adán, Miguel Ángel habría querido asociar de nuevo a Dios con el cerebro humano. De tener razón, es poco probable que Miguel Ángel quisiera decirnos cosas como que Dios se atraganta con nuestra tan mentada inteligencia, y otros médicos consideran que en vez de ello el Maestro renacentista pintó al Creador a su imagen y semejanza: un Dios aquejado por el bocio que presuntamente sufría el pintor.

Ilustración: Oldemar González

Dos argumentos en contra de esta tirante hipótesis tiroidea: 1) salvo una mención en un soneto compuesto por el artista para su amigo Giovanni da Pistoia hacia 1509, no hay evidencia alguna, ni en su correspondencia personal ni en su biografía ni en sus retratos debidos a sus contemporáneos, de que Miguel Ángel exhibiese la sintomatología propia de hiper o hipotiroidismo; 2) ninguna de estas patologías está representada correctamente en el fresco, lo que, de haber querido, no habría significado mayor reto para el artista, puesto que conocía esta condición por ser el bocio endémico en regiones por él conocidas, como el valle del río Po en Lombardía.4

A pesar de que en el intercambio epistolar con su sobrino Leonardo hay referencias a que Miguel Ángel padecía de gota, en esa época este término era usado de manera poco rigurosa para referirse prácticamente a cualquier tipo de condición artrítica. Los que sí se encuentra en las cartas son continuas referencias a síntomas de la nefrolitiasis del artista y de su repetida expulsión de cálculos renales durante buena parte de su vida. El análisis de retratos de Miguel Ángel pintados por Jacopino del Conte, Daniele Ricciarelli y Pompeo Caccini, cuando el Maestro contaba con 60 y 69 años, permite concluir que su mano izquierda presenta signos de una enfermedad degenerativa no inflamatoria de las articulaciones: posiblemente osteoartritis, y no gota, probablemente acelerada por el uso continuo del martillo y el cincel.5

La oportunidad de asociar el forzado interés que las piedras en sus riñones seguramente despertaron en Miguel Ángel con su posible transferencia al ámbito artístico no podía ser ignorada por los nefrólogos y es uno de ellos quien consideró que La separación de las aguas y la tierra es una metáfora de la fisiología renal, en la que los sólidos son separados de los líquidos.6 Al parecer, el manto que lleva Dios en los frescos sixtinos es casi tan omnipotente como su poseedor y si en La creación de Adán podía tener la forma de un cerebro o un útero, ¿por qué no, en este caso, la de un riñón derecho desde cuya pelvis renal (la parte dilatada del uréter parecida a un embudo) emerge Dios?

Ya en los riñones, podemos transitar a las vías urinarias guiados por un grupo de urólogos que aseguran que la boca del enorme pez que está a un lado del profeta Jonás en la multicitada Capilla Sixtina es, a segunda vista, el corte transversal de la base de un pene, con sus dos cuerpos cavernosos, el septum o septo intercavernoso en medio de ellos y el cuerpo esponjoso arriba (por lo que sería un pene “de cabeza”).7

A pesar de que es imposible tener plena certeza de que estas interpretaciones médicas, más las que se acumulen en las próximas décadas, estaban en verdad en la mente de Miguel Ángel mientras yacía durante todo el día en un andamio con la cabeza inclinada hacia adelante y sus músculos contraídos (lo que, como a todo aquel que pasa largos periodos acostado, le provocó un síndrome de desacondicionamiento físico, que entre otras cosas resulta en una dificultad para ver bien debido a la reducción temporal del flujo sanguíneo en la circulación posterior del cerebro8), no hay duda de la posibilidad de ellas si se considera su profundo conocimiento sobre anatomía humana: a sus 18 años —edad en que las únicas disecciones que la mayoría de nosotros hemos visto son las de programas y películas con temas forenses—, Miguel Ángel ya tenía en sus manos un bisturí y practicaba con los cadáveres de la iglesia de Santo Spirito gracias a su amistad con el prior. Y luego de ser diagnosticado y tratado por su nefrolitiasis por el anatomista Realdo Colombo, en 1549, su amistad con este médico lo motivó a incluir entre sus intenciones el publicar un libro de anatomía para artistas e ilustrar un texto escrito por Colombo.

Escribe Vasari: “… al ver que podía hacer todo, por difícil que fuera, habiendo tenido de nacimiento el ingenio muy capaz y aplicado a estas excelentes virtudes del diseño; donde para ser completamente perfecto infinitas veces hizo estudios anatómicos para ver el funcionamiento y las ligaduras de los huesos, músculos, nervios, venas, y los diversos movimientos, y todas las posturas del cuerpo humano”.9

Como toda gran obra, el techo de la Capilla Sixtina contiene infinitas capas de interpretaciones posibles de diseccionar con los bisturíes de la ciencia y el arte.

 

Luis Javier Plata Rosas
Doctor en oceanografía por la Universidad de Guadalajara. Sus más recientes libros son: La ciencia y los monstruos. Todo lo que la ciencia tiene para decir sobre zombis, vampiros, brujas y otros seres horripilantes y El océano tiene onda. Una obra de ciencia ficción.


1 Meshberger, F. L. (1990). “An Interpretation of Michelangelo’s Creation of Adam based on Neuroanatomy”, JAMA, 264(14), p. 1837-1841.

2 Di Bella, S.; Taglietti, F.; Iacobuzio, A.; Johnson, E.; Baiocchini; A., y Petrosillo, N. (2015). “The ‘Delivery’ of Adam: A medical interpretation of Michelangelo”, Mayo Clin. Proc., 90(4), p. 505-508.

3 Suk, I. y Tamargo, R. J., (2010). “Concealed Neuroanatomy in Michelangelo’s Separation of Light from Darkness in the Sistine Chapel”, Neurosurgery, 66, p. 851-861.

4 Lazzeri, D.; Lippi, D.; Castello, M. F., y Weisz, G. M. (2016). “The Mystery of Michelangelo Buonarroti’s Goiter”, Rambam Maimonides Med. J., 7(1), e0010.

5 Lazzeri, D.; Castello, F.; Matucci-Cerinic, M. Lippi, D., y Weisz, G. M. (2016) “Osteoarthritis in the Hands of Michelangelo Buonarroti”, JRSM, 109(5), p. 180-183.

6 Eknoyan, G. (2000). “Michelangelo: Art, Anatomy, and the Kidney”, Kidney International, 57, p. 1190-1201.

7 Reis, L. O.; Zani, E. L., Alonso; J. C., Simoes, F. A.; Finamore-Rejowski, R., y Barreto, G. (2012). “The Interpretation of the Figure of the Prophet Jonah by Michelangelo on the Ceiling of the Sistine Chapel: Anatomical Urological Vision”, International Brazilian Journal of Urology, 38(3), p. 317-323.

8 Bianucci, R.; Lippi, D.; Perciaccante, A.; Charlier, P., y Appenzeller, O. (2018). “Michelangelo Buonarroti (1475-1564) Had the Deconditioning Syndrome while Painting the Sistine Chapel Ceiling”, Medical Hypothesis, 113, 13-14.

9 Traducción mía del volumen XIV de la edición tipográfica de la obra de Vasari publicada en Milán en 1811.


Mesa de noche. Respuesta a la trivia

Los versos que el reportero dice en Nace una estrella para dar cuenta de la muerte del personaje de James Mason son de T. S. Eliot en su poema Los hombres huecos: “Así es como acaba el mundo/ No con una explosión sino con un gemido”.