El día que volamos a Managua, The New York Times informó a sus lectores que el gobierno de Reagan había asignado a la CIA la responsabilidad directa de las "operaciones militares rebeldes contra el gobierno de Nicaragua" y que la ayuda de cien millones de dólares, aprobada por el Congreso, permitiría poner sobre las armas a 10 mil contras más, que eran en ese momento 20 mil, según el diario. La decisión había desatado una pequeña polémica técnica entre fuentes del Departamento de Estado y la Defensa sobre si un ejército de esa magnitud podía ser considerado una "fuerza paramilitar" asimilable a la CIA o debía ser considerado un ejército regular, que debían manejar directamente las autoridades militares norteamericanas.
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