El atributo de clásicos que la crítica, los lectores y las instituciones editoriales y literarias confieren a ciertas obras asegura su carácter perdurable. El consenso del tiempo es, a fin de cuentas, el valor agregado por excelencia para cualquier escrito del rubro patrimonial de clásico. Todo tipo de material de autor se vuelve atesorable si nutre la historia, ya propia y autónoma, de cada obra. Esto acaba de comprobarse una vez más a finales de 2019, cuando aparecieron algunos cuentos inéditos que Marcel Proust había guardado celosamente en sus archivos sin contárselo a nadie y sin dejar ningún otro registro de su existencia. Veamos.

En 1949, el biógrafo de Proust André Maurois publica En busca de Marcel Proust. Sus pesquisas lo llevan a conocer a Bernard de Fallois, un joven estudiante de letras, que está haciendo una tesis sobre Proust. Maurois y De Fallois comparten la sospecha de que Proust no pudo haber saltado directamente de esa obra de juventud —Los placeres y los días (1896)— a una de las cumbres de la literatura universal, En busca del tiempo perdido (1913-1927). En aquel entonces, la vulgata dividía la vida de Proust en dos periodos incompatibles: una juventud dominada por el ocio y lo mundano; una madurez hacendosa. Además de La Biblia de Amiens (1904) y de Sésamo y lirios (1906), traducciones de John Ruskin, no había hasta aquel momento indicios congruentes del Proust antes de Proust. Proust antes de Proust es precisamente el título de una parte de la tesis de De Fallois, de publicación póstuma en 2019. El estudioso ya había exhumado y reordenado, con la intermediación de Maurois y de la familia Proust, las hojas dispersas de la novela Jean Santeuil (1952) y el ensayo-novela Contra Sainte-Beuve (1954), ambas anteriores a En busca… Con Proust antes de Proust De Fallois confirma que el francés nunca dejó de escribir para esbozar su ambiciosa obra cúspide y que la psicología homosexual, con su carga de sufrimiento y estigma de época, era uno de los temas que lo asediaban sin cesar.

Escritos durante la etapa de Los placeres y los días, 1891-1895, los tres cuentos inéditos que aquí recobramos pudieron integrar ese conjunto, pero quedaron fuera por el escándalo que pesaría sobre ellos, considerando las revelaciones implícitas que contienen sobre la sexualidad de su autor. Representan hoy un interesante laboratorio novelesco que ahora completa el rostro del primer Proust.

 

Nota y traducción de Álvaro Ruiz Rodilla


Pauline de S.


El misterioso corresponsal


Recuerdo de un capitán


Ilustración: Ricardo Figueroa