En el mundo hispánico la filosofía de la Ilustración y de la Independencia parecen haberse combinado con ciertas ideas o instituciones tradicionales, infundiéndoles nueva vida para crear a veces situaciones originales propias de América Latina. Es así como la doctrina de la soberanía popular de Rousseau, que profesaban próceres de la Independencia, parece despertar o vivificar ciertas ideas de Suárez y de la escuela del derecho natural enseñadas y arraigadas en las mentes americanas desde el siglo XVI: Vox populi, Vox Dei, la voz del pueblo es la voz de Dios, como lo habían enseñado todavía a muchos hombres partícipes de la Independencia a través de América. Si el rey está incapacitado o no cumple con su deber, el pueblo puede destituirle. En 1881 un periódico liberal brasileño, el Libertador, de Fortaleza, podía escribir por ejemplo en su editorial: "Las grandes ideas vinieron siempre del pueblo. Es él quien tiene la primera y la última palabra en todo. El empieza la revolución y la termina. Es el pueblo quien derriba el trono y levanta el cadalso. Su autoridad pesa tanto que la historia creó el proverbio: Voz de povo, voz de Deus". En forma indirecta y probablemente inconsciente, el periodista reflejaba la enseñanza del antiguo maestro de Coimbre y Salamanca.
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