La conferencia de prensa matutina del 7 de noviembre fue muy reveladora, pues mostró cómo el presidente Andrés Manuel López Obrador entiende a la ciencia y la tecnología de nuestro país. Ante la pregunta de una reportera sobre los problemas derivados de la desaparición del Seguro Popular, el primer mandatario señaló que en ese sector había mucha corrupción, se entregaban los fondos –dijo– pero se usaba el dinero para otras cosas, no para los programas de salud. Y fue en este punto donde modificó el blanco al que iba dirigida su respuesta para afirmar:

Es lo que pasa en el Conacyt (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología), todo el presupuesto se lo llevaban para el sector privado, no se destinaba presupuesto para investigación a universidades públicas, todo era subsidio para el sector privado. No se hacía investigación, incluso se bajó nivel. En los últimos años, en vez de avanzar en materia de ciencia y de tecnología, retrocedimos por la corrupción…1

 

En lo anterior puede identificarse una construcción mental en la que en el origen se coloca a la corrupción (que como sabemos es la fuente de todos los males en la visión presidencial), la cual se expresa a través del desvío de recursos al sector privado. Esta concepción no admite la heterogeneidad de las distintas áreas del quehacer nacional, trátese de la salud (como acabamos de atestiguarlo para el Seguro Popular), el sector energético, la hacienda pública, etcétera. La consecuencia del desvío de fondos en el caso que nos ocupa, a juicio del primer mandatario, sería la parálisis de la investigación y el retroceso científico del país.

Resulta interesante indagar qué tanto corresponden los elementos presentes en este esquema con lo que realmente ocurre en la ciencia, la tecnología y la innovación (CTI) de México.

Ilustración: Víctor Solís

Las transferencias al sector privado

Los datos en los que se basan las afirmaciones del presidente provienen casi por entero de la titular del Conacyt, María Elena Álvarez-Buylla Roces, quien pocos días después de asumir su cargo, lanzó la acusación sobre una transferencia de fondos a las empresas privadas, algunas de ellas transnacionales, del orden de 50 mil millones de pesos, con un rango de incertidumbre, por cierto muy amplio, de más menos 15 mil millones.2 Con el paso del tiempo, y sin ofrecer explicaciones, la cifra quedó finalmente en 35 mil millones.

La consideración de lo anterior como algo indebido fue confirmada oficialmente por el vocero de la presidencia, Jesús Ramírez Cuevas, quien afirmó que los fondos desviados en este sector eran mayores a los de la “estafa maestra”,3 lo cual le daba un toque definitivamente delictivo, y en adelante se colocó en el discurso oficial como parte del flagelo de la corrupción heredado del neoliberalismo. Así, quedaba bien colocada la primera pieza de lo que formaría parte del esquema mental del presidente: antes de su llegada, la corrupción estaba instalada en todas partes… incluso en la ciencia.

Desde luego, una acusación tan grave que involucra cuantiosos recursos tendría que demostrarse de algún modo. La gran pregunta era (y sigue siendo) ¿a dónde fueron a parar cada uno de esos 35 mil millones de pesos? Lejos de entrar en esas demostraciones engorrosas, se optó por una estrategia mediática consistente en filtrar algunos datos a conveniencia. Por ejemplo, proyectos que recibieron apoyo en el área de la innovación para mejorar procesos de producción de frituras, con gran impacto en los medios, pues nadie está a favor de los alimentos chatarra; y otros como los empleados por John Ackerman (uno de los protectores de Álvarez-Buylla en la corte gubernamental y en los medios), quien por ingenuidad o falta de conocimiento ha criticado el apoyo a proyectos para crear nuevos tipos de pintura en la industria automotriz, sin darse cuenta que una innovación de ese tipo –que a él le parece banal– puede traducirse en un aumento del valor agregado, que es a fin de cuentas el objetivo de toda innovación.  Pero aparte de esos ejemplos “taquilleros”, hasta hoy no contamos con un mapa completo del destino final de esos miles de millones.

No obstante, en sus intervenciones públicas recientes, la directora del Conacyt ha dividido en dos grandes categorías las mencionadas transferencias al sector privado, que podrían darnos pistas sobre el supuesto “manejo indebido” de recursos (35, 175 millones de pesos entre 2013-2018). Se trata de las transferencias directas que representan casi el 90 por ciento del total (31 mil 555 millones), y las indirectas, en las cuales 3,102 millones habrían pasado a manos privadas a través de los Centros Públicos de Investigación del propio Conacyt, y 518 millones de pesos por medio del Instituto Mexicano del Petróleo, aunque en los dos últimos casos no sabemos qué, ni cómo, ni a dónde.

Desde luego llaman la atención todas estas transferencias, pero en especial las directas por ser las  más voluminosas. Pero lo curioso es que en esta categoría la directora ha colocado nada menos que al Programa de Estímulos a la Innovación (PEI), al cual se destinaron, de acuerdo a sus cifras, 17,819 millones de pesos (56.5 por ciento del total de las transferencias directas). Es importante detenerse en este punto pues este programa formó parte de una estrategia pública dirigida, no a regalarle dinero a los empresarios, sino al fomento de la innovación en el sector productivo. Se orientó principalmente a las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyMEs), pues el 78 por ciento de los fondos iban dirigidos a ellas. Cabe recordar que son las principales generadoras de empleos en el país.

Los proyectos que solicitaban recursos del PEI eran evaluados y en este proceso participaban cerca de 2,000 especialistas. Desde su surgimiento, el programa se sometió además a cerca de 20 evaluaciones externas, las cuales pueden corroborarse en la página del Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (Coneval).4 Además, entre 2014 y 2018 se realizaron 19 auditorias por parte de la Auditoría Superior de la Federación (ASF). Los proyectos contaban con reglas que daban preferencia a la participación de instituciones públicas con el fin de  fomentar la vinculación academia-empresa, y las aportaciones al PEI no eran de un sólo lado, pues por cada peso que daba el Conacyt, las empresas aportaban otro. Como puede verse, no se trata de una transferencia viciosa de recursos al sector privado, sino de una estrategia en la política de ciencia para fomentar la innovación, con la cual se puede estar o no de acuerdo, pero no es un sinónimo de corrupción. Además si hubiera algo ilícito, como sugirió Ramírez Cuevas, deberían fincarse responsabilidades (hay que recordar que en el caso de la “estafa maestra”, Rosario Robles ya está en la cárcel).

Hago aquí un paréntesis sobre los proyectos en los que participaron empresas grandes y transnacionales, las cuales, aunque en proporción minoritaria dentro el PEI, formaron parte en su momento del escándalo mediático alentado por el Conacyt; habría que decir que la directora de este organismo, haría bien en corregir su discurso de repudio a estas empresas, pues en este año, ya durante la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador, se han transferido recursos públicos a compañías transnacionales por la vía de los estímulos fiscales, entre ellas algunas filiales de Coca-cola y farmacéuticas como Silanes y Bayer (propietaria de Monsanto), entre otras, las cuales hasta ahora han sido beneficiadas con cerca de 400 millones de pesos, en cuya asignación participa destacadamente  el Conacyt que dirige Álvarez-Buylla.5

Del resto de las transferencias directas (nada menos que 13, 736 millones de pesos) sabemos muy poco o nada. Todo lo anterior muestra que se trata de datos sesgados, incompletos, algunos no bien documentados y en resumen, muy endebles. Pero son la aportación de la directora del Conacyt para alimentar el esquema mental del presidente.

Antes de mí la nada

En el esquema presidencial, el binomio corrupción-transferencias al sector privado, tuvo como consecuencia la afectación y parálisis de la investigación científica. Lo anterior porque no se daban recursos a las universidades públicas, aseguró en la conferencia de prensa citada. Sólo cabe aclarar que en este punto, el primer mandatario está muy mal informado, pues entre 2013 y 2019, se destinaron los mayores apoyos en la historia  para la investigación en el sector de la educación pública, como lo muestran los datos del Presupuesto de Egresos de la Federación en esos años, publicados en el Diario Oficial. Estos recursos tuvieron un importante incremento, al pasar de 23,496 millones de pesos en 2013 a 36,123 millones en 2019 (pesos de 2019), con lo que pasaron del  25.3 por ciento del total del gasto del gobierno en CTI, al 39.5 por ciento en ese periodo.

Pero veamos que pasó específicamente en el Conacyt con los apoyos a la investigación. La directora de ese organismo afirma que mientras se hicieron las transferencias citadas al sector privado a través del PEI, a la ciencia básica sólo se asignaron cerca de 3,000 millones. Aquí se contabilizan a conveniencia sólo los recursos provenientes del Fondo Sectorial SEP-Conacyt (hay en total 27 fondos sectoriales con diferentes organismos y dependencias, como las Secretarías de Marina, Energía, Agricultura, etcétera). También existían (ya fueron eliminados) los fondos mixtos con los gobiernos de los estados de la República, así como el programa de infraestructura, de los que también se derivaban recursos tanto a la investigación básica como aplicada. Es preciso decir que si bien es cierto que en estas áreas se pudo hacer mucho más, también es necesario proporcionar al presidente y a la sociedad las cifras sin omisiones.

Luego que el presidente declaró que en el periodo previo a su gobierno no se hacía investigación en México y que se bajó de nivel en lugar de avanzar, vino la reacción de los científicos. La Red ProCiencia  que agrupa a investigadores tanto de las ciencias naturales y exactas como de las ciencias sociales y las humanidades de muy diversas instituciones en el país, desmintió categóricamente lo dicho por el presidente a través de su cuenta de Twitter.6 Citando datos del Scimago Journal & Country Rank, mostró el aumento continuo en el número de artículos publicados en México, superior a los producidos  en Argentina, Chile y Colombia (quedando sólo por debajo de Brasil). De acuerdo con estos indicadores, México es el segundo país de la región con la mayor evolución de producción científica. También ilustraron el aumento en la participación de los científicos mexicanos en proyectos internacionales, que tuvo un importante incremento entre 2010 y 2017. Lo anterior basta para demostrar que la investigación científica en nuestro país ha estado en ascenso y que no hubo tal parálisis.

Datos falsos para el presidente

La noción del jefe del Ejecutivo de que antes de su administración en lugar de avanzarse en ciencia y tecnología se retrocedió, parte nuevamente de la información proveniente del Conacyt. Desde su comparecencia ante las comisiones del Senado de la República realizada el 28 de mayo,7 luego durante su participación en la conferencia de prensa matutina del presidente López Obrador del 27 de junio,8 y en presentaciones posteriores, la directora general de ese Consejo ha afirmado que la justificación del gobierno anterior para canalizar a las empresas recursos públicos, fue una política orientada a fomentar la innovación que fracasó.

Para dar sustento a lo anterior, ha recurrido al Índice Global de Innovación (IGI), que desde hace varios años elaboran la Universidad Cornell, la Escuela de Negocios Insead y la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual,9, 10 (aunque ella sólo cita a la última). El resultado es una clasificación mundial de las economías de acuerdo con las condiciones en las que realizan la innovación. En este Ranking mundial considerando el periodo de 2012 a 2017, México subió del lugar 63 al 56 (la posición número 1 la obtuvo Suiza en 2017). Sin embargo para la directora del Conacyt, lejos de tratarse de un resultado exitoso, es evidencia del fracaso de la política de fomento a la innovación. Su postura la resumió así en su cuenta de Twitter: Entre 2013 y 2018,11 “los indicadores de innovación muestran que, mientras el gasto subió del lugar 63 al 56; en términos de eficiencia, ésta bajó del lugar 56 al 72”.12 (ver también referencia 8)

La lectura que hace de este estudio Álvarez-Buylla es completamente errónea, pues como resulta claro, confunde el aumento en siete puntos de la ubicación de México en el ranking global, con el aumento del gasto en CTI de nuestro país, lo que es completamente falso. La posición final en el ranking no es equivalente al gasto, pueses el resultado de dos conjuntos de elementos. Estos incluyen, por una parte, las entradas o insumos para la innovación y, por otra parte, las salidas o productos de la innovación. Cada uno de estos apartados generales, incluyen una diversidad de temas, por lo que la posición final en el ranking es resultado del análisis de aproximadamente 80 indicadores. Otra vez, y perdón por insistir pero lo considero necesario, la posición en el ranking ¡no es equivalente al gasto! Esto es muy importante, pues es un dato falso que se le hace llegar al presidente y a todos los mexicanos.

Por el lado de la eficiencia (que efectivamente cayó 16 puntos para México), la funcionaria adopta aparentemente una definición coloquial o la emplea como juicio de valor (como cuando se califica a una persona o a una institución como eficiente o ineficiente), pero ese no es el sentido o significado de eficiencia en el IGI, pues aquí significa, como lo explican Jiancheng Guang y Kaihua Chen,13 la cantidad máxima de innovaciones que pueden ser producidas con una entrada determinada. Pero esa entrada, no está determinada solamente por el gasto en CTI, ni por una sola institución –como en nuestro país vendría a ser el Conacyt– sino por el medio ambiente para la innovación que hay en cada nación, como la situación política, el papel de las leyes, los resultados en las pruebas PISA, el acceso a tecnologías de información y comunicación, los créditos al sector privado o la intensidad en la competencia interna, entre muchos otros.

La comparación de la eficiencia entre naciones hace que este indicador algo muy volátil pues la razón aritmética entre las entradas y las salidas en este proceso varían año con año, por lo que basta que un país mejore en algunos de los indicadores para que crezca su eficiencia respecto a otros que también mejoran, aunque menos, o permanecen igual. También depende del número de naciones que se comparan en cada edición, de sus ingresos y la región a la que pertenecen. Al respecto, además de la comparación general, el IGI, establece otras categorías comparativas: entre naciones de ingresos altos, medios (a la que pertenece México) y bajos; y también por regiones, la que nos corresponde es, por supuesto, la de América Latina y el Caribe.

En términos de la eficiencia en ese periodo, a escala mundial, es cierto que México perdió posiciones. No obstante, al compararnos con todas las naciones de ingresos medios, nuestro país subió del lugar 20 al 12, y con respecto a los países de América Latina, pasamos del sitio 7 al 3. Dicho en otras palabras, respecto a la eficiencia bajamos en la comparación mundial, pero crecimos respecto a nuestros pares.

Adicionalmente creo que la directora del Conacyt, no ha tenido tiempo de consultar el último reporte del IGI correspondiente a 2019 que fue publicado hace ya varios meses (el cual contiene los datos de 2018, el último año del sexenio pasado), lo digo porque sus últimas presentaciones no están actualizadas y sigue repitiendo las mismas falsedades (que creció el gasto y bajó la eficiencia como resultado de la corrupción). Si lo analiza, notará que ya no se otorga la misma importancia a la eficiencia, la cual incluso ha desaparecido de los cuadros del ranking; y no es casual que sea así, pues este parámetro ha dado lugar a resultados muy extraños, ya que la razón entre salidas y entradas para México en 2018 es la misma que tiene Singapur (0.61), que es una de las economías más exitosas en el campo de la innovación a nivel mundial, mientras nosotros apenas vamos despegando en ese terreno.

Se puede concluir a partir de los elementos anteriores que la representación mental del presidente, parte de sus propias convicciones sobre el papel nocivo de la corrupción, y la idea de que los fondos públicos se han desviado para dirigirse a sectores diferentes a los que originalmente deberían beneficiar. En el caso específico de la ciencia, los datos proporcionados por la titular del Conacyt al Jefe del Ejecutivo, buscan acoplarse con el esquema presidencial, pero muestran fallas importantes pues son incompletos, no están bien demostrados y algunos de ellos son falsos. 

 

Javier Flores
Periodista científico.


1 Presidencia de la República, Versión estenográfica de la conferencia de prensa matutina del presidente Andrés Manuel López Obrador, noviembre 7, 2019.

2 Sánchez-Jiménez, A., “Desviaron 50 mil millones de pesos de recursos para ciencia a empresas”, La Jornada, enero 17, 2019.

3 Forbes-Staff, “Revelan desvío de fondos en Conacyt incluso mayor a la ‘estafa maestra’”, Forbes México, febrero 14, 2019. Por cierto esta nota se emplea como bot en redes sociales cada vez que se hacen críticas al Conacyt.

4 Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social.

5 Comité Interinstitucional para la Aplicación del Estímulo Fiscal a la Investigación y Desarrollo de Tecnología (2019). Informe sobre los proyectos de inversión autorizados que ingresaron solicitud al Sistema en línea durante el periodo del 1 de abril al 15 de junio de 2019, el monto autorizado del estímulo fiscal previsto en el artículo 202 de la Ley del Impuesto sobre la Renta y los contribuyentes beneficiados.

6 Pro Ciencia México (@ProCienciaMX). “Afirma el presidente @lopezobrador_ que ‘todo el presupuesto de @Conacyt_MX se lo llevaba el sector privado, no había presupuesto para la investigación’ y que ‘no se hacía investigación y se bajó de nivel, en vez de avanzar en CyT, retrocedimos’. Nosotros tenemos otros datos…” 7 octubre 2019, 11:58 a.m., [tuit].  (Consulta: 8 noviembre 2019)

7 Congreso de la Unión [Canal del Congreso] “Comparece ante Comisión del Senado, Directora General del Conacyt”, mayo 28, 2019.

8 Andrés Manuel López Obrador (2019, 27 de junio). Estrategia de Ciencia y Tecnología del Conacyt, junio 27, 2019.

9 Cornell University, INSEAD, and WIPO (2013): The Global Innovation Index 2013: The Local Dynamics of Innovation, Geneva, Ithaca, and Fontainebleau.

10 Cornell University, INSEAD, and WIPO (2018): The Global Innovation Index 2018: Energizing the World with Innovation. Ithaca, Fontainebleau, and Geneva.

11 El periodo es incorrecto pues los índices globales de los que tomó los datos en realidad corresponden al periodo 2012-2017, pues cada volumen del  Global Innovation Index, reúne los datos del años previo.

12 María Elena Álvarez-Buylla Roces (@ElenaBuylla). “Del total de recursos que se asignaron a Conacyt (2013-2018), casi el 50% de los fondos fueron transferidos al sector privado. Los indicadores de innovación muestran que, mientras el gasto subió del lugar 63 al 56; en términos de eficiencia, ésta bajó del lugar 56 al 72.” 27 junio 2019, 9:45 a.m. [tuit]. (Consulta 8 noviembre 2019)

13 Guan, J., y Chen, K. (2012). Modeling the relative efficiency of national innovation systems. Research Policy 41: 102–115.

 

Un comentario en “La ciencia en el esquema mental del presidente

  1. 35 mil millones o 17 mil millones o lo que sea es muchísimo dinero que los Científicos no entendemos a dónde va a parar!. Cuántos proyectos de Ciencia Básica se han financiado por año en los últimos diez años? 500 por año en promedio? de a 1.5 millones por proyecto en promedio? 750 millones para ciencia básica por año? pongamos que son 1000 millones. Mil millones para proyectos de Ciencia básica, a lo mas, por año?. Algo esta mal en todo esto.
    Cuál es la dificultad de entender que a mas Ciencia básica y Becas, habrá mayor conocimiento nuevo. Promover, alentar y procurar la generación de conocimiento nuevo no es la función última y primordial del CONACyT? Cual es el insondable secreto para hacer eficientes los recursos de la Nación en provecho del avance Científico?

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