Ofrecemos un recorrido por más de cuatro décadas de uno de los productos culturales más interesante de los Estados Unidos: el documental chicano en todas sus variantes.

La comunidad chicana (de origen mexicano) en Estados Unidos se compone de 36.6 millones de personas de acuerdo a la Oficina del Censo. Es por mucho, hoy día, la primera minoría nacional en términos numéricos; tiene un alto crecimiento demográfico y se caracteriza por su dispersión geográfica a lo largo del territorio estadounidense, con miembros de destacada importancia en todos los ámbitos de la sociedad estadounidense: económico, político, social y cultural.

Ilustración: Patricio Betteo

En las décadas de 1960 y 1970, en esta comunidad —La Raza como también se le denomina— se llevó a cabo una heroica lucha social por los derechos civiles, conocida como el Movimiento Chicano (o La Causa), enmarcada en una etapa de intensas movilizaciones de distintos sectores que reclamaban derechos similares: los afroamericanos, las mujeres, los indígenas y los jóvenes.

Entre los múltiples logros y avances que La Causa propició después de dos décadas de intenso activismo, uno de gran trascendencia y permanencia fue el florecimiento cultural. Ciertamente una de las prácticas artísticas de más significado, creatividad y constancia de este renacimiento ha sido el cine documental chicano. De hecho, desde 1969 —cuando se filmaron los primeros documentales— hasta la fecha se han realizado alrededor de 200 documentales, y cada año esta cifra aumenta.

Conviene apuntar que el documental como género fílmico fue definido por el cineasta escocés John Grierson en 1926, como el “tratamiento creativo de la situación actual” que presenta “la vida tal como es”;1 además, en última instancia es una formación discursiva que usa imágenes para informar de manera creativa sobre diferentes problemáticas sociales.2

Dicho esto, los documentales chicanos han tenido un profundo impacto para corregir la invisibilidad y las visiones negativamente estereotipadas acerca del pueblo chicano por parte de la sociedad dominante en EE.UU.3 Ante todo, los documentales chicanos han plasmado de manera ejemplar una narrativa que abarca magistralmente los dos temas esenciales de la experiencia chicana. Por un lado, las múltiples prácticas de despojo, discriminación, hostigamiento y violencia que se han llevado a cabo hacia La Raza por parte de la sociedad dominante durante toda su historia; y por otro lado, su larguísima y valiente trayectoria de resistencia para mantener su mexicanidad, idioma, identidad, así como para luchar constantemente por sus derechos civiles.

Génesis y primeros pasos

Con la efervescencia del Movimiento Chicano surgió una primera generación de cineastas que se convirtieron en cronistas fílmicos; se trataba principalmente de universitarios que salieron a la calle con sus cámaras Super 8 pues sintieron la imperante necesidad de filmar las principales huelgas, manifestaciones, acciones políticas y otras facetas de esta extraordinaria contienda social. Sus documentales captaron en pantalla la intensa energía, el compromiso, la creatividad y los desafíos que caracterizaron a La Causa.4

Muchos factores contribuyeron al desarrollo del documental chicano. En primer lugar, el hecho de que el género tenía un formato asequible y su costo era relativamente bajo, comparado con el de las cintas de largometraje. Además, logró encontrar espacios de exhibición a través de círculos universitarios, centros comunitarios, circuitos de arte, bibliotecas públicas y, ya desde los años setenta, en festivales de cine y en la televisión.

La lista de documentales chicanos creció de manera impresionante en su primera etapa (1960-1970), con una característica esencial: una amplia gama temática (historia, sociedad, política, género, prácticas culturales y cuestiones de migración y frontera).5 Todos los documentales claramente reflejaban el doble compromiso de los cineastas chicanos: aportar a la sociedad obras de alto valor artístico y transmitir un discurso político asociado al movimiento social: la ideología del chicanismo.

En torno a la discusión de la historia chicana destacan las cintas: Yo Soy Joaquín de Luis Valdez, y Yo Soy Chicano (1972) de Jesús Salvador Treviño; por su parte La Chicana (1979), escrita y dirigida por Sylvia Morales, aborda el papel y desarrollo de la mujer chicana a través de la historia.6 Con referencia a la problemática social de la comunidad chicana, pueden apuntarse las cintas: Requiem-29 (1971) y Cinco Vidas (1972) de José Luis Ruiz y Moctezuma Esparza;  Cristal (1975) de Severo Pérez; La Onda Chicana (1976) de Efraín Gutiérrez; y Agueda Martínez (1977) de Esperanza Vázquez. En el tema de migración, The Unwanted (1975) de José Luis Ruiz sigue siendo un excepcional análisis cinematográfico de las dimensiones y la problemática de la emigración mexicana; también vale considerar el aporte de Port of Entry (1981) de Nancy de los Santos sobre el mismo tema.7

En esta etapa, varios cineastas chicanos —tanto documentalistas como realizadores de películas de ficción— buscaron nuevos caminos hacia la profesionalización y el financiamiento de lo que ya se denominaba como el “cine chicano” a través de asesoramiento de grupos de apoyo como: Carisma, Latino Consortium, National Latino Media Coalition y Chicano Cinema Coalition. Además, por este tiempo se iniciaron los festivales de cine, como el Chicano Film Festival en San Antonio en 1975, que contribuyeron a difundir sus obras fílmicas. Asimismo, algunos cineastas como Moctezuma Esparza, José Luis Ruiz, Severo Pérez, Jesús Salvador Treviño, Sylvia Morales y Lourdes Portillo empezaron a formar sus propias compañías de producción, tales como Moctesuma Esparza Productions en 1974; Ruiz Productions en 1975; Learning Garden Productions en 1976, New Vista Productions en 1977, y de  Sylvan Productions y Xochitl Films en 1979, respectivamente. Su propósito era buscar mayor control sobre la producción y distribución de sus cintas, y diversificar sus fuentes de financiamiento que combinaban donaciones de grupos y fundaciones especializadas, así como fondos provenientes de la Ley de educación bilingüe, y del Servicio de Difusión Pública (Public Broadcasting Service, PBS).8

Florecimiento

Sin embargo, todos estos esfuerzos encontraron obstáculos en los años ochenta y principios de los noventa, como resultado del vuelco hacia la derecha en E.U. Tanto Reagan como luego Bush padre estaban absolutamente en contra de financiar expresiones artísticas que criticaran el statu quo.

No obstante, un elemento vital que permitió la continuación de la filmación y difusión de documentales chicanos fue el apoyo de la cadena televisiva pública PBS, creada en 1967. Esta emisora abrió paulatinamente puertas —no sin dificultades— a las producciones independientes, e incluyó un programa de acción afirmativa que impulsó el financiamiento y exhibición de documentales chicanos. Incluso en 1998, gracias al liderazgo de Edward James Olmos, se estableció el Servicio de Difusión Pública Latina (Latino Public Broadcasting, LPB).

En la actualidad, la proyección de un documental chicano en PBS (que cuenta con 350 estaciones afiliadas) puede alcanzar hasta a un millón de personas a nivel nacional. Por esta razón, de acuerdo a realizadores como Héctor Galán, el público para los documentales rebasaba por mucho el de las cintas chicanas de largometraje.9

En este contexto, y a pesar de los obstáculos, en las últimas dos décadas del siglo XX, el documental chicano tuvo una época de excepcional florecimiento en la que se conjuntaron: madurez artística y amplitud de contenido por parte de documentalistas hombres y mujeres de dos generaciones, originarios de varias regiones de E.U. que aportaron experiencias y perspectivas singulares.10 En lo particular, sobresalieron realizadores como Héctor Galán, quien se convertiría en el más prolífico de ellos, y se ha caracterizado por la gran originalidad temática y calidad artística de su obra. Uno de sus afamados documentales fue The Hunt for Pancho Villa (1993) que retoma un tema de la relación México-Estados Unidos: el ingreso de la fallida expedición Pershing a territorio mexicano con el fin de capturar al general Villa. Por su parte, Paul Espinoza se enfocó no sólo en la temática chicana (The Lemon Grove Incident, 1985) sino en la realización de documentales acerca de temas de frontera y de la relación México-E.U. en general como: Uneasy Neighbors (1989) y The New Tijuana (1990) sobre la frontera; o The U.S.-Mexican War (1998) sobre la Guerra del 47’ que dio por resultado la pérdida del 51% del territorio nacional y cambió el destino de ambos países.11

Otros documentales que destacan en esta etapa recuerdan episodios notables de la historia chicana del siglo XX como: The Ballad for an Unsung Hero (1983) de Isaac Artenstein y Paul Espinoza; After Joaquin: The Crusade of Justice (1988); The Struggle in the Fields (1997) de Ray Telles y Rick Tejeda-Flores; y Los Mineros/The Miners (1990) de Héctor Galán.12 En extremo importante fueron las cintas de varias chicanas documentalistas como De Mujer a Mujer (1993) de Beverly Sanchez-Padilla o Fear and Learning in Hoover Elementary (1997) de Laura Angelica Simon. Es interesante que Lourdes Portillo, aparte de los temas chicanos como Corpus: A Home Movie for Selena (1999), desarrolló un gran interés en temas latinoamericanos como en su documental Madres de Plaza de Mayo (1985).13

En un lugar especial en este periodo está la magistral serie Chicano! History of the Mexican-American Civil Rights Movement (1996), patrocinada por PBS y coordinada por Héctor Galán. La serie es el documento fílmico más acabado y ambicioso hasta el momento sobre el significado trascendental y el legado del Movimiento Chicano; en su narrativa capta poderosa y artísticamente sus agendas, logros y la trayectoria de icónicos líderes del Movimiento, incluyendo César Chávez, Dolores Huerta, Reies López Tijerina, Rodolfo Corky Gonzales y José Ángel Gutiérrez. En la escritura del guión y en la dirección de sus cuatro capítulos participaron otros cineastas destacados como Sylvia Morales, Mylene Moreno, Susan Racho, Jose Luis Ruiz y Jesús Salvador Treviño. Asimismo connotados académicos y líderes políticos hicieron equipo como asesores de los cineastas.14

Significado y Esplendor

Después del 2000, el documental siguió siendo por mucho el género dominante en la cinematografía chicana imperante; la creciente participación de chicanos y chicanas cineastas —tanto consagrados como emergentes— y la afinación de los mecanismos de financiamiento y exhibición lo han llevado a su mejor momento. Su cantidad, calidad artística y diversidad temática es verdaderamente impresionante. Entre los documentales más destacados se encuentran: la impresionante obra colectiva The Bronze Screen. 100 years of the Latino Image in Hollywood (2002) de Nancy De Los Santos, Susan Racho y Alberto Domínguez, que recrea con clips originales la representación y los estereotipos de los latinos —en su mayoría chicanos— en el cine de Hollywood de la época silente hasta los noventa. Esta serie contiene valiosas entrevistas con destacados actores y realizadores como Katy Jurado, Rita Moreno, Lupita Tovar, Ricardo Montalbán y Anthony Quinn, entre otros. Además The Bronze Screen tuvo la virtud de incluir en la realización de su guión a connotados especialistas en estudios cinematográficos chicanos.

Muchas otras cintas destacan en esta etapa. Lourdes Portillo aportó una de las primeras denuncias fílmicas de los despiadados feminicidios en Ciudad Juárez en su impactante documental Señorita Extraviada (2002). En Crushing Love (2009) Sylvia Morales revisa la historia de cinco chicanas notables por sus contribuciones sociales: Dolores Huerta, Elizabeth “Betita” Martínez, Cherrie Moraga, Alicia Escalante y Martha Cotera.15 Nancy de los Santos y Dan Guerrero llevan a la pantalla Lalo Guerrero. The Original Chicano (2006) que recuerda episodios centrales de la historia chicana a través de la vida de este artista, que tuvo fama incluso en México con su disco infantil Las Ardillitas. Ray Telles filmó en 2011, The Storm that Swept Mexico, que constituye un impresionante, acucioso y único esfuerzo interpretativo acerca de la historia de México desde la Revolución hasta los noventa. Cristina Ibarra trata enLas Marthas (2014) el tema de la mexicanización del lado estadounidense de la frontera a través de una historia de mujeres. Por su parte, Héctor Galán realizó otra de sus innovadoras obras al filmar The Children of Giant (2015) que ilustra magistralmente la situación de discriminación de los chicanos en el sur de Texas, centrándose en episodios de la icónica película Giant (1956) de George Stevens.16

Entre las obras fílmicas del nuevo milenio tiene que destacarse la ambiciosa serie Latino Americans (2013) producida por Adriana Bosch con la destacada participación de Ray Telles y otros documentalistas. En seis capítulos narra con gran calidad artística aspectos críticos de los orígenes y el desarrollo de las cuatro principales comunidades latinas en Estados Unidos: chicanos, cubanos, puertorriqueños y centroamericanos, subrayando cómo están cambiando el perfil y el futuro de Estados Unidos.17

Los documentales chicanos más recientes continúan plasmado la doble preocupación de ofrecer obras de alto valor artístico sin dejar de lado un fuerte mensaje político. El financiamiento y la distribución de PBS y de su rama latina LPB18 han sido cruciales para su continuo florecimiento. Este es el caso del más reciente documental de Héctor Galán: Willie Velázquez. Your Vote is your Voice (2016), que trata sobre el fundador de la muy exitosa organización de promoción del voto chicano/latino: Southwest Voter Registration and Education Project.Mientras tanto algunos otros documentalistas rescatan en sus obras a personajes olvidados de la historia chicana reciente: Adiós Amor: The Search for Maria Moreno (2017) de Laurie Coyle se centra en las contribuciones de una líder excepcional de los derechos laborales de los trabajadores migrantes que antecedió a la lucha de César Chávez y Dolores Huerta; Singing our Way to Freedom (2018) de Paul Espinosa trata de la propuesta musical de Ramón “Chunky” Sánchez, de la época del Movimiento Chicano; y The Rise and Fall of the Brown Buffalo (2018)de Phillip Rodríguez se centra en Óscar Zeta Acosta, polémico y enigmático abogado, novelista y luchador de la era del Movimiento Chicano.19

Entre los temas actuales del documental chicano está el de la juventud. The Pushouts (2018) de Dawn Valadez relata la historia de un pandillero que se convierte en profesor y se dedica a ayudar a adolescentes expulsados de las escuelas. Asimismo, The Unafraid (2018)deHeather Courtney y Anayansi Prado se refiere a tres jóvenes dreamers determinados a continuar sus estudios universitarios y comprometidos con el activismo para lograrlo. Finalmente, el tema de los trabajadores mexicanos, muchos de ellos indocumentados, se retoma en Harvest Season (2019)de Bernardo Ruiz; este documental se centra en la zona vitivinícola del norte de California, en donde dichos trabajadores contribuyen al desarrollo esencial de la economía regional, a pesar de ser “invisibles” para la sociedad en su conjunto.20

Un fenómeno contemporáneo muy novedoso es que existen cineastas no chicanos que están produciendo documentales sobre temas centrales para La Raza. Es el caso de Me llamaban King Tiger (2017) del mexicano Ángel Estrada Soto sobre el excepcional líder Reies López Tijerina y su lucha por la recuperación de las tierras perdidas por los mexicanos después de la Guerra del 47’; y de Dolores (2017) del estadunidense Peter Bratt, un premiado documental sobre la afamada líder chicana Dolores Huerta, que aún a sus 89 años continúa con su intenso activismo.21

La difusión necesaria en México

Es innegable que el documental chicano es una de las manifestaciones culturales más sobresalientes e innovadoras de la comunidad de origen mexicano tanto en términos de valor artístico como por su capacidad de interpretación de su proceso histórico y realidad contemporánea, incluyendo el impacto de Mexico y lo mexicano y los temas fronterizos.

El hecho de que las generaciones chicanas universitarias vayan en aumento y de que muchos de sus egresados se especialicen en artes visuales asegura que el documental chicano tenga un futuro sumamente alentador. Además, dado que todavía existen muchos temas, episodios y personajes históricos y contemporáneos de la comunidad chicana pendientes, a estos jóvenes realizadores no les faltaran fuentes de inspiración. Asimismo, el copatrocinio de PBS y LPB, fundaciones especializadas y compañías chicanas (como Galan Inc.) abre nuevas posibilidades de financiamiento y exhibición

Es hora de reconocer también, desde México, que los documentales chicanos son las únicas obras cinematográficas que hasta la fecha han plasmado con tanta creatividad, sensibilidad y en toda su complejidad los temas transfronterizos, incluyendo la migración, y ciertos episodios históricos clave de la frontera. Por ello sería no sólo deseable sino imperativa su difusión y discusión en el país. Sin duda los documentalistas apoyarían esta importante tarea.

 

David R. Maciel
Historiador. Profesor emérito del Departamento de Historia de la Universidad de Nuevo México.


1 John Grierson, Forsyth Hardy, Grierson on Documentary. Berkeley, University of California Press, 1971, pp. 12-14.

2 Jane Chapman, Issues in Contemporary Documentary, Cambridge, Polity Press, 2009, p. 8.

3 David R. Maciel y Susan Racho, “Yo Soy Chicano. La heroica y turbulenta vida de los chicanos en el cine y la televisión,” en David R. Maciel, La otra cara de México. Ensayos acerca del pueblo chicano, Mexico, UNAM, 2018, pp. 375-378.

4 Jesús Salvador Treviño, Eyewitness. A Filmmaker Memoir of the Chicano Movement, Houston, Arte Publico Press, 2001, pp. 54-68.

5 David R. Maciel. El bandolero, el pocho y la raza, imágenes cinematográficas del chicano, Mexico, Siglo XXI Editores, 2000, pp. 142-156.

6 Catherine Leen. “From Don Juan to Dolores Huerta. Foundational Chicana/o Films” en Francisco A. Lomeli et al (compiladores), Routledge Handbook of Chicana/o Studies, Nueva York, Routledge, 2019, pp. 207-210.

7 Maciel, El bandolero, op. cit., pp. 351-353.

8 Chon Noriega (compilador), Chicanos and Film. Essays on Chicano Representation and Resistance, Nueva York, Garlare Publishing, 1991, pp. 9-21.

9 Entrevista del autor con el director Hector Galan, Ciudad de México, 11 de diciembre de 2016.

10 Noriega, op. cit., pp. 16-28.

11 Maciel, El bandolero, op. cit., pp. 150-156.

12 Ibidem.

13 Rosa Linda Fregoso y Lourdes Portillo, The Devil Never Sleeps and Other Films, Austin, The University of Texas Press, 2001, pp. 34-36.

14 Francisco Rosales, Chicano. The History of the Mexican American Civil Rights Movement. Houston, Arte Publico Press, 1966 es el texto narrativo de síntesis de esta serie documental.

15 Leen, op. cit., pp. 212-213.

16 Susan King, “’Children of Giant’ explores legacy of ‘Giant’ in Marfa, Texas, “ en Los Angeles Times, 11 de abril de 2015.

17  Entrevista del autor con el director Ray Telles, Ciudad de México, 24 de mayo de 2014.
Vease también, Latino Americans, consultado el 1 de mayo de 2019.

18 Entrevista del autor con Luis Ortiz, Director de Operaciones, Latino Public Broadcasting Los Angeles, 18 de enero de 2019. Véase tambien el sitio de internet, Latino Public Broadcasting, consultado el 2 de mayo de 2019.

19 Ibid.

20 Ibidem.

21 Véanse, Bullock Museum y Independent Lens, consultados el 5 de mayo de 2019.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.