La polarización social expresada durante al levantamiento indígena y popular ocurrido en los primeros doce días de octubre de 2019 en Ecuador puso en movimiento distintas formas de apreciar los acontecimientos. Según la visión gubernamental,1 al interior del movimiento de protesta se infiltraron sectores violentos, delincuentes y los “correístas” desestabilizadores de la democracia.2 Hubo cierre de vías, afectaciones a servicios públicos, pero también destrucciones, saqueos y vandalismo, interpretados como inéditos en la historia nacional. Además, existía una participación directa de elementos extraños y hasta de extranjeros, y también recursos foráneos, dentro de una estrategia izquierdista bien planificada desde Venezuela y Cuba. A consecuencia de esas ideas y conceptos, había que distinguir entre el movimiento indígena pacífico y los actores externos; pero el resultado no podía ser otro que el de la búsqueda de culpables, la persecución a los “correístas”, la judicialización de los dirigentes sociales y la criminalización de la protesta.3

Ilustración: Patricio Betteo

Entre las capas altas y medias más acomodadas y conservadoras se destapó el racismo y el clasismo. Incapaces de comprender las dinámicas sociales, para estos sectores simplemente había “indios” dispuestos a lanzarse contra sus propiedades, además de bandidos y ladrones aprovechadores de las movilizaciones. A éstos los acompañaban “correístas”, “venezolanos” e “izquierdistas” tan despreciables por sus ideas “comunistas” y de “resentimiento social” contra los ricos. Obviamente, como consecuencia de semejantes ideas, estos ciudadanos se prepararon para impedir el ingreso de los “indios” a Guayaquil,4 organizaron la protección de sus barrios, ciudadelas o fincas (hubo amenazas ciertas de incursión que alarmaron), estaban dispuestos a enfrentar a cualquier atacante, y clamaban para que el Ejecutivo terminara de una vez por todas con la “violencia” y la sinrazón.5

Como en ninguna otra época histórica en el Ecuador, el gobierno de Lenín Moreno fue defendido y blindado por las elites empresariales,6 los medios de comunicación privados, las derechas políticas y económicas del país, los gobiernos de derecha de América Latina, el Fondo Monetario Internacional (FMI), la OEA y los EEUU.7 Un fenómeno inédito, pues ni siquiera el gobierno de León Febres Cordero (1984-1988), padre fundador del modelo empresarial en Ecuador, tuvo un respaldo tan unánime por parte de aquellas fuerzas.

Como había que detener una movilización “violenta”, repleta de “infiltrados”, y capaz de producir el derrocamiento de un “gobierno legítimo”, la policía y las fuerzas armadas llamadas a frenar los brotes violentos, reprimir las protestas y asegurar los bienes estratégicos de la nación, obraron contra los manifestantes con una violencia represiva que parecía no tener límites según quedó registrado en los numerosos videos que circularon por las redes sociales y que incluso mereció la preocupación de entidades internacionales de derechos humanos.8

Desde la perspectiva del levantamiento indígena y popular, así como de los sectores que lo apoyaron y al cual se unieron, se trató de enfilar contra el decreto 883 que liberó de subsidios a los combustibles, amenazando con una escalada de sus precios. Aunque el objetivo era concreto, en el transcurso de las movilizaciones quedó en evidencia que se cuestionaba el acuerdo del Ecuador con el FMI, se reaccionó contra las políticas económicas de privilegio tomadas por el gobierno a favor de las élites empresariales del país y contra un modelo de economía excluyente para las grandes mayorías nacionales.9 Algunos sectores consideraron que la conmoción en el país creaba condiciones parecidas a las que antecedieron los derrocamientos de Abdalá Bucaram (1997), Jamil Mahuad (2000) y Lucio Gutiérrez (2005).10 Y también hubo quienes, en medio del conflicto, plantearon la renuncia del presidente, el llamado a la “muerte cruzada” (Ejecutivo y Legislativo tienen que renovarse), o la convocatoria a elecciones anticipadas.

La impactante fuerza que adquirió el levantamiento indígena y popular, su propia desvinculación de los actos de violencia y hasta del “correísmo”,11 así como el apoyo  extendido que logró su manifestación en todo el país, fueron determinantes para que el gobierno accediera a sostener un diálogo político directo y finalmente derogara el decreto desencadenante de la crisis que vivía el Ecuador.12

Alcanzado el primer objetivo, aunque las organizaciones indígenas y populares decidieron retirarse y terminar con la movilización nacional, las acciones posteriores han continuado alimentando en el país una sensación de “tensa calma”.

Al interior del gobierno parece existir un sector interesado en hacer rendir cuentas no sólo al movimiento indígena, sino a todos aquellos que lo apoyaron. Se pretende encauzar a algunos dirigentes. La judicialización de figuras clave del “correísmo” (varios fueron apresados, otros se refugiaron en una embajada) se convierte en una amenaza triunfalista, y al mismo tiempo selectiva, contra cualquier opositor.13

Los medios de comunicación hegemónicos y mercantiles, plenamente volcados a deslegitimar la protesta social, promueven una visión unilateral e ideológica que se resume en imágenes: la violencia dominó las protestas, la destrucción estuvo a la orden del día en Quito especialmente, la sociedad fue víctima de las movilizaciones, los dirigentes indígenas viven cómodamente en contraste a quienes se mantienen en sus comunidades, y atrás de todo hubo fuerzas que pretenden acabar con la democracia.14

Finalmente, el ministro de defensa antepuso la visión militar (absolutamente alejada de los análisis que se realizan desde las ciencias sociales y jurídicas), para renovar antiguos conceptos sobre la guerra interna y la doctrina de la seguridad nacional, ciñéndose a los cuales habló de “amenazas” e “insurgencia organizada”, términos que, evidentemente, convierten a las clases populares  que protestan  en enemigos y  a las universidades que alojaron a los indígenas por razones humanitarias en sospechosos o colaboradores por crear lo que el ministro interpretó como “centros de abastecimiento”.15 Esto mereció el rechazo de los rectores de las universidades aludidas.16

Internacionalmente han circulado artículos, informativos, documentales y posicionamientos que demuestran tener más perspicacia y sentido de objetividad que muchos ecuatorianos. Para los primeros es claro que existió una explosión social ya no sólo contra un decreto presidencial, sino contra un modelo económico que ha tratado de profundizarse en el país de la mano de los empresarios y del FMI.17 De frente a estas reacciones se ha lanzado la idea de que hay fuerzas maquiavélicas de las izquierdas latinoamericanas buscando destruir “democracias” supuestamente bien consolidadas. No han faltado quienes crean cualquier versión fantasmagórica, salida de las pasiones políticas o de aquellos opinadores de ocasión, en las que aparecen mezclados el Foro de Sao Paulo, el bolivarianismo, los  “progresismos”, los “populistas”, el Grupo de Puebla, MORENA, PODEMOS, las FARC, el ELN, un G-2, Rusia y hasta Odebrecht…18 Argumentos que recuerdan la década de 1960 cuando la CIA actuaba para crear un clima similar sobre el “peligro” cubano-castrista para América Latina.

Una perspectiva histórica no puede menos que tratar de comprender los acontecimientos desde sus componentes, lógicas y fundamentos. Y bajo esa orientación es indudable que Ecuador acaba de pasar un momento dramático, en el cual la confrontación política derivó claramente en una aguda “lucha de clases” -para utilizar el antiguo y perfectamente válido concepto marxista-. Un momento que parecía irreconciliable en las posiciones de dos bandos: los movilizados y los que querían preservar la “paz” a toda costa, sin despreciar la posibilidad de una acometida armada para liquidar la “insurrección”. Unos sólo pudieron ver la punta del iceberg y la violencia atribuida a los protestantes, mientras en la realidad la raíz de la conflictividad ha provenido del modelo económico inspirado en el neoliberalismo que otra vez ha pretendido consolidarse en Ecuador a pesar de las nefastas consecuencias que tuvo durante las décadas finales del siglo XX de la mano de la imposición de los conceptos aperturistas, el FMI y la geoestrategia imperialista sobre el continente.19

Los acontecimientos del Ecuador tienen el mismo trasfondo económico que provocó el estallido ciudadano en Chile y que mucho antes estalló en Haití; la misma raíz que ha conducido al apoyo a Alberto Fernández en Argentina o a Evo Morales en Bolivia, tanto como a las gigantescas movilizaciones ciudadanas en Uruguay y las que empiezan a aparecer en otros países. América Latina se cansó de tanto privilegio elitista20 y del modelo económico que le ha servido de base. El mito del paraíso que formarán el mercado libre, la empresa privada, los capitales extranjeros y los organismos multilaterales persiste, aunque sus “benéficos” resultados no se ven por ninguna parte.

En medio de este panorama, los gobiernos conservadores no garantizan el futuro de bienestar y felicidad que los pueblos de la región anhelan. Al igual que las capas dominantes, no pueden comprender las raíces de las desigualdades, la polarización entre ricos y pobres, la naturaleza de las protestas colectivas, ni las demandas por otro tipo de sociedad. No se piense que la conquista del “socialismo” es la aspiración última de los movimientos de protesta y las luchas sociales. Se trata, simplemente, de que se abandone el neoliberalismo como paradigma, y que se construya un tipo de economía social que garantice a los seres humanos de América Latina los servicios públicos, universales y gratuitos de la educación, salud, medicina y seguridad social; que imponga una seria y acelerada redistribución de la riqueza aplicando fuertes impuestos directos a las élites; que respete los derechos sociales, laborales, indígenas, ambientales; y que forje otras relaciones de poder para garantizar la soberanía nacional, la autodeterminación y la vecindad latinoamericanista como ejes que, lejos de ser nuevos, son desafíos por construir, con esperanza y fe en el futuro.

 

Juan Paz-y-Miño Cepeda
Doctor en Historia Contemporánea. Director Académico de ADHILAC en Ecuador.
Historia y presente.


1 Ecuavisa-BBC. L. Moreno, “La mayoría de los manifestantes venía por mí ”. El Universo. Lourdes Tibán: Una fracción indígena quería tumbar a Lenín Moreno y espera el retorno de Rafael Correa. BBC. Crisis en Ecuador: por qué Lenín Moreno movió la sede del gobierno de Quito a Guayaquil y qué consecuencias puede desencadenar. El Comercio. Lenín Moreno denuncia que se “pagó” a bandas para atacar a los quiteños.

2 El Universo. Juan Sebastián Roldán responsabiliza a indígenas y correístas de actos delincuenciales en movilizaciones. El Comercio. Agentes rastrean a 19 grupos violentos; en la lista hay estudiantes, activistas y miembros de partidos de izquierda. ANRed. Ecuador: Lenín Moreno persigue a comunicadores y opositores políticos.

3 El Comercio. Juez dicta prisión preventiva de 90 días para prefecta Paola Pabón. Primicias. Correístas en la mira de la justicia por supuesta conspiración.  Telesur. Enclave política. Conversamos con Leonidas Iza. YouTube. Leonidas Iza responde a Lenín Moreno.  Diario El Norte. Gobierno de Ecuador insiste en intento de golpe y Correa en caza de brujas.

4 Pichincha Universal. En nombre de la libertad Jaime Nebot llama a combatir en la calle a quienes quieran ingresar a la ciudad. TW. OMS. TW. DB.

5 El Universo. Lenín Moreno advierte que en Quito y en la Sierra hay gente que se está armando.

6 TW. Federación Nacional de Cámaras de Industrias.

7 OEA. Comunicado de la Secretaría General. TW. Fiscalía Ecuador. Reunión con embajador de EEUU para fortalecer investigaciones sobre violencia en manifestaciones.

8 Defensoría del Pueblo. Pronunciamiento. Sobre violencia y represión. El Universo. Freddy Carrión (Defensor del Pueblo), Más del 80% de las detenciones fueron ilegales y arbitrarias. CONAIE. En Ecuador se violaron los derechos humanos y la Constitución. TW. CONAIE –Videos sobre represión.  TW. RR. CONAIE. Jaime Vargas, hubo violación DDHH.

9 Nueva Sociedad. Pablo Ospina Peralta, Ecuador contra Lenín Moreno: https://bit.ly/2Jm7D15 GK. Diego Borja, Peligroso retroceso: https://bit.ly/2ooQPj0  ISIP. Jonathan Báez, Panorama laboral en Ecuador: https://bit.ly/2WeiI9Z FB. CONAIE. Comunicación. Video, reistencia indígena: https://bit.ly/2plmBhh

10 Plan V. Las apreciaciones de inteligencia que si llegaron a la presidencia.

11 TW. EcuadorInmediato. Dirigente Leonidas Iza niega convocatoria de correístas.

12 YouTube. Diálogos por la paz entre dirigentes indígenas y el Presidente Lenín Moreno (video completo).

13 Ibid. Ibid.

14 Expreso. Una realidad no tan precaria. Misión Verdad. Cómo se construyó el expediente para dividir la protesta y perseguir a “los correístas”RT. Prensa internacional deja en ridículo a Ma. Paula Romo y a los medios de desinformación de Ecuador.  La Línea de Fuego. Verónica Yuquilema, ¿Cuál ha sido el rol de los medios de comunicación en el levantamiento indígena y popular?

15 El Universo. Oswaldo Jarrín, Las universidades fueron centros de abastecimiento para manifestantes.

16 El Comercio. Universidades rechazan declaraciones “desafortunadas” de ministro Oswldo Jarrín, sobre su papel de paz en paro. El Universo. Rector de la Universidad Politécnica Salesiana: No sé qué universidad ha visto el ministro Jarrín; a lo mejor fue una virtual.

17 RT. Cecilia González, Protestas, represión, “guerra” y elecciones: América Latina en ebullición. BBC. ¿Cuál es el papel del FMI en la crisis de Ecuador? Altrenotizie. Ecuador: rivolta contro Moreno.  BBC. Crisis en Ecuador: las 6 propuestas del gobierno de Lenín Moreno para desativar las protestas (y que no incluyen el subsidio a los combustibles). DW. ¿Qué exige el Movimiento Indígena en Ecuador? TW. Bernie Sanders.

18 ABC. Rusia agita la inestabilidad en Iberoamérica.

19 ONU. Un comité de expertos independiente recomienda a Ecuador reexaminar las medidas de austeridad.

20 El País. La desigualdad moviliza a América Latina.