La tarde del 4 de abril de 2019 Diana N. salió de clases de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Aragón y tomó el Metro en la estación Nezahualcóyotl. Para llegar a su casa debía transbordar de Oceanía a Pantitlán, pero en uno de los pasillos un hombre la sujetó por el cuello, le dijo que no volteara, le puso un picahielos en la espalda e intentó secuestrarla.

Esta era una ruta poco conocida para Diana. La estudiante de economía de 27 años, quien pidió mantener sus apellidos en el anonimato, solía usar con más frecuencia las combis que pasan cerca de la universidad, pero se sentía más segura en el Metro.

En la Ciudad de México las mujeres tienen 40% de probabilidad de ser víctimas de acoso sexual durante su trayecto en el transporte público, según datos del análisis realizado por Beatriz Magaloni, “Victimización en el transporte en la Ciudad de México y la Zona Metropolitana”, con apoyo de la universidad de Stanford. Las posibilidades de que esto ocurra aumentan especialmente si la persona tiene entre 18 y 35 años, como Diana.

“Voltee porque creí que era un amigo, porque frecuentemente me encuentro con amigos ahí. Cuando traté de voltear vi su cara y me dijo ‘camina y agárrate de mí, vas a decir que me conoces’, creí que ya no iba a regresar a mi casa”, recordó la mujer, quien le pidió a este hombre que no le hiciera daño.

Un hombre que iba pasando por ese mismo lugar notó que algo raro ocurría y, a gritos, le exigió al presunto delincuente que soltara a Diana. Entonces llegó un policía de la estación y detuvo al sujeto. Debido a la impresión ella no entendía lo que sucedía hasta que ese mismo testigo la hizo reaccionar. Le dijo que la habían querido secuestrar y que debía interponer una denuncia.

El recorrido de cuatro estaciones le tomó menos de 15 minutos. Según el análisis de Magaloni, las probabilidades de acoso sexual contra una mujer que pasa esa misma cantidad de tiempo trasladándose en el transporte público son de 28%. Además, ésta aumenta a 53% si la mujer pasa más de dos horas.

“Todavía en ese momento no sabía si me quería asaltar o qué me quería hacer, porque yo traía mi celular aquí [en el pantalón] y fácilmente pudo habérmelo arrebatado”, dijo Diana.

Diana pidió apoyo a uno de los policías de la estación. Ella misma le tomó una fotografía con su celular al hombre que minutos antes la había agredido y confirmó que quería proceder con la denuncia. Antes de llegar a un Ministerio Público en la colonia Doctores, acudieron a la oficina del jefe de la estación y ahí llegaron mujeres policías para acompañarla y convencerla de no detener el proceso. Le hablaron sobre feminicidios.

Ilustraciones: Raquel Moreno

“Me dijeron: ‘hemos visto casos donde vemos a mujeres muertas que no tienen la oportunidad que tú tienes ahorita, de tener una voz’. En ese momento yo no sentía nada, estaba totalmente paralizada, sentía que era un sueño lo que estaba viviendo. A lo mejor, dices, ‘no es para tanto’, pero si no hubiera tenido suerte, no la cuento. Yo no sé para qué fin me quería llevar, si para abusar sexualmente o no sé”, explicó.

La historia de la estudiante es parte del 64% de mujeres que se sienten inseguras al utilizar el transporte público en la Ciudad de México, según el análisis de Magaloni. Lo que vuelve a este grupo el más vulnerable.

Además, la experiencia de Diana se suma a la lista de mujeres que han denunciado en redes sociales haber sido víctimas de intento de secuestro durante lo que va de este año, dentro de estaciones del Metro o en las inmediaciones de éste y otros transportes públicos de la Ciudad de México y la Zona Metropolitana.

En enero de 2019 el portal de periodismo de datos Serendipia Data1 creó un mapa digital para recolectar todas las denuncias similares de mujeres que habían sido víctimas de intento de secuestro y agresiones. Hasta el 31 de enero de 2019 un grupo de mujeres, analistas y especialistas en movilidad, recabó 140 testimonios sobre mujeres violentadas en transporte público en un periodo de 1997 a 2019, de las cuales consideraron que 104 tenían el sustento y la información necesaria para establecerlas en un mapa.2

Los principales hallazgos del proyecto realizado por Sandra Barrón, Dana Corres y Alejandra Padilla fueron que en 20% de los casos hubo tres o más agresores involucrados, 40% de los testimonios eran del año 2019, los horarios con más incidencia eran de las 14 a 15 horas y de las 20 a 21 horas. Las colonias de la Ciudad de México donde más se registraron denuncias de violencia contra mujeres en transporte público y sus inmediaciones fueron San Miguel, Centro y Buenavista.

En esa información hay casos de intimidación, acoso sexual, seguimiento a pie al salir de las estaciones, personas que fingieron conocer a las mujeres para abordarlas e intentos de secuestro.

A propósito, el 29 de enero de 2019 la cuenta oficial de Twitter de la Red de Transporte Colectivo Metro negó3 que en alguna de las 195 estaciones, que en promedio4 transporta a 4.9 millones de personas en un día laboral, hubiera registro de denuncias formales asociadas a intentos de secuestro en el Metro.

En respuesta a esa creciente ola de acusaciones de violencia contra mujeres en el transporte público la jefa de gobierno de la ciudad, Claudia Sheinbaum, aseguró5 que hasta el primer día de febrero de 2019 sólo había una denuncia formal por intento de secuestro en el transporte subterráneo y añadió que reforzaría la seguridad en todas las estaciones a través de las cámaras de vigilancia. Sin embargo, el ataque contra Diana ocurrió dos meses después de ese anuncio.

Andrés Lajous, secretario de Movilidad de la Ciudad de México, reconoció que uno de los principales problemas que encontraron en el Metro al iniciar la nueva administración fue la presencia de delitos de agresión sexual en el las instalaciones y sus alrededores.

“Hizo mucho ruido al inicio [de la administración], teníamos mayor conciencia de delitos como acoso explícitamente, que tiene que ver con aglomeración y es más difícil de controlar por el volumen de gente. Teníamos mucho menos presente lo de agresiones sexuales en las afueras del Metro que quedó claro cuando sucedió”, dijo.

Una encuesta sobre victimización en el transporte público en la Ciudad de México y Zona Metropolitana, realizada por la consultora Buendía & Laredo en enero de 2019 reveló que las mujeres se sienten más inseguras que los hombres en el transporte público. De las encuestadas, 36% piensa que es muy probable ser víctima de un delito en el Metro, frente a un 31% de los hombres.

Además, el Metro es el transporte público de la zona con mayor asociación a la violencia sexual, según la misma encuesta. El 36% de las personas entrevistadas aseguró que el Metro es el transporte con mayor nivel de acoso sexual, le sigue el Metrobús y el Mexibús con 20%; 51% de los encuestados dijo haber presenciado actos de acoso sexual en el transporte público, y 25% dijo haber sido víctima de acoso sexual.

El 60% de las personas entrevistadas consideró que diario se enfrenta a trayectos inseguros, considerando la hora, los lugares por los que transita y el transporte que usa.

A Diana le practicaron dos pruebas psicológicas y una perito dictaminó que requería seis sesiones de terapia psicológica para resarcir el daño emocional provocado por el ataque con picahielos ocurrido la tarde del jueves 4 de abril en el Metro Oceanía.

Hasta la fecha la universitaria sufre ataques de pánico y ansiedad, tiene temor de salir a la calle y está segura de que jamás se volverá a subir al Metro. Su madre presentó pruebas ante el juez de que Diana se despierta llorando en las madrugadas como muestra del daño psicológico que padece.

En su análisis Magaloni asegura que no hay un patrón territorial en cuanto a los lugares donde ocurre el acoso sexual. “Sucede más o menos de forma uniforme”, concluye. Sin embargo, basada en los datos públicos de la Agencia Digital de Innovación de la CDMX y en la encuesta de Buendía & Laredo, subraya focos rojos como Coyoacán, Gustavo A. Madero, Tláhuac, Benito Juárez, Naucalpan, entre otros.

“Nunca más en mi vida me voy a volver a subir al Metro. Para una mujer no es seguro ningún lado, no sé si es porque yo estoy muy dañada ahorita, pero en cualquier lado sufres acoso”, reveló Diana.

Por temor a represalias en menos de un mes la joven se mudó de domicilio, sale de su casa sólo cuando es estrictamente necesario y lo hace acompañada por sus padres en un automóvil. Tampoco ha podido regresar a la universidad, donde se encuentra terminando su tesis.

“Muchas personas me dicen que no sea exagerada, que no me pasó nada y estoy bien. Pero si no hubiera tenido suerte, ¿qué hubiera pasado?”.

El sujeto que atacó a Diana se encuentra preso en el Reclusorio Norte por el delito de privación de la libertad personal, pero sin agravante y bajo la carpeta de investigación con terminación 00131/04-2019. Por carecer de antecedentes penales, solicitó su libertad condicional a cambio de la reparación del daño. En la primera audiencia se le impuso una tarifa de seis mil pesos y en la segunda aumentó a 60 mil por los gastos de mudanza de la víctima. Él asegura no tener recursos económicos para ninguna de las dos cifras y, por lo tanto, seguirá su proceso en prisión.

“No es agravado porque eso hubiera sido que me encontraran en una casa, que me hubiera llevado a una camioneta o que hubiera pedido dinero”, reiteró la joven.

Esa misma semana Diana quiso alertar a sus amigas y conocidas, así que publicó la historia en su muro privado de Facebook. Alguien le pidió que hiciera público el relato y eso generó que la publicación se compartiera más de 10 mil veces. El caso llegó a medios de comunicación digitales, donde se filtró su información privada y, en consecuencia, recibió decenas de mensajes violentos y que la revictimizaban, donde se burlaron de ella, la culparon de su propio ataque por ir distraída y traer puestos los audífonos. E incluso dudaron de la veracidad de su denuncia. También la amenazaron de muerte.

La conclusión de Magaloni sobre este aspecto y para poder entender si está relacionado con la victimización es que “se requiere una mayor profundidad para poder entender mejor las motivaciones y condiciones en las que las mujeres hacen cambio de su modo de transporte habitual para protegerse de estas agresiones sexuales”.

Las autoridades de la Ciudad de México supieron de estas intimidaciones digitales y le pidieron que ampliara su declaración y proporcionara la evidencia (capturas de pantalla) de estos nuevos ataques. A petición de la propia Claudia Sheinbaum, asegura, su caso fue tomado por el abogado Erik Rauda y a finales de agosto se esperaba que las autoridades dieran sentencia al sujeto, quien, según Diana, se declaró inocente y justificó la portación del picahielos porque se dedica a acomodar vitrinas con refrescos.

“La jefa de gobierno se enteró de mi caso y pidió que me brindaran apoyo, me lo dijeron. Porque muchas de las denuncias que se hicieron de las niñas que se estaban llevando del Metro no eran reales. Mi caso tiene un detenido y se está investigando, por eso la jefa de gobierno me mandó un asesor privado”, aseguró.

De las 104 historias recabadas por Serendipia Data sólo el 14% denunció, mientras que el 97% no procedió por trabas burocráticas.

Los primeros días de febrero el gobierno de la ciudad instaló cinco módulos en las estaciones Martín Carrera, Coyoacán, Tacubaya, UAM-Iztapalapa y Mixcoac para atender denuncias de mujeres víctimas de violencia en el transporte público. En su momento, contaron con abogadas, agentes del Ministerio Público y policía de investigación.

Pero debido a que el índice de denuncias disminuyó gradualmente se decidió retirar estos módulos, según Margarita Vázquez Sánchez, subprocuradora de Averiguaciones Previas Desconcentradas de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México (PGJCDMX).

“Hubo un boom en donde no decimos que no pase, que sí pudo haber pasado que muchas mujeres se animaron a denunciar, pusimos los módulos de atención en diferentes salidas de los metros. Las primeras semanas recibimos muchas denuncias pero fue bajando poco a poco”, y añadió que el perfil de las denunciantes fueron mujeres de 18 a 30 años.

Vázquez Sánchez aseguró que pese a que los módulos ya no se encuentran en esas cinco estaciones existe una unidad de investigación en la Fiscalía Central que lleva estos asuntos. Dijo que el Instituto de las Mujeres también capacitó a un grupo de mujeres para las coordinaciones territoriales, colocar módulos en las coordinaciones de los Ministerios Públicos para atender situaciones de cualquier tipo de violencia contra las mujeres.

“Sí se llegó a detener a unas personas, se detuvo a dos hermanos y la chica dijo que no era así como lo había manifestado y se dejaron libres. Creo que fueron los únicos”, dijo la subprocuradora.

Al parecer, según la funcionaria, se trató de una confusión. La joven creyó oír que los sujetos se referían a ella cuando dijeron “por ésta sí nos dan dos mil pesos”, sin embargo ellos aseguraron que hablaban de una maquinaría, pues se dedican a la construcción. Ellos quedaron libres.

 

A Juana Garrido le cuesta trabajo creer que el gobierno de la Ciudad de México no contemple el caso de la desaparición de su hermana en el tema de los secuestros de mujeres en el transporte público y sus inmediaciones, pues Viviana Garrido desapareció en los alrededores del Metro Ermita el 30 de noviembre de 2018.

Ese viernes por la mañana Viviana, de 32 años, se despidió de su hija, de nueve, y de una sobrina. Les dijo que ese fin de semana irían juntas al cine. Ella además tenía que asistir a su diplomado sabatino en el Tecnológico de Monterrey. Tenía planes de vida a largo plazo, como emprender un negocio propio.

Viviana es química farmacobióloga y al momento de su desaparición trabajaba en un laboratorio en la zona de Santa Úrsula, atrás del Estadio Azteca. Al salir de su jornada ella y otras compañeras tomaron uno de los microbuses que recorren la calzada de Tlalpan, desde Taxqueña hasta el centro de la Ciudad de México. Eran alrededor de las 18 horas cuando ella se despidió de sus colegas y se bajó en una parada ubicada a 50 metros del Metro Ermita, del lado de la colonia Miravalle. El resto de las mujeres siguió en el microbús.

Era el trayecto diario de Viviana, eventualmente tenía que haber llegado a Constitución de 1917; la estación más cercana a la casa donde vivía con su esposo y su hija en la alcaldía Iztapalapa. Sin embargo, nunca volvió. Al siguiente día a primera hora su marido le avisó a sus familiares que ella no había llegado y tampoco sabía dónde encontrarla.

El 1 de diciembre de 2018 comenzó la búsqueda de Viviana Garrido. Durante las primeras horas se le buscó en los hospitales de la ciudad y al no tener noticias de ella por ningún lado la reportaron como persona ausente en el Centro de Apoyo de Personas Extraviadas y Ausentes (CAPEA), de donde salieron únicamente con dos volantes impresos. Les pidieron esperar dos días más para reunirse con un policía de investigación y revisar las cámaras de la zona donde ocurrió la desaparición. Hasta la fecha la familia Garrido desconoce si Viviana entró o no al Metro Ermita.

“Nos dijeron ‘ella se fue por su voluntad y yo tengo mucho trabajo’. Les estuvimos rogando”, recuerda Juana del trato que recibieron por parte de las autoridades capitalinas.

Una de las tiendas Oxxo que está cerca de la entrada del Metro Ermita tiene cámaras que dan a la calzada de Tlalpan; sin embargo, no se observa que Viviana haya pasado por ahí. También les entregaron videograbaciones de algunas cámaras del interior de la estación pero tampoco se ve que la mujer haya pasado por ahí.

“Se piden todas las cámaras del Metro pero [algunas] no servían porque supuestamente esos días había llovido. Las cámaras del C2 volteaban hacia el lado contrario. Se piden más cámaras pero no aparece en ninguna, había más cámaras que no servían. Se perdió esa evidencia”, explica Juana, quien junto a sus hermanos y padres llenaron la colonia Miravalle de volantes que pedían algún dato para dar con el paradero de Viviana.

Juana, de 28 años, se volvió la vocera de este caso y tras varias protestas en las calles junto a otras familias de mujeres desaparecidas la hermana de Viviana logró ser atendida por la dependencia de Atención de Víctimas del Delito de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y por Roberto Carlos Garduño, entonces titular de la Fiscalía Especializada en la Búsqueda, Localización e Investigación de Personas Desaparecidas, quien fue sustituido en pocas semanas por Willy Zúñiga Castillo.

El propósito de estas reuniones fue la creación de mesas de trabajo para dar cuenta de los avances que tiene cada investigación. Sin embargo, describe que la información va llegando “a cuentagotas, porque el MP no tiene tacto para tratar a víctimas”.

“Nos preocupaba después de ver que había intentos de secuestro que han raptado a chicas, pensábamos que sí estaba vinculado, pero hasta ahora no se ha investigado”, explicó. El caso de su hermana está en la Fiscalía de Desaparecidos.

Viviana nunca reportó alguna anomalía en sus trayectos o que alguien la estuviera siguiendo, según su hermana, sólo el hecho normalizado de ser acosada sexualmente en el transporte público. A más de 120 días de su desaparición siguen preguntando en la zona donde desapareció, juntando evidencias, buscándola con vida.

“Tenemos la esperanza de que la vamos a encontrar y lo haremos con vida. No hay indicios de que pueda encontrarse sin vida. La jefa de gobierno dice que no hay ningún caso reportado, pero ¿y mi hermana? Ella está reportada como desaparecida”, explicó.

La encuesta de Buendía & Laredo arrojó que el transporte que más utilizan las mujeres de la Ciudad de México son los microbuses, las combis y los peseros, con un 77% de las encuestadas. Pero también son considerados los más inseguros; el 77% de los encuestados, independientemente de su género, piensa que es muy probable ser víctima de un delito en ese tipo de transporte.

Una investigación realizada por la Fundación Thomson Reuters reveló que de las cinco urbes más grandes del mundo, la Ciudad de México tiene el transporte público más peligroso para las mujeres. Le siguen El Cairo, Londres, Nueva York y Tokio.

Publicado en noviembre de 2018, el sondeo indicó que tres de cuatro mujeres se sienten inseguras de transitar en el transporte de la ciudad y con riesgo de ser acosadas o violentadas sexualmente. La mayor preocupación de las capitalinas fue su seguridad al trasladarse.

Es el caso de Laura María Mancilla Morales, una orientadora educativa de 25 años, que ha sido víctima de asalto en el transporte público en dos ocasiones. La primera ocurrió hace una década, cuando tenía que viajar todas las mañanas del Metro Iztacalco a la Escuela Nacional Preparatoria Plantel No. 5 José Vasconcelos, en un autobús que recorre el Eje 3.

Alrededor de las seis de la mañana un hombre armado con una pistola se subió a la unidad y, con violencia verbal, les quitó las pertenencias a todos los pasajeros. El chofer nunca se detuvo y no se registró este hecho ante ninguna autoridad. Ella tenía 15 años y a raíz del miedo generado en ese asalto dejó de viajar sola en autobuses cuando iba a la preparatoria.

El segundo asalto ocurrió hace cuatro años, cuando viajaba en un autobús del Metro Ciudad Universitaria a la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH). En esa ocasión, a la altura del Centro Comercial Perisur, un grupo de cuatro o cinco hombres se subió y, de igual forma, con violencia verbal y amenzándolos con una pistola y cuchillos, despojaron a los pasajeros de sus cosas. Laura les dio su iPod y aunque en esta ocasión sí hubo apoyo de una patrulla, ella prefirió bajarse del autobús y continuar con su día.

“No hay seguridad, los camiones nuevos algunos traen cámara pero yo seguido veo en Facebook que denuncian que asaltaron, están las imágenes de los rateros pero realmente no pasa nada. En el Metro van policías pero no veo que hagan mucho. Mi temor a raíz de las dos veces que me han asaltado es estar expuesta a otras cosas, que no solamente sea ‘te quito tus cosas y me voy’, sino que te toquen o que te metan una cachetada. Nosotras estamos más expuestas que ellos”, dijo.

 

Melissa Amezcua
Es reportera egresada de la Facultad de Periodismo de la Universidad de Guadalajara. Su trabajo se ha publicado en medios como Reforma, Vice y la revista Chilango entre otros. Se especializa en cubrir historias sobre violencia de género y derechos humanos.


1 https://serendipia.digital/2019/01/mujeres-comparten-historias-sobre-intentos-de-secuestro-en-ciudad-de-mexico-y-estado-de-mexico-mapa/

2 https://serendipia.digital/2019/01/mujeres-comparten-historias-sobre-intentos-de-secuestro-en-ciudad-de-mexico-y-estado-de-mexico-mapa/

3 https://twitter.com/MetroCDMX/status/1090421115241979904

4 https://metro.cdmx.gob.mx/storage/app/media/
Metro%20Acerca%20de/Mas%20informacion/
planmaestro18_30.pdf

5 https://heraldodemexico.com.mx/cdmx/ya-hay-una-denuncia-formal-por-intento-de-secuestro-en-el-metro-sheinbaum/

6 https://mx.reuters.com/article/transporte-mujeres-mexico-idMXL2N1XQ04F

 

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