Nos ha producido mucha tristeza la sorpresiva noticia de la muerte de nuestro amigo Jaime Ros. Pero, también, nos ha servido para entender cuánto admiramos su aporte intelectual y la calidez de la estrecha relación que compartimos con él durante décadas.

Desde muy joven, en los tiempos de la fundación del CIDE, allá por 1975, hizo una notable y sostenida contribución a un mejor entendimiento del funcionamiento de la economía mexicana y subrayó con valor los caminos que podían hacerla más próspera y, sobre todo, más justa. Su trabajo incansable en la docencia y la publicación de libros señeros le dio cientos de discípulos que, estamos seguros, reproducirán con fuerza los frutos de ese pensamiento vigoroso, manteniendo viva la esperanza que lo sustentó.

Queremos también subrayar la profundidad y nobleza de su amistad, renovada siempre con un afecto sincero más allá de los años de separación que nuestras opciones de vida nos impusieron. 

Desde la distancia, enviamos nuestro homenaje y las expresiones de nuestro pesar a su esposa Adriana, a sus hijos y a sus compañeros.

 

José Miguel Insulza
Luis Maira
Georgina Núñez
Wilson Peres
Gonzalo Rodríguez Gigena
José Manuel Quijano

 

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