Publicado originalmente en La Tercera.


El reportaje de The Intercept cayó como un bomba, aunque en realidad no dijo nada que no supiéramos. Su mérito ha consistido en aportar las pruebas. Los audios de las conversaciones demuestran que: 1) Sergio Moro, juez del caso Lava Jato, intervino en el proceso instruido por Deltan Dallagnol, entregando instrucciones precisas acerca de cómo conducir la investigación, lo que está estrictamente penado por la legislación brasileña ; 2) que los propios procuradores tenían serias dudas respecto a la consistencia de las pruebas en contra de Lula y 3) todo esto con el fin de evitar que Lula y el PT ganen la elección presidencial.

Ilustración: Víctor Solís

Bolsonaro, sus partidarios y los medios afines cruzan hoy los dedos para que no surjan nuevas revelaciones que los involucren más directamente, dejando en evidencia la gran maniobra que hicieron: apoyar a Moro para que éste inhabilitara a Lula recompensándolo con su nominación como ministro de Justicia, abriéndole de este modo la puerta para que, según lo estimara, optara a una candidatura presidencial o un puesto en el Supremo Tribunal de Justicia.

Los espíritus cándidos dirán que han sido sorprendidos por estas revelaciones, que no obstante apreciar a Lula por sus realizaciones había que respetar la imparcialidad de los tribunales de justicia. Es de esperar que tomen conciencia de su ingenuidad y de la gravedad de la politización de la Justicia, denunciada nuevamente hace pocas semanas por el propio Papa Francisco. Por su parte, los cínicos argumentan que no se le puede dar crédito a escuchas ilegales, como si Moro no hubiese incluso intervenido y filtrado a la prensa las conversaciones de la propia Presidenta de la República.

Quienes suscribimos una carta de apoyo a Lula fuimos duramente denostados. Desde diversos ámbitos se nos reprochaba nuestro amparo a la corrupción y la falta de respeto a la Justicia y al estado de derecho en Brasil. Sería larga la lista de quienes desde diversas trincheras rompieron vestiduras por la imparcialidad de la Justicia y la lucha en contra de la corrupción, cayera quien cayera.

De quienes se abalanzaron a fotografiarse con Bolsonaro no se puede esperar nada. A fin de cuentas comparten sus ideas homofóbicas, misóginas, xenófobas y autoritarias. Para ellos, maniobras más o menos no tienen importancia. El fin justificaba los medios.

Sí se podría esperar una reflexión autocrítica de parte de buenos periodistas que no resistieron el peso de la ofensiva comunicacional y se plegaron a la campaña de desprestigio de Lula y de los que lo apoyábamos. Cabría esperar también alguna explicación de parte de algunos dirigentes, especialmente de la izquierda, que se plegaron de manera irreflexiva a esa campaña. Nadie sabe cómo terminará esta historia. Está en todo caso claro que el juez Moro cayó de su pedestal y que Lula tuvo razón cuando dijo que prefería pasar cien años en la cárcel antes que doblegarse.

 

Carlos Ominami