De informes sobre orgasmos no sexuales reportados en un estudio que publicó el International Journal of Sex Health en noviembre de 2018.

~Tuve ocho o diez orgasmos durante el trabajo de parto con mi primer hijo.

~Al amamantar. Ahora no puedo ni ver a mujeres que amamantan porque me trae de vuelta esa sensación. Si tengo más hijos, no creo que sea capaz de amamantarlos.

~Tuve uno al pasar una piedra de riñón.

~Cuando me hago un tatuaje. Tengo la certeza de que mi tatuador lo sabe.

~He tenido orgasmos cuando mis gatos se me han trepado en la parte baja de la espalda, ronroneando. Ya no ocurre con frecuencia porque no dejo que se me trepen ahí.

~Tuve orgasmos luego de una fea quemadura solar, cuando mi espalda se estaba despellejando en un punto al que no podía llegar, y mi novio me sacó tiritas de piel.

~Puedo tener orgasmos al rascarme una picadura de mosquito o una infección de pie de atleta.

~Una vez saqué mi pie por la ventana de un coche en movimiento. El viento me hizo cosquillas y tuve un orgasmo.

~Caminar sin calzado sobre madera inacabada o vieja me da orgasmos.

~Al usar un rascador de cabeza, de los que tienen muchos bracitos flexibles. Compré uno durante una depresión.

~Al limpiarme los oídos con un hisopo. Muchas veces lo prefiero a tener sexo.

~Me vine mientras le hacía un peinado mohawk a un tipo en mi baño. No fue dentro del tipo.

~En una conferencia músico-teatral, alguien cantaba “Empty Chairs at Empty Tables”, y yo oía con gusto. Cuando el cantante dio la nota alta, me vine.

~La canción “You’ve Seen the Butcher” de Deftones en concierto me causó uno de los orgasmos más intensos que he tenido. Otras canciones de Deftones, Silversun Pickups, Jimi Hendrix, Tricky y Nine Inch Nails me causan lo mismo.

~Cada vez que bailo o nada más oigo música de club. Lo mejor de todo es que trabajo en un centro nocturno.

~Al comerme un tomate rojo maduro.

~Una vez tuve uno al comer chocolate de veras sabroso —a veces cupcakes, a veces barras. Los llamo “chocorgasmos”.

~Cada vez que como atún —algo que tiene que ver con la textura que siento en mi boca.

~Cuando uso una batidora de mano y bato huevos blancos vigorosamente hasta que forman picos blandos. Uno de los placeres menos obvios de cocinar.

~Soy el encargado de equipaje de una gran línea aérea, y a veces, cuando estoy en el fondo del contenedor de un avión, amontonando las maletas de la gente, tengo un orgasmo muy intenso cuando estoy a medio levantar de una maleta. Es muy bochornoso si alguien más está conmigo en el contenedor porque doy chillidos y no puedo mover los brazos mientras ocurre. Siempre creen que me lastimé la espalda.

~Siempre que despega el vuelo en el que estoy. O si oigo un vuelo despegar.

~Mientras hablaba con mi mejor amiga ya tarde en la noche. Hubo una pausa en la conversación y la miré y de inmediato tuve un orgasmo.

~Pintar me ha dado los mejores orgasmos. Empecé a estudiar arte hace dos años, y ya no pinto porque es demasiado sexual para mí.

~Me cacharon robando en una gran tienda de venta al menudeo. Me sentaron en una banca dentro del cuartito de espiar de la tienda, y yo tenía terror. El guardia de seguridad empezó a hacerme preguntas pero en el momento en que me dijo que iba a llamar a los policías un gran orgasmo me tomó por sorpresa.

~Durante mi examen de Colocación Avanzada en preparatoria. El supervisor me dijo que me quedaban cinco minutos para terminar y me vine.

~Mientras leía una carta de recomendación para mi posgrado. También lloré. Era de mi profesor favorito.

~Al terminar una novela buenísima. Una novela clásica de horror de Stephen King.

~Una vez tuve un orgasmo en la cola del supermercado mientras leía On Writing de Stephen King. Dijo algo hermoso y para pensar. Y ¡bam!

 

Fuente: Harper’s, abril 2019.

 

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