Hoy se cumple un mes del fallecimiento del poeta W. S. Merwin, poco conocido en México, a pesar de ser, entre otras cosas, uno de los traductores más importantes de poesía hispanoamericana al inglés; es decir, un imponderable constructor de puentes con el que estaremos en deuda eterna.

1.

Hacia 1965 o 1966, antes de cumplir cuarenta años de edad, W. S. Merwin —condensación de su nombre que usó siempre para firmar todo lo que publicaba, porque no le gustaba la idea de que lo llamaran “Bill”— escribió “Para el aniversario de mi muerte”, un breve poema anticipatorio en el que se adivina la lectura de Borges (“De estas calles que ahondan el poniente, una habrá (no sé cuál) que he recorrido ya por última vez”), algunos de cuyos poemas Merwin tradujo por primera vez en 1968, y a quien conocería, lleno de admiración, en 1976.

Borges resuena en las palabras de ese poema —recogido en su sexto libro, The Lice, en 1967— pero Merwin dista de ser un simple imitador. Hay en esa presunción fúnebre un dejo de austera celebración (manifiesta en el verso que se refiere al canto del reyezuelo), de misticismo, que singulariza su voz y define el conjunto de su obra.

Merwin fue un autor prolífico, que a lo largo de sesenta y cinco años (de 1952 a 2017) publicó más de setenta libros, sumados a volúmenes de poemas, ensayos, memorias, traducciones, entrevistas y obras de teatro. Su obra, sin embargo, no ha sido traducida a nuestro idioma en la proporción y con la constancia que merecería, sobre todo si se tiene en cuenta que, entre los poetas norteamericanos realmente distinguidos, son muy pocos los que vierten al inglés a poetas de lengua española, y Merwin ha sido especialmente industrioso en ese sentido: muy joven aún tradujo un par de clásicos nada sencillos: El poema del Cid y la Vida del Lazarillo de Tormes;1 tradujo asimismo poemas de Lope de Vega; Yerma, de Federico García Lorca; Veinte poemas de amor y una canción desesperada, de Neruda (además de una amplia antología); Voces, de Antonio Porchia; antologó y tradujo sesenta y dos poemas de Jaime Sabines —cuya obra, según cuenta el propio Merwin, le descubrió Mark Strand hacia 1968 al consultarle si traduciría algunos poemas para la antología que estaba preparando: New Poetry of Mexico, basada en gran medida en Poesía en movimiento, que había aparecido en 1966.

También tradujo poemas de Borges, de Nicanor Parra, de Roberto Juarroz (una amplia antología de Poesía Vertical), de Juan Ramón Jiménez, de Jorge Guillén, de Pedro Salinas, de José Juan Tablada, de Jaime García Terrés… En fin, no hay que poner el acento sólo en el número de poetas que tradujo, sino en la calidad con que lo hizo.

2.

De entre los poetas mexicanos, su indudable favorito fue Sabines, a quien muy probablemente conoció en Chiapas, a comienzos de los años setenta, época en que vino a México por primera vez:

En el otoño de 1970 viajé al sur de México, a San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, y pasé allí cada invierno hasta 1973. Muchos de los poemas incluidos en Writings to an Unfinished Accompaniment2 fueron escritos en una vieja casa de adobe en la parte trasera de una calle de San Cristóbal. Un lugar y un periodo que se integraron de manera descomunal a mi percepción de lo que llamamos “Las Américas”.

En San Cristóbal, Merwin compró una antigua y ruinosa casa de adobe que alguna vez había pertenecido a unos monjes católicos y la remodeló poco a poco. Fue una casa abierta a amigos y viajeros, a biólogo y etnobotanistas, a antropólogos como Robert M. Laughlin, que habitó una larga temporada en ella, enfrascado en la realización de un estudio que al cabo daría lugar a un gran diccionario de lengua tzotzil. Con Laughlin, Merwin habría de traducir un puñado de poemas de lengua tzeltal y tzotzil (como “El corral del asno”, “Plegaria al maíz en el campo”), publicados en el primer trimestre de 1972 en Review, boletín del Center for Inter-American Relations, en los que intenta recrear la reverente relación de los indígenas mayas con los animales y las plantas.

Merwin disfrutó de las temporadas que vivió en San Cristóbal hasta que descubrió con horror que las hachas y los machetes habían empezado a ceder su lugar a las sierras eléctricas y la incontrolada tala de la selva estaba produciendo una veloz degradación del suelo y la consiguiente desertificación de enormes extensiones. Se mudó entonces a la isla de Maui, en Hawai, donde estableció su residencia permanente.

Por fortuna, apartarse de Chiapas no lo apartó de la obra de Sabines, cuya lectura cultivó a lo largo de tres décadas. “Durante años, cuando salía de viaje, solía llevar conmigo un libro de Sabines”, escribe Merwin en el prólogo a Pieces of Shadow, libro editado primero bajo el sello de Papeles Privados (1995), y luego por el Fondo de Cultura Económica (2007), que recoge sus numerosas traducciones de Sabines al inglés.

El 24 de octubre de 1995 ambos poetas ofrecieron una lectura bilingüe de ese libro en la Catedral de San Juan el Divino, en Nueva York.

3.  Merwin habla de Sabines

“Jaime Sabines, nacido en el estado de Chiapas, en el sur de México, pertenece a una serie de grandes poetas de América Latina que comenzaron a explorar una nueva veta en las primeras décadas del siglo xx. La poesía es una pasión en la América hispánica. Los grandes poetas latinoamericanos del siglo XX provienen de diferentes países y diferentes contextos indígenas, pero recurrieron a veneros afines para producir una corriente de poesía que no se parece a ninguna otra: de resonancias románticas todavía, pero con una novedosa mezcla de audacia y confianza que parece intemporal.

“La poesía de Sabines, desde su primer libro, publicado cuando tenía 25 años, hasta el último, publicado a los 70, es al mismo tiempo cruda, ‘bárbara’ como se le ha llamado, y tan directa y fehaciente como parte de la poesía de Whitman. Una vena de erotismo recorre toda su poesía, desnuda, sin tapujos, y sin pretender ser otra cosa. El presente poema3 es la quintaesencia de eso y, de hecho, de gran parte de la obra de Sabines.

“Es la expresión de un deseo que sabe sin duda lo que quiere, en términos de atracción y seducción, y lo dice sin titubeos ni tosquedad, con una especie de pureza muy sencilla. Sitúo sus poemas al lado de algunos de Catulo y de fragmentos de Safo. El sentimiento que hay detrás de ellos seguramente nos envuelve en todas partes, en cada generación. Es explotado, falsificado, travestido, abaratado, imaginado. Poetas más calculadores han tratado, y siguen tratando, por las peores y las mejores razones, de ponerlo en palabras. Sabines lo consigue sin desperdiciar una palabra.”4

4.

En México, los principales traductores de Merwin han sido, como suele suceder, otros poetas.

María Palomar y Jorge Esquinca, tradujeron The Compass Flower, décimo primer libro de poemas de Merwin, y en 1993 Ediciones El Tucán de Viriginia publicó esa traducción bajo el título de La rosa náutica.

Alberto Blanco y Pura López Colomé entregaron en 1996 Después de los alfabetos. Antología poética, 1952-1993 (Ediciones Hotel Ambos Mundos),5 y Janet Clariond, ha traducido dos libros: Cuatro Salmos (Vaso Roto, 2007) y Perdurable compañía (Vaso Roto, 2012).

La relación de Merwin con México sin duda puede calificarse como muy estrecha. Vivió tanto en la capital del país como en Chiapas, y en distintas épocas viajó por diversos estados de la República.

En agosto de 1981 participó en el Primer Festival Internacional de Poesía de Morelia, convocado por el Instituto Michoacano de Cultura, y viajó a la Sierra Chincua para visitar el santuario de las mariposas Monarca. Un hermoso y muy extenso testimonio de esa visita —más de cuarenta cuartillas— apareció en 1996 en Orion, revista del Myrin Institute, bajo el título de “The Winter Palace”, incluido posteriormente en el libro de ensayos Ends of the Earth (Shoemaker & Hoard, 2004).

Confiemos en que más temprano que tarde ese ensayo circulará en español entre los lectores mexicanos.

5.

Ahora sabemos que el 15 de marzo será la fecha en que, en lo sucesivo, habremos de conmemorar el fallecimiento de William Stanley Merwin, poeta de obra luminosa y voluminosa. Frente a la tristeza que su muerte produce a quienes la han seguido desde México queda, por fortuna, la posibilidad de traducirla y contribuir a que sea cada vez más difundida. En ausencia de Merwin, es a nosotros a quienes corresponde cultivar y acrecentar el vínculo que él estableció con nuestro país.

6. El deseo del poeta

…lector no creo
que ningún otro esté
esperando estas palabras
que quisiera que pareciera
que se te han ocurrido a ti
y que las llevaras contigo
como si te pertenecieran6

7. Cuatro poemas

Para el aniversario de mi muerte

Uno de estos años sin saberlo
cruzaré el día
en que los últimos fuegos se habrán despedido
y el silencio incansable viajero
habrá partido como el rayo de una estrella abatida

Será entonces que dejaré de sentir la vida
como si vistiera una extraña prenda
asombrado ante la tierra
el amor de una mujer
y la desvergüenza de los hombres

Haré sin saberlo
una reverencia ante lo desconocido
como hoy
que escribo después de tres días de lluvia
y concluido el torrente escucho cantar al reyezuelo

(Del libro The Lice, 1967)

§

Berryman7

les diré lo que me dijo
en aquellos años justo después
de la guerra como entonces llamábamos
a la segunda guerra mundial
no pierdas tu arrogancia todavía dijo
podrás perderla cuando seas viejo
piérdela demasiado pronto y apenas
podrás reemplazarla con vanidad

sólo una vez me sugirió
cambiar el orden habitual
de las mismas palabras en un verso
para qué señalar una cosa dos veces

sugirió que le rezara a la musa
que me arrodillara y rezara
allí mismo en el rincón
y lo decía literalmente

era en aquellos días antes de que
se dejara la barba y de que bebiera
aunque ya estaba metido en su propia
vorágine que lograba sortear moviendo
el mentón hacia los lados y la cabeza levantada
como cuando un velero cambia de bando

era mucho mayor de lo que las fechas hacían
suponer mayor que yo él andaba en sus treintas
fruncía la nariz con un acento que creo
que había aprendido a imitar en Inglaterra

en cuanto a publicar me aconsejó
tapiza la pared de tu cuarto con cartas de rechazo
sus labios y los huesos de sus largos dedos tremulaban
con la vehemencia de sus ideas sobre la poesía

dijo que la gran presencia
que todo lo permite y lo transmuta
en poesía era la pasión
la pasión era el genio y elogió el movimiento y la inventiva

yo apenas había comenzado a leer
le pregunté cómo puedes llegar a estar seguro
de que lo que escribes de veras vale la pena
y me dijo no puedes

no puedes jamás podrás estar seguro
uno se muere sin saber
si algo de lo que uno escribió valía la pena
si tienes que estar seguro no escribas

         (Del libro Opening the Hand, 1983)

§

Oda  al  margen

al seguir las negras
huellas el rastro
de palabras que han pasado
por allí antes que yo
vuelvo una y otra vez a
tu desierta playa

no es el final aún
pero no hay allí
nada más por ver
por leer por seguir
por entender
y cada vez vuelvo
para continuar
de la misma manera
al tiempo que respiro
para recobrar el aliento

mientras más amplio eres
más vacío y más inocente
de cualquier señal más
precioso me parece el texto
así lo siento al abrirme
paso a través de él consciente
de mí aguzando el oído
atento a cualquier sonido
que pueda provenir de ti

(Del libro Present Company, 2005)

§

Oda a los cables sobre nuestras cabezas

este es el año
en el que no volvieron las golondrinas
ustedes no se han dado cuenta

a lo largo de esta primavera
los mensajes nocturnos
han dejado de pasar a través de
las patas de esos pequeños pájaros que
emplazados en hilera
los sostienen a ustedes
con la nerviosa
telegrafía de sus voces

con las notas de esa música
que cambia conforme
parten una vez más
a navegar a solas o en parejas o
en bandada a través
del largo haz de luz
acaso planearán sobre los jardines
rumbo a los empinados pastizales
sobre el río
y volverán a sus lugares
para continuar contando
qué había allí mientras allí estuvo
—ustedes no los escuchan—
lo que ahora falta

(Del libro Present Company, 2005)
Traducción de: Rafael Vargas

 

Rafael Vargas
Poeta, ensayista y traductor. Su más reciente publicación es una selección, estudio y traducción de textos inéditos de George Steiner, titulado Necesidad de música (Grano de sal, 2019).


1 Primero los tradujo, a comienzos de los años cincuenta, para realizar adaptaciones radiofónicas para la British Broadcasting Corporation, pero continuó trabajando esas versiones para pulirlas y convertirlas propiamente en traducciones literarias, que publicó una década después.

2  “Escritos para un acompañamiento inacabado”, su décimo libro de poemas, 1973.

3 Merwin se refiere a “Tú tienes lo que busco, lo que deseo…”, del libro Poemas sueltos. 1951-1961.

4 Estos párrafos forman parte de un ensayo de Merwin titulado “Who do you love? A poet and translator illuminates five heart-stopping moments”, a propósito de la antigua y poderosa tradición de la poesía amorosa. De los cinco ejemplos que Merwin cita, el único poeta de lengua española es Jaime Sabines, muestra elocuente del aprecio que el norteamericano tenía por la obra de su par mexicano, muerto ocho años antes. El ensayo apareció en Poetry Magazine, en octubre de 2007.

5 Antecedida por la transcripción de la interesante conversación que sostuvieran en 1981 Octavio Paz, W.S. Merwin y Alberto Blanco para la serie televisiva “La poesía de nuestro tiempo”, que también se reproduce en Miscelánea III. Entrevistas, décimo quinto volumen de las Obras de Octavio Paz publicado en el 2003 por el Fondo de Cultura Económica (pp. 95-105).

6 Fragmento del poema “Cover note”, con el que comienza el libro Travels.

7 John Berryman (1914-1972)

 

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