En 1993 para un congreso de historia y literatura celebrado en Almería, escribí el texto que sigue: “México y su España imaginaria”. Lo recobro de mis archivos ahora que el gobierno de México exige a la corona española que pida perdón por sus agravios a los “pueblos originarios”. La respuesta del gobierno español ha sido que miremos hacia el futuro, no hacia atrás. Yo he tratado en este texto de mirar hacia atrás para tratar de entender algunas de las cosas que nos impiden, hace tanto tiempo, mirar verdaderamente hacia adelante.

—Héctor Aguilar Camín

 

Los mexicanos tenemos un litigio viejo, no resuelto con España. Nuestro litigio no es, en sentido estricto, con España, con la España histórica, habitante de la península ibérica, sino con una España en gran medida imaginaria, que es el fruto de nuestra historia y de nuestras propias necesidades de fundación nacional.

Así como la unidad española se consolidó mediante la exclusión de todo lo que no fuera católico, la nacionalidad mexicana se afirmó durante el siglo XIX a partir de la negación de su legado hispánico. México condenó su historia colonial ,nada menos que trescientos años de existencia de la Nueva España, y vio como un destino más deseable, el ejemplo de los países emergentes del mundo anglosajón precisamente aquellos cuya prosperidad alimentaba la decadencia del imperio español.

La mayor paradoja de este desencuentro es que quienes sembraron en la Nueva España el rechazo al mundo hispánico fueron precisamente los hijos de los españoles que establecieron el orden colonial, los criollos novohispanos, que resintieron su condición de súbditos de segunda y optaron por proclamarse orgullosa, resentida y excluyentemente americanos.

Ilustración: Patricio Betteo

Nadie encarna mejor ese desgarramiento familiar que el propio padre de la independencia mexicana, Miguel Hidalgo, un cura criollo, proclive a la innovación técnica y a las libres costumbres, que aparece de pronto, llevado por el fuego de su pasión familiar, al frente de los contingentes mestizos, indígenas y mulatos dispuestos a vengar sus afrentas sociales. No hay grito más terrible en la historia de Hidalgo que su consigna, en un momento difícil de la campaña: “Estamos perdidos. Vamos a coger gachupines”.

La paradoja se completa con el hecho de que fue precisamente en ese pasado negado de la Nueva España donde se verificó el tránsito histórico de mayor envergadura para el México de hoy, nada menos que la aparición del pueblo o la población que propiamente hemos de llamar mexicano o mexicana, y que no es, en su origen, sino el fruto de la mezcla racial y cultural verificada en la colonia.

La de los criollos novohispanos es la historia de un resentimiento y la hazaña cultural de la fundación de una nueva sensibilidad nacional. Para afirmarse ante los españoles peninsulares los criollos crearon, en el lento curso de los siglos, algunos de los motivos simbólicos más persistentes de la nacionalidad mexicana.

Los criollos propagaron la noción de la superioridad americana frente a los vicios de la metrópoli, afianzaron en la conciencia histórica de la república la noción de la colonia como una época oscura, y eligieron como raíz de la nueva identidad americana a que aspiraban, justamente aquello que nada tenía que ver con ellos, aquello de lo que no descendían: el pasado indígena, que se cuidaron de separar de los indios de carne y hueso, a quienes siguieron tratando con naturalidad segregatoria.

El triunfo de los liberales mexicanos en el siglo XIX, prolongó la visión criolla del orbe colonial no como el origen de nuestra textura nacional, sino como la impedimenta del progreso, el lugar del oscurantismo religioso, los fueros medioevales, etc.

Para las élites liberales triunfadoras, empeñadas en alcanzar la modernidad política y económica, el pasado a superar fue la herencia feudal hispánica. De espaldas a España durante el siglo XIX, como consecuencia lógica de su independencia, alcanzada en 1821, la incipiente nación mexicana dio la espalda también a la zona mayor de su propio pasado, la Nueva España, el molde donde había nacido y madurado. Se definió así una continuidad entre el rechazo criollo al legado español y el espíritu antihispánico de los liberales mexicanos, continuidad acentuada por el hecho de que la lucha de los liberales se libró en gran parte para limitar los poderes terrenales de la iglesia católica, una de las mayores herencias novohispanas.

La política triunfante en el siglo XIX mexicano fue liberal, en tanto enemiga del conservadurismo hispánico, y laica, en tanto opuesta a la herencia católica novohispana, que era sin embargo, más allá de los excesos del clero, el subsuelo espiritual de la mayoría de la población.

La revolución mexicana de 1910 trajo consigo la aparición de la extraordinaria diversidad social, étnica y cultural del país. A consecuencia de su catártica diversidad, un instinto de la Revolución fue reconocer la pluralidad de México y abrirle sus puertas a todos los pasados y a todos los presentes del país.

Las décadas posrrevolucionarias trajeron una considerable ampliación del imaginario nacionalista de México, una nueva reconciliación con el pasado indígena, una incorporación del siglo XIX no como la zona de anarquía que fue, sino como el antecedente formativo del país que habría de expresarse en la Revolución, y una reafirmación de la frontera norte como la línea número uno de resistencia nacional, ya que toda la Revolución transcurrió en medio de intervenciones, amagos y reclamaciones estadunidenses.

No obstante este refrendo nacionalista del “enemigo identificado” en Estados Unidos, no hubo reconciliación nacional para la Nueva España, cuyo legado cultural habría sido el contrapeso más lógico ante la influencia de nuestra frontera norte. La visión derogatoria del patriotismo criollo siguió viva en el corazón del nuevo nacionalismo revolucionario.

El primer reacercamiento de México y España en el siglo XX se dio con la España del exilio, la España republicana, perdedora de la guerra civil. Fue una diáspora riquísima, que fecundó como ninguna la cultura y la vida intelectual de México. Pero aquel reencuentro vivificante con la España del exilio, apartó a México, tanto en lo oficial como en lo real, de la España que ganó la guerra, la España franquista, que pronto ocupó nuevamente en nuestras cabezas el casillero derogatorio que la España peninsular había ocupado en la vindicación criolla. La España de la realidad franquista volvió a ser para el discurso público mexicano , con buenas razones, el reino del oscurantismo, la intolerancia, la sepultura del progreso.

Por esta convergencia desdichada de lo real y lo imaginario, nuestro litigio con España siguió vigente, más vigente que nunca. Los gobiernos revolucionarios acendraron el discurso criollo de la riqueza prehispánica y la reivindicación indigenista. México fue más indigenista que nunca y su nacionalismo quedó definitivamente atado al orgullo prehispánico más que a cualquiera de sus otras herencias. Pero el México posrrevolucionario no se indianizaba sino más bien lo contrario. Entre 1920 y 1980, la población mexicana se urbanizó y se castellanizó, devino una población abrumadoramente no indígena . A contrapelo de su discurso indigenista, la Revolución desindigenizó a la sociedad mexicana, creó una población menos indígena y más mestiza, hispanoparlante.

Pero ni esa realidad ostensible nos ha hecho volver a mirar nuestro pasado hispánico con ojos modernos, a la vez generosos y prácticos. De hecho, grandes historiadores y escritores que, a lo largo de los siglos, han reclamado esa herencia como propicia a nuestra construcción nacional, historiadores como Lucas Alamán o José Vasconcelos, han sido puestos, de un modo u otro, en el casillero del conservadurismo. La enseñanza en las escuelas públicas del país —que atienden al 85 por ciento de los educandos en México— ha sido guiada por estos contenidos nacionalistas.

No obstante, así como la historia de la España franquista refrendó la imagen negra de nuestra España imaginaria, así también los ostensibles logros de la España democrática la volvieron una fuente de inspiración y reconocimiento.

A partir de los años ochenta, la realidad histórica de España desmintió los rasgos derogatorios de nuestra hispanidad imaginaria. Echó por tierra incuso una idea tan arraigada como que nuestra herencia hispánica era la responsable parcial de nuestro atraso económico y nuestra incapacidad para la democracia.

Lo que sucedió en España después de la muerte de Franco, probó justamente lo contrario, a saber: que la modernización económica y la democracia política eran posibles en el país cuyo legado supuestamente ayudaba a frenar la modernidad de nuestros países.

La historia reciente nos ha situado en el umbral de lo que puede ser un fértil dilema. Por un lado está el síndrome de la Nueva España que quiere decir desigualdad, improductividad, falta de democracia. Por el otro está el rostro deseable de la España nueva, que nos habla de prosperidad y democracia. El dilema no es tal. Hay muchas cosas que recoger de la Nueva España y muchas también que aprender de la España nueva.

Para empezar, nosotros, los mexicanos y los hispanoamericanos, tenemos que reconciliarnos con nuestra raíz hispánica negada, porque en esa raíz hay la diversidad que necesitamos para vivir en nuestro tiempo.

Necesitamos no el aislamiento, sino la ampliación de nuestras fronteras mentales, hacia adelante y hacia atrás. Hacia adelante, asimilando creativamente la oleada de integración y contacto que, en todos los órdenes, gobierna nuestro mundo. Hacia atrás, aprendiendo a leer nuestra historia como parte de la historia del orbe hispánico, que a su vez no puede verse sino como parte de la historia de Occidente.

El más grande error que se comete en la enseñanza de nuestra historia ha dicho Luis González, es igualar la historia de México, con la historia de lo sucedido en el territorio de lo que hoy llamamos México. La historia de México empieza mucho después que la historia de su actual territorio. Partes fundamentales de la historia de los mexicanos no sucedieron en el territorio que hoy es México, sino fuera de él, precisamente en España. Sólo por esta confusión, digamos, territorial, puede alguien creer que los mexicanos son más olmecas que musulmanes o más teotihuacanos que andaluces. Por esa confusión, añado yo, nos hemos privado absurdamente de enseñar nuestra historia como el cruce de culturas que es, dedicándole tanto tiempo a las civilizaciones indígenas, como a la civilización española. Nos hemos privado así de la posibilidad de abrir nuestras fronteras históricas, de entender más y ser más cosas, que las que dicta nuestro localismo historiográfico.

A la hora de las integraciones planetarias que nos propone el mundo, nuestra respuesta no puede ser el exclusivismo local —azteca, guaraní, cholo, chicano o catalán— sino la recuperación de la gran experiencia iberoamericana de la diversidad en la unidad que empieza con las dominaciones griega y romana de la península ibérica y termina, por ahora, con el hispanoahablante indocumentado que busca su lugar en la economía norteamericana, se radica y se mezcla, pero al mismo tiempo resiste, como a lo largo de los siglos ha resistido la frontera cultural de Iberoamérica con los Estados Unidos, como si a lo largo de esa frontera siguieran peleando, en una lucha sin vencedor, las raíces culturales de un imperio muerto y las puertas abiertas al presente de un imperio vivo.

Nuestra modernidad de fin de siglo requiere salir de la negación anticolonial y asumir y reencontrar nuestra poderosa raíz hispánica, no en lo que tuvo de exclusivismo colonial, sino en lo que tiene de mezcla y diversidad fundidas en un producto único. Es una tarea digna de nuestro mejor esfuerzo tratar de recuperar a plenitud nuestro pasado, para enfrentar con mejores recursos nuestro presente y nuestro futuro. Y los mejores recursos para ello son los que hablan en nuestra historia del contacto, la mezcla y la asimilación, los recursos de la identidad mestiza y la fortaleza cultural de la matriz hispánica, una de las más poderosas de Occidente.

[1993]

 

Héctor Aguilar Camín
Escritor e historiador.


* La gran migración española a tierras americanas no se dio, como puede pensarse, durante la época colonial, sino en los siglos XIX y XX. Entre 1492 y 1821, pasaron a las posesiones de ultramar sólo 500 mil españoles. Entre 1880 y 1930, en cambio, zarparon de la península a “hacer la América”, 3.3 millones de españoles. La guerra civil explulsó a 30 mil exiliados, de los cuales 20 mil llegaron a México. Entre 1946 y 1959, la migración fue de 500 mil y de ahí en adelante, poco significativa. Carlos Martínez Shaw: “El paso a América” en El País internacional, Lunes 5 de abril de 1993. Martínez Shaw reseña el libro Historia general de la migración española a Iberoamérica. Historia 16. Madrid, 1992. 2 vols. XXVI + 732 y 550 páginas.

 

15 comentarios en “México y su España imaginaria

  1. De verdad hay cosas que dan vergűenza, no ajena, puesto quien la siente es y soy yo. Este reclamo del presidente como algunas payasadas de Fox… Chispaz parece saliendo de 6° aňo con historia oficial…

  2. En el Siglo XIX Ignacio Ramirez “El Nigromante le mando una carta al escritor español Manéndez Pelayo en la que le espetaba todos los crímenes que cometieron los españoles durante la conquista de México y el escritor español le contesto: CULPA ES DEL TIEMPO Y NO DE ESPAÑA.

  3. Excelente artículo!
    Información de primer nivel , necesaria en el momento histórico por el que estamos pasando . Maravilloso sería poder llegara a un grupo mucho mayor de personas! Millones de mexicanos estamos ávidos por recibir información no tan sofisticada , millones necesitamos entender en dónde estamos parados. Qué tal un texto con la intención de llegar a muchos más Mexicanos? Algunos académicos e intelectuales se olvidan de poder hacerlo . Hoy es importante informar y buscar llegar a más….

  4. Héctor: No hay mejor testigo de los abusos cometidos por los españoles que un español ilustre: Fray Bartolomé de las Casas:
    “En el año de mil y quinientos y diez y siete se descubrió la Nueva España y en el descubrimiento se hicieron grandes escándalos en los indios y algunas muertes por los que la descubrieron. En el año de mil y quinientos y diez y ocho la fueron a robar y a matar los que se llaman cristianos, aunque ellos dicen que van a poblar. Y desde este año de diez y ocho hasta el día de hoy, que estamos en el año de mil y quinientos y cuarenta y dos, ha rebosado y llegado a su colmo toda la iniquidad, toda la injusticia, toda la violencia y tiranía que los cristianos han hecho en las Indias, porque del todo han perdido todo temor a Dios y al Rey, y se han olvidado de sí mesmos, porque son tantos y tales los estragos y crueldades, matanzas y destruiciones, despoblaciones, robos, violencias y tiranías, y en tantos y tales reinos de la gran tierra firme que todas las cosas que hemos dicho son nada en comparación de las que se hicieron, pero aunque las dijéramos todas, que son infinitas las que dejamos de decir, no son comparables ni en número ni en gravedad a las que desde el dicho año de mil y quinientos y diez y ocho se han hecho y perpetrado hasta este día y año de mil y quinientos y cuarenta y dos, y hoy en este día del mes de setiembre se hacen y cometen las más graves y abominables, porque sea verdad la regla que arriba pusimos, que siempre desde el principio han ido creciendo en mayores desafueros y obras infernales”. Fray Bartolomé de las Casas. Brevísima relación de la destrucción de las Indias. 1542.

    • De las Casas en un principio defendió a los indios de los abusos que cometieron algunos, hasta el propio Colón fue degradado y encadenado por los Reyes Católicos, es cierto, pero Fray Bartolomé pronto comprendió que sus denuncias le daban mucho crédito y las aprovechó en beneficio propio para medrar y ascender cimentando con sus falsarios y exagerados argumentos las bases de la llamada Leyenda Negra que tan bien fue utilizada y propaganda por los enemigos del Imperio Español de esa época y que fue también asumida por ina población analfabeta sin acceso a comprobación de datos como pudo ser la invención de la imprenta en el lado luterano. El maravilloso libro de María Elvira Roca Barea “Imperiofobia y Leyenda Negra” lo explica así como el de Jesús Ángel Rojo “Los enemigos de España” en su capítulo dedicado a Bartolomé de las Casas.

    • Cuando la conquista de Hispania por los romanos, exterminaron completamente, entre otras, las poblaciones de las ciudades de Sagunto y Numancia. Despues nos dejaron su lengua, sus leyes, las calzadas romanas, los acueductos, su cultura etc. etc. y con esas bases, de aquella Hispania, nació España. España llegó a las tierras de lo que hoy es Méjico u a todas las de Hisnoamérica con la espada y la cruz, o lo que es lo mismos gobierno y oposición, pues son muchos los testimonios históricos que relatan como la iglesia española denunció permanentemente los abusos del poder civil y la manera de saltarse las leyes que emanaban de la Corona española. Efectivamente fueron muchos los abusos, como se han producido en toda conquista pero: En el caso de Inglaterra conquistando las tierras de los actuales EEUU, solamente fue la espada, puesto que el Rey ingles ostentaba también el poder religioso, es decir fueron sin oposición que los denunciara como s´´i sucedía en el caso español. El resultado fue la eliminación de la práctica totalidad de los indios el las tierras que ellos conquistaron y el hecho de que en la actualidad solamente quedan indios, y pocos, en las antiguas tierra que perternecieron a la Corona Española. Méjico es uno de los más extraordinarios ejemplos de mestizaje de la historia del mundo, para mí, como español, uno de los mayores motivos de orgullo de mis antecesores, de aquí y de allí, de ambos lados del Atlántico. Mientras en Estados Unidos casi no quedan, en Méjico no desaparecerán jamás porque las leyes españolas, inspiradas en los conocimientos de sus religiosos, supieron entender que los indios eran seres humanos iguales que los europeos y además se les invitaba a cruzarse con los nativos a los que se les reconocieron derechos. ¡Derechos humanos! ¿Que hubo abusos? ¡Por supuesto! ¿Que se acabaron los sacrificios humanos y se hicieron, entre otras muchas obras, las primeras universidades de América! También cierto.

  5. Me parece que habrá que saber más del contexto de esa “carta” enviada. Es innegable que las y los mexicanos debemos mirar hacia adelante, falta mucha educación y tolerancia. Pero buen extracto del Dr. Aguilar Camín.

  6. Fray bartolome hay “que cogerlo con pinzas” lo que escribio, pues jugando con medias verdades, no estuvo demasioados años en el mexico como para describir detalladamente lo que ocurria, ademas de haber sido encomendero, queria obtener repercusion

  7. Bien dicho, Camín. Y como diría Swift, voilà una humilde propuesta para la nota de investigación historiográfica de seguimiento: “1519-1521: De cómo Castilla conquistó América y así inventó a los españoles”. Muy bien!

  8. Dice el refrán que la historia la escriben los vencedores, pero en este caso Don Héctor me resulta muy interesante e ilustrativo acceder a información histriónica que me hace reflexionar sobre el contenido de la historia relatada en los libros de texto que formaron las bases del pensamiento sobre la evolución histórica de mi país. Su publicación y los comentarios que provoca me emocionan al notar la diversidad de ópticas, análisis y conocimiento cultural en la relación con España y USA. Los pensamientos e ideologías por lo general no son convergentes cuando hay politización intencional para impedir el consenso y acuerdo sobre nuestra identidad y, me parece que jugar con ella como medida de distracción es cruel y mezquino, sobre todo en el nivel de confusión y enfrentamiento que últimamente se ha provocado para impedir la integración de las diversas culturas originarias, mestizas, criollas, mulatas,etc. que a través del tiempo han ido configurando los sectores sociales, económicos, políticos y culturales que constituyen a nuestra República.Las respuestas oficiales a las solicitudes de Perdón han sido concretas, contundentes y hasta respetuosas. No cayeron en el garlito del populismo y hasta siento que ni la mayoría de los mexicanos tuvo el impacto proyectado. Agradezco su aportación y a las opiniones comentadas a su excelso artículo. El conocimiento siempre será muy superior a la ocurrencia.

  9. Me llegó esta información histórica respecto a España en 1519, misma que se me hace interesante y por ello se las comparto: “España NO EXISTIA como país en 1519 cuando Hernán Cortes llegó a México.

    Una falsa idea de nuestro pasado nacional, casi universalmente aceptada como “valida” por los irreflexivos académicos y el desinformado vulgo en general, es la que predica que “España conquistó México” (¡!), sin embargo, existe un GRAVE problema en torno a esa “muletilla” ya cientos de veces repetida en los medios de difusión con los que cuenta la “propaganda eurocentrista” de la historia (libros, documentales, artículos); pues apegados a la Sabia Razón y a la Verdad científica, en 1519 el país que hoy lleva el nombre de “ESPAÑA” en realidad NO EXISTÍA ni territorial, ni política, ni legal, ni socialmente, ni siquiera el nombre de España estaba escrito en ningún documento oficial, pues lo que sí estaba en la PENÍNSULA IBÉRICA en ese entonces, eran un puñado de reinos atrasados en muchos aspectos sociales e ideológicos, y aunque gozaban de identidad nacional propia a NINGUNO SE LE LLAMABA ESPAÑA.

    Tales reinos INDEPENDIENTES ENTRE SI que ocupaban la península ibérica en el Siglo XVI y que antecedieron a la MUY POSTERIOR creación de “España” como país, eran los pequeños y recientes reinos de: “Castilla”, “León”, “Aragón”, “Navarra” y “Granada” por citar los más importantes, sumados una larga de lista de “reinos menores” (aún más pequeños e intrascendentes) como lo fueron “Toledo”, “Valencia”, “Galicia”, “Mallorca”, “Sevilla”, “Cerdeña”, “Córdoba”, “Córcega”, “Murcia”, “Jaén”, “Algarves”, “Algeciras”, “Gibraltar” y de “las islas de Canaria”.

    Así pues, a inicios del Siglo XVI cuando Hernán Cortes pisó por primera vez las costas de “Chalchicueyecan” (nombre ancestral del actual estado de Veracruz), lo que existía al otro lado del mar Atlántico NO ERA ESPAÑA ni mucho menos una “nación española”, lo único que existía era un grupúsculo de reinos ibéricos separados y en un proceso aun inacabado de desarrollo e integración; por tanto, con esto debería bastar para dejar en claro que la falseadora “muletilla eurocentrista” mil veces repetida de que “España conquisto a México” es una INCOHERENCIA TOTAL.

    Pero esto no queda aquí, pues aunque sabemos que por “convencionalismo” y practicidad literaria se cita en muchos libros que Hernán Cortes “era un español” (y se disculpa), extendemos esta nueva publicación como contramedida ante el embate de la maquinaria promocionista del infumable título de “Madre Patria” que se le intenta por muchos medios “formales” dar ridículamente a España. ¿A qué vamos?, la gente mexicana de hoy debe saber que lo correcto y verdaderamente serio (históricamente hablando), es que el “conquistador” Hernán Cortes era un “CASTELLANO” mas “NO UN ESPAÑOL”, pues el “Capitán católico” que vino a imponer a sangre y fuego el mestizaje y su religión, era proveniente de “Extremadura” que era una provincia perteneciente al entonces “país” (reino) llamado “Castilla”. Por tanto, España no puede ser “Madre Patria” de nadie en la América, pues cuando se dio el “contacto entre ambos mundos”, España ni siquiera había nacido como país (patria).

    Los que realmente “conquistaron” (invadieron) al Anahuac y a su centro geopolítico “México-Tenochtitlan” fueron los Reinos de “Aragón” y “Castilla” dirigidos y SIEMPRE obedientes de la Corona VATICANA en Roma; razón por la cual, a los Reyes Fernando II (de Aragón) e Isabel I (de Castilla) quienes se sabe, financiaron los viajes de Cristóbal Colon y sus ejércitos, UNICAMENTE ostentaron el título real y OFICIAL como de “REYES CATOLICOS” y nunca (nunca) el de “REYES ESPAÑOLES”, por el mismo motivo antes citado, de que ESPAÑA NO EXISTIA EN AQUELLOS AÑOS del comienzo de la colonización europea en América. Ni Fernando II ni Isabel I fueron reyes de España, fueron reyes de sus respectivos (países) reinos, Castilla y Aragón. Punto.

    Llegados a esta altura del presente ensayo, surge un cuestionamiento natural… entonces, ¿quién fue el primer rey en la historia en ostentar el título de “algo llamado España”? y al unísono, todos los historiadores, académicos, investigadores o eruditos en la materia no podrán negar que dicho personaje se trató del “Emperador Carlos V”, el joven monarca o “el CESAR” del “Sacro Imperio Romano Germánico”, quien dicho sea de paso “NO ERA ESPAÑOL” y no solo eso, ni siquiera era originario de la península Ibérica (hoy España), sino que nació en los territorios de la corona austriaca de los Habsburgo, en la ciudad de Gante (hoy Bélgica).

    Al morir su padre en 1516, (el afamado Felipe I de Habsburgo, apodado “el Hermoso”) el joven Carlos heredo aparte del “Sacro Imperio Romano Germánico” también a los “reinos ibéricos” de su progenitor, quien se había hecho de ellos, al casarse con Juana de Castilla (llamada también “la Loca”) la hija heredera del matrimonio de los “Reyes Católicos” (Fernando II e Isabel I). Tiempo después de la muerte de su padre, y ante la imposibilidad de su madre (Juana) de reinar al estar incapacitada por padecimientos mentales, Carlos juro únicamente como rey de Castilla y de Aragón en 1518 y no fue sino hasta el 16 de mayo de 1528 que juro en Valencia como REY DE ESPAÑA ostentado así el título de “Carlos I de España”, día en que se puede decir nació realmente España y tuvo al PRIMER REY DE SU HISTORIA, al quedar unificadas oficialmente en una sola las coronas de Castilla, León, Aragón y Navarra (la totalidad de la actual España).

    Sí, en 1528 nació el país España, cuando tuvo jurado a su primer rey de toda la península (Carlos I): ¡siete años después de la derrota de México Tenochtitlan! (1521).

    Fue de esa inesperada y fortuita manera, que “Carlos V del imperio germánico” a la postre acumuló por un golpe de suerte un título real más y se convirtió en 1528 en “Carlos I del imperio español”, y a pesar de no ser “un castellano o aragonés” (ni siquiera hablaba castellano) gracias al poder y riquezas obtenidas de las invadidas tierras mexicanas, antillanas y peruanas, logró consolidar su poderosa corona europea y unificó bajo el nombre de España finalmente, a los minúsculos reinos de la península donde nació Hernán Cortes, (Castilla, Aragón, León, Navarra, etc.) y que de no ser por el “Cesar germano” y la “Conquista de América”, esos reinos ibéricos hubiesen seguido otros tantos siglos más separados y paulatinamente debilitados o extinguidos a merced de sus acechadores musulmanes y británicos, y con ello quizás y muy probablemente España nunca hubiese existido en el mapa.

    De tal modo, ante la luz de estos datos históricos irrefutables, es lícito afirmar que la Conquista de México la perpetró en realidad Castilla, Aragón y el Vaticano, y NO el país ESPAÑA, puesto que este último nació casi una DÉCADA DESPUÉS de la rendición del héroe Cuauhtémoc (el último TLATOANI MEXICANO de la época prehispánica). España solamente recogió y administró la ocupación militar que materializó en los dominios de México-Tenochtitlan, el castellano católico Hernán Cortes al servicio de su rey romano-germano (Carlos V), irrespetando completamente a la nación mexicana establecida desde el año 1325, la cual fue irrumpida abruptamente en pleno esplendor, al ser sometida por las armas, para luego cambiarle a sus habitantes el original gentilicio de “mexicanos” (en nahuatl, “mexikah”), por el trasgresor título de “novohispanos”, cuando se instauró el gobierno de ocupación llamado “Virreinato de la Nueva España” en 1535 (o mejor dicho de la “Segunda España”).

    Sirva este ensayo para hacer saber que después de 500 años, los mexicanos de hoy debemos entender el engaño eurocentrista al que hemos sido arrastrados por los “historiadores miopes” y los gobiernos desleales, es momento de superar la muletilla propagandística de la “Madre Patria España” y desecharla en el basurero de la historia:

    ¡España no es la Madre Patria de México!, es al revés… fue el “Padre-Madre México” (porque así se llamaba ya: “Mexiko”) el que fue sacrificado para darle vida y VER NACER a sus dos hijas: al país “España” y a su melliza americana “la Nueva España”.

    Aquí dejamos esta nueva entrega, no sin antes rogarles que atesoren esta verdad en sus mentes y en sus corazones: hoy siglo XXI, hemos dejado atrás la ocupación extranjera de la Colonia y vivimos en el “Segundo México” y así como los “primeros mexicanos y sus tlatoanis” se decían orgullosos de provenir de la remota Aztlán, nosotros con el mismo orgullo podemos decir, sin titubeos ni vacíos y con la Verdad en la mano, que provenimos del viejo Tenochtitlan, de aquel ensoñador y violentado “Primer México” que nos dio vida a nosotros “los segundos mexicanos”… y a las “dos Españas” por igual.

    ***

    Por: Tecuhzoma Teutlahua

    “A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”
    Ojalá y supiéramos más de la verdadera historia

    • Excelente ilustracion historica. ojala que el miope de “aguilar carmin” deje su insolencia ignorancia y lea un poco mas de historia. Una civilizacion como la Maya, Azteca, Totonaca o Mixteca que poseia una vasta cultura y tecnologia como la ingenieria, arquitectura, matematicas o astronomia, o el arte de la escultura, orfebreria y pintura, o la rigida organizacion social, juridica y militar es de respetarse y halagarse. Indigenas son los judios perdidos en el desierto que jamas construyeron nada, o los apaches norteamericanos, o los brasileños de la amazonas. Pobre aquilar carmin, sigue entusiasmado con sus pujos de intelectual.

      • Claro, pueblos muy adelantados, salvo algún que otro detalle como no emplear LA RUEDA, eran muy adelantados tecnológicamente :))

  10. La gran talla del español, fue la del bandido que conquista y pone los pies de los príncipes en la lumbre para robarlos; la del poeta con lengua de pájaro y pensamiento de insecto, ensalzando el terror; la del teólogo haciendo matemáticas con horrendos suplicios; la del pintor revoleando la estética entre gesticulaciones de réprobos, vientres destripados y serruchos que cortan huesos y dividen tendones. Todos, grandes y pequeños, tenían más ambiciones que los reyes y mas demencia que los hidrófobos.
    EL ALCOHOLISMO se lo debemos a la Conquista, pues las bebidas de los indios anteriores a la llegada de los españoles eran fermentados como la chicha y como el pulque, bebidas ciertamente alcohólicas pero muy inferiormente dañinas, y la mejor prueba de ello es que el vino es conocido por la humanidad hace mas de 30 siglos sin que el hombre haya sufrido por el uso del vino notables perjuicios en su salud y raza, mientras que unos cuantos de uso de bebidas alcohólicas destiladas, entre 30º y 70º, han alarmado hasta el pánico a las personas ilustradas que se preocupan por el destino de la especie humana.
    El pueblo español ha resbalado hasta el abismo en que se encuentra actualmente, por el plano inclinado, casi perpendicular de la mentira. Las clases populares de España no son culpables de las grandes desgracias que agobian a su patria, sino los escritores que las han engañado. Si éstos no hubieran afirmado que los norteamericanos formaban una nación de mercanchifles ebrios, sólo capaces de disparar jamones y fragmentos de tabaco masticado; si no hubieran afirmado esos escritores que los norteamericanos sabían hacer las armas pero no usarlas, que este arte de héroes sólo correspondía a los descendientes de los vencedores de Covadonga, Lepanto, San Quintín, etc.; si en vez de fanfarronear hubiesen presentado al pueblo norteamericano con su gran talla y poderío, España habría conservado Puerto Rico y Filipinas. Hubiera recibido dos o tres centenares de millones de pesos por abandonar a Cuba y no hubiera tenido dos batallas navales, en las que aparece que los buques que dispararon jamones fueron los españoles, y se hubiera ahorrado la capitulación de Santiago, que no es página militar imponente ni envidiable.
    El primer deber moral de un gobierno civilizado es reconocer los derechos del hombre; no puede haber justicia sin reconocer al hombre derechos superiores a los de todas las religiones. Nadie puede ser obligado a aceptar el yugo de una religión, ni a guardar silencio ante sus dogmas, ni a prescindir del derecho de combatir sus errores y de hablar a los demás hombres en nombre de la verdad o la mentira.
    ¿Qué progreso intelectual ha hecho España o las naciones de Europa por medio de los católicos? Muchos progresos intelectuales se les deben a los frailes cuando han dejado de ser ortodoxos como Lutero, Wiclif, Huss, Bruno y otros.
    LA POBLACION SOMETIDA, AZTECA, MAYA, TOTONACA, HA SIDO PATRIOTA POR RAZA. DENIGRADOS COMO MEXICANOS, TODAS ESAS CULTURAS DE GRANDES PALACIOS Y CIENCIA MATEMATICA Y ASTRONOMICA, INGENIERIA Y ARTE, VICTIMAS DE GENOCIDIO ESPAÑOL Y MESTIZAJE NO PERDIERON FACILMENTE SU PATRIOTISMO. SOLO LA INSOLENCIA GACHUPINA, DE UNA IBERIA VIOLADA POR LOS ROMANOS POR MAS DE 500 AÑOS, ENVILECIDA POR MUSULMANES ARABES POR MAS DE 200 AÑOS DEBIERAN DENOMINARSE BASTARDOS DE UNA “CORTESANA MADRE PATRIA”

  11. La Conquista arrancó al mexicano su religión, su territorio, su honor, su hogar, sus hijos, su libertad, sus bienes, su tradición, su historia, su inteligencia, su voluntad, su memoria, y cuando en la América Latina no han querido o no han podido las clases superiores reintegrar al mexicano en su calidad de ser humano, hacemos églogas para enaltecer el patriotismo del mexicano, tal como lo hemos entendido a favor de nuestros intereses, siempre de razas dominantes.
    EL ALCOHOLISMO se lo debemos a la Conquista, pues las bebidas de los indios anteriores a la llegada de los españoles eran fermentados como la chicha y como el pulque, bebidas ciertamente alcohólicas pero muy inferiormente dañinas, y la mejor prueba de ello es que el vino es conocido por la humanidad hace mas de 30 siglos sin que el hombre haya sufrido por el uso del vino notables perjuicios en su salud y raza, mientras que unos cuantos de uso de bebidas alcohólicas destiladas, entre 30º y 70º, han alarmado hasta el pánico a las personas ilustradas que se preocupan por el destino de la especie humana.
    El español industrioso y honrado desapareció para dar lugar al imbécil feroz y al héroe furibundo, ambos con la vanidad de monarca de cafres. La gran talla del español, fue la del bandido que conquista y pone los pies de los príncipes en la lumbre para robarlos; la del poeta con lengua de pájaro y pensamiento de insecto, ensalzando el terror; la del teólogo haciendo matemáticas con horrendos suplicios; la del pintor revoleando la estética entre gesticulaciones de réprobos, vientres destripados y serruchos que cortan huesos y dividen tendones. Todos, grandes y pequeños, tenían más ambiciones que los reyes y mas demencia que los hidrófobos. El español modesto no pudo pasar de ser un potruco famélico con pretendidos relinchos de héroe, fabricante al menudeo tradicional de hazañas inverosímiles. Pero como es de rigor en todo laboratorio social, los pueblos más vanidosos son los que producen a los hombres más enérgicos para aterrorizarlos y humillarlos.
    El primer deber moral de un gobierno civilizado es reconocer los derechos del hombre; no puede haber justicia sin reconocer al hombre derechos superiores a los de todas las religiones. Nadie puede ser obligado a aceptar el yugo de una religión, ni a guardar silencio ante sus dogmas, ni a prescindir del derecho de combatir sus errores y de hablar a los demás hombres en nombre de la verdad o la mentira.
    ¿Qué progreso intelectual ha hecho España o las naciones de Europa por medio de los católicos? Muchos progresos intelectuales se les deben a los frailes cuando han dejado de ser ortodoxos como Lutero, Wiclif, Huss, Bruno y otros.