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INFORME SOBRE EL PRIMER SECRETARIO GENERAL DEL PCM, Y AGENTE NORTEAMERICANO

El affaire Allen no es más que un accidente en un periodo de luchas complejas cuyo sujeto no es un secretario general sino un amplio movimiento de masas, donde intervinieron centenares de militantes destacados y múltiples tendencias políticas que rebasan el ámbito partidario. Lo que aquí va a contarse resulta poco significativo dentro de la historia obrera de la época. Los autores deploran el mal uso que pueda hacerse de ello, y esperan que lo que los comunistas mexicanos tengan la capacidad de desacralización y el suficiente sentido del humor para asumir junto a un pasado no exento de gloria, la presencia en el closet del cadáver de su primer secretario general, oreja de la embajada norteamericana.

DE DÓNDE SALIÓ EL TAL ALLEN

Nacido el 8 de julio de 1885 en la ciudad de México, se sabe de él que fue mecánico electricista, trabajó en los Establecimientos Fabriles y Militares (las fábricas estatales de armamento), se casó con Amalia Cruz y en 1918 ingresó al Gran Cuerpo Central de Trabajadores. El apellido le venía a José Allen de un abuelo gringo que habiendo llegado a México con la columna de Scott durante la invasión de 1847 como ingeniero militar, se casó con una mexicana y aquí se asentó. 

El mejor retrato de Allen lo proporciona José C. Valadés, entonces un adolescente izquierdista con gran capacidad de observación y buena pluma: «Tenía Allen unos 35 años de edad. De mediana estatura, un poco encorvado, de grandes ojos verdes tras de enormes espejuelos, perfectamente afeitado y con una voz ronca y sorda, de hablar tan lento que a veces sus palabras se perdían. Siempre llevaba una mano dentro del bolsillo del pantalón, y al hablar movía mecánicamente la cabeza, bien en sentido afirmativo o bien en negativo. Sobre su claro talento revelaba ser un hombre de gran energía».

A principios de 1919, Allen se sumó a un grupo de jóvenes trabajadores que rondando en torno al sindicato de Panaderos, y vinculados al Gran Cuerpo Central de Trabajadores, pretendían hacer algo más que el trabajo puramente sindical. Dentro de la tradición del izquierdismo obrero de la época, este algo más solía ser la creación de un grupo cultural y/o fundación de un periódico divulgador de doctrinas anarquistas e impulsor del sindicalismo revolucionario. Así nació el grupo de los jóvenes Socialistas Rojos. Allen, a pesar de lo que afirmaría años más tarde, no formó parte de los primeros comités directivos ni destacó especialmente dentro del grupo, que en sus primeras actividades promocionó conferencias como: «Valores positivos de la ley, el derecho y la justicia», «La obrera y el obrero ante los dictados de la razón», «¿Qué es el concierto cósmico?», y «¿Qué es el sindicalismo?». El grupo también, «aprovechando la presencia de un compañero sueco» organizó clases de gimnasia e incluso dio lugar al primer bautizo rojo en nuestro país donde el joven Graco, hijo de dos trabajadores, fue presentado socialmente sin ningún ritual religioso. En otras actividades no tan públicas, miembros del grupo hicieron trabajo de organización sindical y divulgación ideológica.

Las dos primeras apariciones públicas de Allen se produjeron el 10 de mayo de 1919 en un mitin en el sindicato de choferes, y el 27 de julio en una conferencia en el Sindicato Panadero sobre la situación del movimiento obrero europeo. Con esta fugaz trayectoria en los medios obreros del Distrito Federal, José Allen aparece, junto con el carpintero Eduardo Camacho el 25 de agosto de 1919, como delegados de los Jóvenes Socialistas Rojos en el Primer Congreso Nacional Socialista.

SE CUENTA UN CONGRESO

Los militares reunidos en el local del Gran Centro Obrero Independiente no traían a sus espaldas la euforia de un movimiento de masas en auge; el sindicalismo revolucionario del DF había sido nuevamente reprimido por el carrancismo, sus locales clausurados y varios de sus dirigentes secuestrados. El movimiento retrocedía. Los asistentes, más que organizadores sindicales, eran propagandistas muchos periódicos estaban representados) que hablaban en nombre de una franja de la izquierda (salvo contadas excepciones). Básicamente eran representantes de los diferentes socialismos mexicanos del momento, islotes en el mar ácrata que dominaba el movimiento obrero del país. Sus pretensión: construir un partido socialista a semejanza de los hermanos mayores español o norteamericano.

El Congreso había sido convocado conjuntamente por el Partido Obrero Socialista y la Gale’s Magazine. Tras la inauguración, la comisión revisora de credenciales acreditó treinta delegados, entre los que se encontraban los precursores socialdemócratas del PSO encarnados en la barba blanca de Adolfo Santibáñez y en su discípulo indígena oaxaqueño Francisco Cervantes López; los despistados sindicalistas zacatecanos encabezados por el eterno luchador, carpintero y editor de Alba Obrera, José I. Medina; el militante «estrella» del sindicalismo capitalino, conductor de carruajes y organizador de múltiples sindicatos, Leonardo Hérnandez; los socialistas electorales representados por Armando Salcedo y Serrano Ortiz del Gran Centro Obrero Independiente; el polémico slacker Linn A. E. Gale, incomprendido personaje que se había ganado el estatuto de vocero de una buena parte de los desertores del ejército norteamericano exiliados en México, director de la revista antibélica y pro-control de la natalidad Gale, con su fiel amigo y compañero Fulgencio Luna Sr. de nacionalidad filipina; Vicente Ferrer Aldana, solitario anarcobolchevique, promotor de múltiples periódicos unipersonales, propagandista incansable e impresor de buena parte de la prensa obrera capitalina, representándose a través del Grupo Acrata de la ciudad de México, y los mencionados Allen y Camacho.

Además de representantes de los partidos socialistas locales de Puebla y Michoacán había tres extranjeros: Manabendra Nath Roy, ex aristócrata hindú que había recorrido en dos años una trayectoria política desde el nacionalismo antibritánico hasta la dirección del periódico El Socialista, pasando por una relación con las embajadas alemanas, el vegetarianismo y la fundación en México de la Sociedad de Amigos de la India; la californiana Evelyn Trent Roy, esposa del hindú y representante del Centro Radical Femenino de Guadalajara y Richard Francis Philips conocido en México como Frank Seaman, slacker norteamericano editor de la página en inglés del Heraldo de México, socialista y defensor de la revolución rusa.

Entre los delegados había también dos infiltrados, Luis N. Morones y Samuel O. Yúdico hombres fuertes del sindicalismo amarillo mexicano, portavoces del proyecto de la «acción múltiple» y el colaboracionismo con el Estado, ambos a la caza de un partido obrero que les permitiera cumplir el compromiso secreto firmado con Obregón el 6 de agosto de ese mismo año. Por último Jacinto Huitrón, notable anarquista editor de Luz, un tanto fuera de lugar en el congreso.

Las sesiones se prolongaron durante nueve tardes en el local del Sindicato Panadero. Pronto se constituyó una mayoría que destruyó el proyecto socialdemócrata original y abrió paso a un planteamiento socialista revolucionario que incluía el envió de delegados al congreso de la III Internacional, marginando así a los amarillos moronistas y a los anarquistas.

Esta mayoría sin embargo se enfrentó violentamente por problemas aparentemente secundarios, como el decidir si se aceptaba o no la credencial de Morones (en lo que Roy estaba de acuerdo pensando ilusamente que podía abrirse el abanico ideológico del nuevo partido), o las mutuas acusaciones de carrancismo que se hicieron Gale y Roy. Eran las larvas de una próxima escisión(1).

El Congreso culminó el 4 de septiembre con la firma que 22 delegados hicieron de una declaración de principios y un programa de acción del recién constituido Partido Socialista. En ambos documentos se establecía el socialismo revolucionario como ideología, la necesidad de la dictadura del proletariado organizado en consejos obreros, el sindicalismo industrial -no por oficios -como forma de organización del movimiento, subordinación del sindicalismo al partido, la colectivización de la tierra como forma de lucha agraria y la adopción de la lucha electotral como elemento propagandístico y organizativo, con especial énfasis en la conquista de los poderes municipales. Los 22 firmantes se constituyeron en Comité Nacional y eligieron un comité central provisional de cinco personas en el que correspondió la secretaria general a José Allen, quien, descontando a los extranjero por motivos obvios, era el candidato viable a la dirección del PS por su adhesión a lo largo de todo el Congreso a la mayoría de la mayoría» de Seaman-Roy.

Quedó pendiente la elección de los delegados al Congreso de la Internacional Comunista, misma que motivó un nuevo choque entre Gale y Roy, posponiéndose el nombramiento. Ambos personajes estaban interesados en acceder a la máxima tribuna del izquierdismo revolucionario de la época, no sólo como portavoces del nuevo partido mexicano, sino como exponentes de sus proyectos políticos originales, Roy del nacionalismo revolucionario hindú, y Gale, que reclamaba para si los derechos de dos años de periodismo en México interesado en promover el socialismo revolucionario en Estados Unidos.

La unidad del Partido Socialista fue efímera. El 7 de septiembre, a sólo tres días de terminado el Congreso, Gale rompió con el PSM y fundó el Partido Comunista de México, del que se nombró secretario general a Adolfo Santibáñez y a Gale como delegado al Congreso de la I.C.

UN RUSO EN LA COLONIA ROMA

Durante los últimos días de septiembre y los últimos de octubre las relaciones entre los dos grupos socialistas se enconaron. Intercambiando acusaciones de «carrancista» o «traidor al servicio del general Alvarado» los ánimos se fueron calentando hasta que Roy estuvo a punto de meterle un plomazo a Gale en una reunión en el Sindicato Panadero. Mientras esto sucedía, el PS compró una imprenta con la intención de sacar un periódico, que apareció el 13 de octubre con el nombre de El Soviet y cuyos editores fueron Camacho y Allen.

Ese mismo día, Seaman recibió en su despacho la visita de un joven chicano, Rafael Mallén, que tras sondearlo políticamente lo invitó a una entrevista en el hotel Ritz donde conoció a Mijail Borodin, enviado de Lenin y representante de la IC. Borodin se relacionó con el cerrado círculo de dirigentes del PSM y ahí fue presentado a Allen. El ruso trabajó durante mes y medio con los socialistas, se vinculó con Múgica y Carrillo Puerto y gestionó una entrevista con Carranza para allanar el camino del reconocimiento de la URSS, por el gobierno mexicano.

De su paso por México quedaron además de su gusto por el misterio y la clandestinidad con que hacia sus viajes a la colonia Roma, donde vivía Roy, las anécdotas de la pérdida de las joyas de la zarina con que iba a financiarse la revolución latinoamericana y la incidencia que tuvo para que el PSM se convirtiera finalmente en la sección Mexicana de la Internacional Comunista. Así, el 24 de noviembre en una reunión restringida (Allen la llamaría sesión extraordinaria», sin precisar de quién, si del comité nacional, el comité central, o todo el Partido), celebrada en el café El chino, con la asistencia de no más de siete de los 22 miembros del comité nacional, y sólo Allen miembro del Comité Central del PSM, decidieron cambiar el nombre a su organización por el de Partido Comunista Mexicano (PCM).(2) El Soviet publicado el 26 de noviembre, consignaría la fidelidad del PCM a la declaración y programa de acción del Congreso Nacional Socialista de agosto-septiembre, justificando el cambio de nombre con un debate ajeno a México, donde el deslinde con la socialdemocracia traidora y favorable a la guerra no era necesario, pues tal socialdemocracia no había pisado suelo mexicano.

Fechado tres días más tarde y firmado por Allen, que mecánicamente se había convertido en secretario general del PCM, el naciente partido pedía su reconocimiento a la IC en una carta dirigida a Angélica Balabanov, secretaria de la Internacional Comunista. El mismo día 29 y sin más trámites, Borodin respondía a Allen asegurándole que su PCM seria reconocido por el Bureau de la Internacional Comunista, y que tan pronto llegaran a Moscú sus delegados tendrían los derechos de los Partidos Afiliados a la IC. Es muy probable que haya sido en esa misma reunión del 24 de noviembre cuando M.N. Roy fue nombrado delegado del PCM al segundo congreso de la IC.

Antes de abandonar México, Borodin impulsó la fundación de un Bureau Comunista Latinoamericano, que nació el 9 de diciembre de 1919, compuesto por la maestra yucateca Elena Torres, el sindicalista ácrata peruano Leopoldo Umachea, el slacker Martin Brewster, José Allen y Felipe Carrillo Puerto A fines de diciembre, Borodin y Seaman se fueron a Moscú pasando por España donde colaboraron en la fundación del PCE, y días más tarde M.N. Roy y Evelyn salieron vía Berlín para encontrarse en Moscú con el americano y el ruso Allá, Seaman y Roy fungieron como representantes del PCM en el II Congreso de la IC.

A dos meses de la constitución del Partido Socialista Mexicano, éste se encontraba escindido en tres grupos (puesto que los socialistas del grupo de Cervantes López que no fueron informados del cambio de nombre se negaron a incorporarse al PCM) y de los 22 firmantes originales del manifiesto, a la cabeza del Partido Comunista Mexicano, sólo quedaba uno: el camarada José Allen.

INFORME SOBRE UN INFORMADOR

El solitario dirigente del Partido Comunista Mexicano, puesto al que había ascendido en una meteórica sucesión de acontecimientos probablemente al margen de su voluntad, era un informador de la embajada norteamericana: Según su propio testimonio ingresó a los establecimientos Fabriles y Militares en 1918 «por orden del coronel Campbell ataché militar de la embajada americana en la ciudad de México» Desde el interior de la fábrica informó acerca de la producción de armamentos del ejército mexicano, información que debió de ser considerada relevante dada la tensión política entre ambos gobiernos, y que hacia posible una nueva intervención armada de Estados Unidos en México. Siguiendo indicaciones del coronel norteamericano, se unió más tarde al Gran Cuerpo Central de Trabajadores, y desde los cargos, en principio modestos, que le correspondió ocupar escribió informes sistemáticos al servicio de la inteligencia militar. 

Los mandos del espionaje norteamericano debieron sorprenderse de que su humilde agente José Allen, pasara en menos de un año de informador técnico subordinado, a dirigente político del Partido nominalmente más radical de todo el país. Parece ser que los motivos de Allen para ingresar al servicio de espionaje yanqui, se afincan en su convicción de ser ciudadano norteamericano («siempre he estado bajo la impresión de que era ciudadano norteamericano. Creo que mi padre fue registrado como ciudadano en el consulado de la ciudad de México»).

La vertiginosa carrera de un agente improvisado sólo puede explicarse por lo endeble del naciente aparato comunista y la escasez de militantes. Si se piensa que el momento de mayor unidad del PSM, las tres corrientes que lo formaron no tenían más de un centenar de afiliados en todo el país, resulta explicable que en el momento en que Allen asciende a la secretaria general del PCM, la clientela de este aparato oscilara en alrededor de 20 miembros.

En diciembre de 1919, Jose Allen fue de los impulsores principales del periódico del PCM, El Comunista, cuya directora fue Elena Torres y su Impresor Ferrer Aldana. Entre enero y febrero de 1920 el pequeño partido logró sumar a su endeble núcleo de dirección a una decena de nuevos militantes entre los que se contaban Carleton Beals, profesor y escritor norteamericano que ocupó funciones de tesorero y los cinco miembros de la recién fundada Juventud Comunista (6 de enero 1920) donde destacaban José C. Valades y Alfredo Stirner, socialista suizo afincado en el DF.

La rebelión de Agua Prieta, que se procesó durante los últimos meses de la campaña obregonista hasta su triunfo militar en mayo de 1920, desarticuló aún más al PCM, golpeado por las continuas bajas, pues convirtió al obregonismo en un poroso foco de atracción para políticos como Carrillo Puerto y Elena Torres, los dirigentes del Gran Centro Obrero Independiente y los dirigentes del Partido Socialista, que engrosaron sus filas.

Paralelo a la derrota del carrancismo, se desato un auge sin precedente de las luchas obreras de fábrica, rama y región. Este flujo de centenares de luchas y millares de huelguistas no favoreció en principio al aparato partidario del PCM dado su exterioridad al movimiento obrero. Aún más, el núcleo de dirección sufrió la deserción de Ferrer Aldana que se fue al agrarismo, de Carleton Beals, y la defección de Brewster quien vendió la información que manejaba como hombre del aparato al reaccionario diario Excélsior que inició con ella una compañía antibolchevique.

Con la llegada de Manuel Díaz Ramírez a la ciudad de México, el PCM parece cobrar un nuevo impulso. Su prensa se revitaliza, aparecen Vida Nueva y El Boletín Comunista. Díaz Ramírez, el peruano Urmachea y José C. Valades, los dos primeros con una notable trayectoria sindical en el grupo Antorcha Libertaria de Veracruz y en el sindicalismo panadero de Lima, impulsaron la formación de la Federación Comunista del Proletariado Mexicano (FCPM) en alianza con anarquistas y sindicalistas revolucionarios, constituyendo la única organización que salió al paso al auge de masas del delahuertista como opción de izquierda.

El Papel de José Allen en este proceso se revela en un informe a las autoridades norteamericanas, donde afirma que quiere renunciar a su cargo de secretario general del PCM porque «me hacen aparecer como figura principal» y reseña que he rehusado a hacerme cargo de la prensa del partido, dejando todo en manos de Manuel Díaz Ramírez». La inscripción del PCM en el movimiento sindical de masas hace que el informador infiltrado se espante ante su función como dirigente, obligándolo a protegerse en las actividades más grises del aparato partidario y rehuyendo todo contacto con el movimiento.

Mientras la reciente alianza entre el PC y los anarquistas que hacen sindicalismo cobra sus primeros éxitos al reunir tres mil trabajadores en el mitin de fundación de la PCM el 19 de septiembre de 1920, el esquizofrénico funcional José Allen no puede no puede ver en ello más que agitación pasajera. En un reporte fechado al día siguiente del gran mitin afirma, hablando de los «rojos»: «Yo, que estoy en contacto con todos ellos estoy seguro de que ninguno triunfará en organizar extensamente a los trabajadores que están desesperanzados, y más que eso desconfiados e inconstantes en todo. El entusiasmo dura poco y es, fácil de descorazonar, pero muy difícil si no imposible de mantener vivo».

En esos días, se producen las primeras sospechas sobre Allen. Haberman lo ve en un balcón el 16 de septiembre junto con un agente del servicio militar norteamericano, y avisa a los comunistas. La información no pesa demasiado porque Robert Haberman, un slacker que había frecuentado los círculos rojos y trabajado en el cooperativismo con Carrillo Puerto, está vinculado a Morones desde mayo de 1920.

Probablemente sea su debilidad e incapacidad ante el movimiento en ascenso, más que por las sospechas que sobre él pesan, lo que hace que en febrero de 1921, el primer pleno ampliado del CC del PCM lo releve del cargo de secretario general, formando un secretariado tripartito en el que Allen comparte cargos con Valadés y Díaz Ramírez.

El ascenso revolucionario en el movimiento sindical conduce a un nuevo proceso unitario, ahora de carácter nacional donde la FCPM confluye con fuerzas anarquistas, anarcosindicalistas y sindicalistas revolucionarias, así como con núcleos comunistas de provincia, en la fundación de la Confederación General de Trabajadores (CGT). Al inaugurarse el congreso fundacional el 15 de febrero de 1921, el recién reincorporado Frank Seaman representará al PCM, Valadés y Díaz Ramírez al aparato sindical de la FCPM, mientras que Allen se limitará a representar al inexistente grupo cultural Vida Nueva con voz pero sin voto.

Muestra de su actitud en esos momentos es el informe al agregado militar de la embajada de EU, donde Allen se refiere al Congreso Fundacional de CGT: «en las sesiones se espera que varios gobiernos, especialmente el americano y el de Obregón sean atacados. El comité comunista ha preparado esto (…) con una gran firmeza revolucionaria y el que esto escribe se ve obligado a oponerse a estas tendencias. Pero, si el que escribe ve que es posible zafarce de estas desagradables responsabilidades lo hará de seguro».

DEPORTACIÓN Y MUTIS

Poco daño pudo hacer Allen al Partido Comunista. Las tensas relaciones entre los gobiernos de Estados Unidos y México no propiciaban que fluyera información de los servicios secretos norteamericanos hacia los aparatos de Obregón y De la Huerta. Allen nunca colaboró con el gobierno mexicano. Su lealtad a Norteamerica paradójicamente impidió que hiciera verdadero daño a los comunistas mexicanos, aunque de rebote sus informes sobre comunistas norteamericanos que actuaron en México facilitaron la represión de éstos a su regreso a los Estados Unidos. En un absurdo de la historia, el agente Allen fue servidor (aunque menor y burocratizado) del aparato que había infiltrado. Así, Allen conoció de la presencia de Sen Katayama en México enviado de la Internacional Sindical Roja, y este hecho pasó absolutamente desapercibido por el gobierno mexicano.

En mayo de 1921, utilizando un pretexto baladí, el presidente Obregón desencadenó una intensa batida represiva contra los radicales extranjeros que participaban en los medios obreros mexicanos. El origen de la represión puede encontrarse en el malestar gubernamental frente a las luchas desencadenadas por en sus tres primeros meses de vida; en particular la conmoción creada por la huelga ferrocarrilera. Entre el 15 y 20 de mayo fueron detenidos y deportados Frank Seaman, los anarcosindicalistas españoles José Rubio y Sebastián San Vicente los slackers Martin M. Palley de la IWW y Walter Foertmayer. La represión ordenada por Obregón alcanzó a José Allen, cumpliendo su viejo anhelo de ser considerado como ciudadano norteamericano la madrugada del 18 de mayo; a pesar de sus protestas de haber nacido en el DF fue aprehendido y deportado junto con Foertmayer a Laredo, Tamaulipas.

El 20 de mayo, el embajador norteamericano Miller, telegrafió al Departamento de Estado preocupado por la detención de «el agente secreto de esta oficina José Allen». En el telegrama se reporta que en el momento de su detención Allen llevaba consigo su informe semanal para la embajada, mecanografiado aunque sin firma ni destinatario. Miller a quien el secretario privado de Obregón mostró los documentos, no sabia si el gobierno mexicano sospechaba del aparato de espionaje montado por esa embajada.

El día 21, Allen llegó sin novedad a Laredo conducido por el agente de las Comisiones de Seguridad, Luis G. I. Ontiveros, quien lo, entregó al jefe de la oficina de migración; este pactó con el departamento de Justicia de Estados Unidos la entrega de Allen a mitad del puente internacional.

El 23 de mayo, Allen fue interrogado en la cárcel del condado de Webb por W.A. Wiseman, quien para su sorpresa escuchó de labios del miembro del secretariado del PCM, una declaración donde éste afirmaba que era mexicano y que trabajaba desde 1918 para el agregado militar de la embajada norteamericana.(3) En una denuncia de 11 apretadas páginas delataba a 87 personalidades del amplio abanico que, para la paranoia oficial norteamericana, constituía el bolchevismo mexicano: de Calles, De la Huerta y Salvador Alvarado hasta los anarquistas Rubio y San Vicente, pasando por cromistas, dirigentes sindicales, slackers del grupo de Gale, miembros del Partido Socialista del Sureste, dirigentes de la CGT y de la IWW en México y militantes del PCM y la JC.

El interrogador, desconcertado, pidió confirmación al Departamento de Estado y puso a Allen a disposición de las autoridades militares. Allen fue entregado a los miembros del Servicio de Inteligencia Militar yanki y el 28 de mayo fue liberado por estos en Galveston mientras en México la Federación de Jóvenes Comunistas, protestaba por su detención.

Allen regresó a México, pero fue marginado del aparato del PCM. En un telegrama enviado a Obregón el 6 de septiembre de 1921, Allen informaba al presidente de la República que «a concecuencia de mi deportación errónea, perdí trabajo y carente de ingresos hace cuatro meses, familia expónese miseria» y solicitaba apoyo económico para sobrevivir. El inocente telegrama, estuvo a punto de costarle una segunda deportación, porque Obregón ordenó a Gobernación una nueva investigación expulsión, misma que se frenó al comprobar «Relaciones Exteriores la calidad de mexicano de Allen.

En diciembre de ese mismo año, un comité reorganizador convocaba al primer Congreso del PCM. Allen ya no aparecía entre los miembros de este comité ni entre los delegados del congreso que se celebró posteriormente.

                             ***

¿Conoció el PCM el carácter de agente norteamericano de José Allen?

En una entrevista realizada en 1981 por los autores, Rafael Carrillo Azpeitia, secretario del PCM dos años después de los hechos que se narran, afirmó que el PCM sabia de las actividades de Allen, aunque no precisó fechas ni niveles de información. Su marginación, a fines de 1921, tiene que haberse producido por uno de los motivos: por la autoeliminación del propio Allen, o por filtraciones de su confesión.

Parece ser que el rumor permaneció en el Partido Comunista (un miembro del Comité del DF a fines de los años 50, nos aseguró que el hecho era conocido vagamente entre los miembros de dirección), pero desdibujado por la mezcla de informaciones contradictorias. Pablo González Casanova afirma poseer una carta de José Allen redactada en Laredo, donde éste asegura que su declaración le fue arrancada por la fuerza y que los norte americanos lo habían liberado para levantar sobre él una oleada de sospechas No conocemos el documento, pero dada la copiosa información obtenida por los autores, parte de la cual se cita en esta nota, es indudable que se trata de una cortina de humo tendida por el propio Allen.

A pesar de todo, el PCM no arrojó a Allen por la borda, y éste aunque discretamente, permaneció en su santoral durante decenas de años. En 1944, al cumplirse el 25 aniversario de la fundación del PCM, La Voz de México publicó un artículo conmemorativo escrito por Allen.

NOTAS.

(1) Podemos afirmar que las relaciones con el gobierno carrancista no le fueron extrañas a Gale, quien mantuvo nexos cordiales con Aguirre Berlanga, secretario de Gobernación, y defendió la política antinorteamericana de Carranza en editoriales de su revista. Roy tampoco queda al margen de este tipo de vínculos, en sus memorias reconoce haber tenido frecuentes charlas con prohombres del Carrancismo, y particularmente con el secretario de Trabajo Plutarco Elías Calles Frank Seaman y los socialistas norteamericanos de la página en inglés de El Heraldo tenían relaciones amistosas con el general Salvador Alvarado y los socialistas michoacanos con el destacado constitucionalista Mújica. Las diversas corrientes de la izquierda representadas en el Congreso habían mantenido contactos con los cuadros de la revolución constitucionalista, lo que no necesariamente implicaba una subordinación de sus planteamientos políticos.

(2) La mala conciencia de los historiadores comunistas mexicanos respecto a los métodos fraudulentos con los que nació el PCM ha producido versiones tan encontradas como cínicas: Lino Medina («La fundación y los primeros años del PCM», Nueva Epoca, abril-mayo 1969), convierte la reunión secreta de una minoría, en «Conferencia Nacional del Partido» que rectificó el nombre y constituyó formalmente el Partido»; Dionisio Encina «La revolución socialista de octubre y su influencia en el desarrollo del movimiento revolucionario de México», Liberación no 8, nov-dic 1957) la bautiza «Asamblea Plenaria del Comité Nacional con la asistencia de un representante de la IC»; la misma versión magnificada produjo Mario Gill, pero agregando con verdadera alevosía que «la reunión acordó por aclamación el cambio de nombre» (México y la Revolución de Octubre, p. 22).

Más tarde, aquel acto de clandestinaje, apadrinado por Borodin, se ha convertido en «Primer congreso del Partido Nacional Socialista» (Gerardo Peláez, PCM Sesenta años de historia, UAS p. 15) En lo que es el colmo del fraude doctrinario, la reunión resulta para la historiadora soviética I. Vizgunova, «la unión del movimiento obrero mexicano con el marxismo» y «una etapa cualitativamente distinta en la historia del movimiento obrero» (La situación de la clase obrera en México Ediciones de Cultura Popular, México 1980, p. 133).

(3) El historiador inglés Barry Carr, fue el primero en señalar públicamente el carácter de Allen como agente norteamericano. Los autores, en una investigación paralela, descubrieron en septiembre de 1980 la confesión de Allen en los papeles del Departamento de Justicia de los Archivos Nacionales de Washington. Nuevamente Carr, se nos adelantó al publicar en Nexos No. 40 (abril de 1981 «Los orígenes del PCM») una referencia al tema. A principios de este año pudimos obtener los materiales adicionales del Servicio de Inteligencia Militar que confirmaban sin lugar a dudas la culpabilidad del secretario general del PCM y fueron contrastados con materiales en poder de los autores tiempo atrás, que permitían la confirmación definitiva.

(4) El grupo de Gale, PCdeM, contaba en octubre con un máximo de 40 miembros agrupados en la local del DF y comenzaba apenas a operar en Tampico («What the Mexican comunists are doing?» Gale’s, nov. 1919). El PCM no tenía ninguna organización de base y sus escasos miembros se encuadraban en el Comité Nacional y en el Bureau Comunista Latinoamericano, no pudiendo pasar de un par de docenas. El PSM había quedado desmantelado, reducido a un pequeño grupo en torno a Cervantes López y el periódico El Socialista.

(5) Según Allen, Carleton Beals se había robado los fondos dejados al PCM por Roy Brewster, según testimonio de Julio García era además un conocido lenón y, llegó a ser agente del Departamento de Estado Norteamericano mendingando que se le perdonara su pasado de slacker.

(N. de la R. El presente artículo, venía acompañado de un extenso aparato de notas y referencias -52 en total- que aquí se omiten por razones de espacio Los interesados podrán consultarlas en las oficinas de Nexos o directamente con los autores).