Quienes pensamos que el arte del siglo XIX se limita a samaritanos y Redentores, a Isabeles cuerdas o locas, a Colones y Jasones tiesos, pretensiosos, cursis y poco originales —por lo menos antes de que vinieran a salvarnos los paisajes de Velasco y la autenticidad de Hermenegildo Bustos— estamos muy equivocados.
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