La indignación que nos da —o no— el atropello de derechos humanos es tristemente sensible al poder del atropellante. Así, los atropellos se tienden a normalizar si corren a cargo de algún Estado poderoso, que retratará siempre sus acciones como actos orientados a la lucha contra el crimen. Es debido a este proceso de normalización del abuso estatal que las juntas militares de Guatemala o de Chile mantuvieron archivos documentando sus atrocidades —finalmente, según ellas, se trataba de actos que contraponían la ley al caos o al desorden. Por eso, también, los Estados Unidos de George W. Bush pudieron legalizar la tortura en sus bases militares, y todavía pretender presentarse ante el mundo como defensores de los derechos humanos. Mientras más poderoso es un Estado, más sencillo es que sus crímenes pasen como actos de ley.

Aun así, no deja de sorprender la falta de escándalo y el grado de normalización que ha habido respecto del trato que en China se le está dando a la minoría uigur. Los uigures son un grupo étnico de fe musulmana, cuya sede original es la provincia de Xinjiang, en el occidente de China, donde son mayoría, con 11 millones de individuos. La rispidez entre los uigures y la etnia dominante de China, los han, comenzó a acentuarse hace unos 25 años, a raíz de la política de colonización del gobierno, que promueve la presencia de la etnia dominante, han, en Xinjiang, para con ella evitar que esa provincia sea dominada por sus nativos.  Las tensiones entre hanes y uigures parten, entonces, de una política de colonización que tiende, al igual que en el Tibet, a asegurar el control territorial chino sobre un territorio cultural e históricamente no-chino, a través del poblamiento del territorio con su etnia dominante, y la asimilación subsecuente de los uigures a China, ya como minoría étnica. Se trata, en otras palabras, de una política de colonización imperial común y silvestre, comparable a lo que hizo la URSS con su política de rusificación de las provincias del Báltico, lo que ha hecho Turquía en la región kurda, y lo que hace Israel en la ribera occidental. Estos son apenas algunos ejemplos de una política que tiene un largo “etcétera”.

Ilustración: Patricio Betteo

Lo que llama la atención del caso chino, eso sí, no es la singularidad de su visión neocolonial, sino la escala de la coerción que conlleva este proyecto, que ha sido denunciada en semanas recientes por Human Rights Watch como la mayor reubicación forzada de la historia reciente de China, después de la Revolución Cultural (1966-1976). Por otra parte, llaman la atención, también, la falta de libre acceso a la información para documentar cabalmente el caso, así como las magras consecuencas diplomáticas y de opinión que hasta ahora han acarreado estos actos, cosa que habla del poderío chino, y de lo poco que importa hoy el destino de minorías étnicas como los uigures.

El endurecimiento de la política neocolonial china en Xinjiang se dio a partir de los disturbios de 2009 en Urumqi (3.5 millones de habitantes), provocados por la represión policial contra uigures, las inhibiciones de las manifestaciones de la fe islámica, y porque los colonos percibían sueldos mayores a los uigures, y se habían constituido en el grupo étnico dominante en esa capital. Uno de aquellos disturbios arrojó un saldo de 197 muertos y casi dos mil heridos, y a partir de entonces el gobierno hizo lo que pudo por convertir a Xinjiang en una “zona de silencio” —controlando telefonía celular e internet— mientras apuró la reubicación de uigures y la colonización han de Xinjiang.  Este proceso se intensificó radicalmente después de 2012, con el ascenso de Xi Jinping, y sobre todo ha empeorado en los últimos años, y ha ido de la mano de lo que podríamos llamar “colonialismo con características chinas”: envíos forzosos de la población renuente a campamentos de reeducación, y campañas de propaganda y de intimidación contra los llamados “dos-caras” (uigures que supuestamente se presentan como prochinos, pero que apoyan secretamente el separatismo islámico).

Las “características chinas” de esta política neocolonial son prácticas de represión masiva que fueron desarrolladas durante la llamada Revolución Cultural, cuya historia atroz de campos de “reeducación” es bien conocida. En el caso de los uigures los campamentos de reeducación llevan clases diarias y obligatorias en que se jura lealtad al Partido Comunista Chino, se estudia la cultura china como si fuera doctrina, y se hacen denuncias de algunas características antisociales del islam. Muchos de los presos fueron “desaparecidos”, y sus amigos  parientes no saben dónde están, como es el caso de la reconocida antropóloga Rahile Dawut, desaparecida en agosto. La Dra. Dawut es una etnóloga abocada al rescate de la cultura tradicional de su pueblo. El acto de desaparición forzada y envío a un campo de reeducación tendría su equivalente en México si el gobierno desapareciera a don Alfredo López Austin y lo mandara a un campo de reeducación por fomentar el panteísmo azteca.

China siempre inhibe a sus críticos en el extranjero exigiendo respeto absoluto a su soberanía. Es lo que ha hecho respecto de su política neocolonial en el Tibet, y cualquier mandatario que quiera recibir al Dalai Lama sabe de antemano que enfrentará la ira del gobierno chino. Sin duda habrá poca reacción en América Latina ante los actos de opresión neocoloniales de China en Xinjiang. El caso de los uigures pone de relieve la complicidad íntima que existe entre el nacionalismo y el colonialismo.

 

Claudio Lomnitz
Profesor de antropología de la Universidad de Columbia. Es autor de La nación desdibujada. México en trece ensayos y El regreso del camarada Ricardo Flores Magón, entre otros libros.

 

Un comentario en “La represión de los uigures

  1. Yo solamente matizaría que no solo en el caso de los uigures se nota la complicidad íntima entre el nacionalismo y el colonialismo, y es mas, me atreveria a decir que a nivel mundial la complicidad es NAZI-onal imperialista (supremacista, clasista).

    “Me llaman pirata porque solo tengo una barca … Si tuviera una flota me llamarían conquistador”