En un universo paralelo en el que nexos compartiera espacio en la sección de las revistas de salud es seguro que cada mes nos toparíamos en sus páginas con títulos como: “Corre para alejarte de la muerte” o “Ejercicios que alargan tu vida” o “La rutina antienvejecimiento de ______ [escriba aquí el nombre del protagonista de la más reciente película de superhéroes]”. Nada que objetar, en principio, pues es abrumadora la evidencia que apoya la influencia de la actividad física en el incremento en nuestra calidad y esperanza de vida, pero…

Sin ánimos de estereotipar a nuestros lectores y considerando que es posible que, sin descuidar su bienestar físico, abunden entre ellos quienes tienen la esperanza de vivir el resto de su existencia privilegiando un solo tipo de células (las del cerebro), quizás sea conveniente saber si, por ejemplo, como actuales o futuros escritores la estadística está de su lado para quienes desean convertirse en los decanos de la literatura de este siglo.

En este sentido, en abril de 2014 los oncólogos Vladimir Anisimov y Gennady Zharinov determinaron la edad promedio a la que murieron 49 mil 65 (45 mil 338 hombres y tres mil 726 mujeres) representantes de varias de las por ellos consideradas “profesiones creativas”: escritores, artistas visuales, músicos y científicos;1 en cada uno de estos rubros incluyeron diferentes categorías y especializaciones, que no desmenuzaremos por entero tanto por razones de espacio como por la posibilidad de que el porcentaje de posibles lectores interesados en saber en cuánto difiere la edad promedio de la muerte (EPM) de un arpista en relación con la de un clavecinista (u otras menudencias parecidas) sea cercano a cero.

Como la muestra de Anisimov y Zharinov se extiende desde el siglo I y hasta el año 2013, los autores pudieron notar un incremento continuo en la EPM de los artistas; el límite inferior pasó de 63 años en promedio para ambos sexos durante los tres siglos anteriores al XX, a 72 años (hombres) y 74 años (mujeres) para aquellos nacidos después de 1900; y aunque una década más de vida no es nada despreciable, las científicas mejoraron aún más, pues su EPM en mujeres nacidas en el siglo XX, comparada con la quienes nacieron en los siglos XVI y XVII, tuvo el mayor aumento de todas las categorías: 17 años (el aumento en EPM de los hombres en este rubro fue igual al de los artistas).

Los únicos que empeoraron desde 1900, luego de haber disfrutado de una mejora ligera pero sostenida durante el siglo XIX, fueron los músicos, si bien la disminución en la EPM promedio de este grupo se debe a los músicos pertenecientes a géneros distintos a la música clásica (en especial el rock) y abundaremos en ello dentro de unos párrafos.

Ilustración: Oldemar González

Con relación a la longevidad, nada sorpresivo es que, al igual que fuera de la esfera de las profesiones creativas, las mujeres viven más que los hombres, sobrepasando a sus contrapartes por 1.9 (músicas), 3.7 (escritoras), 4.4 (artistas visuales), 5.5 (científicas) y, considerando todas las categorías, tres años en promedio. Los triunfadores en este duelo de longevidades fueron los científicos, quienes viven en promedio 6.3 años más que los menos favorecidos de todos: los escritores y, de entre éstos, los poetas, a quienes hay que culpar de tan pobres resultados (al menos en el estudio de Anisimov y Zharinov, en el que constituyen un 67.8% de los escritores considerados).

Y es de nuevo entre los científicos donde se presenta la mayor proporción de mujeres y de hombres que han vivido más de nueve décadas, con un 17.9% de nonagenarias (o mayores) y un 7% de nonagenarios (o mayores). Ya no debe asombrarnos enterarnos de que el menor porcentaje de nonagenarios (o mayores) se encuentra nuevamente entre los escritores (9.4% y 3.8% en hombres y mujeres, respectivamente, poco más que la mitad que en científicos).

 

Las cifras mostradas por Anisimov y Zharinov indican que, si queremos no sólo llegar a viejos sino permanecer en esa categoría durante un buen tiempo, la poesía y el rock no son las mejores opciones a la hora de elegir una profesión artística o científica.

Sobre la comparativamente breve vida de los poetas en relación a sus colegas de letras existen estudios de hace más de 40 años que resaltan este hecho, pero fue hasta principios del presente siglo que investigadores como el psicólogo James C. Kaufman lo atribuyeron, entre otras posibles razones, a que existe una fuerte asociación entre introspección y depresión: aquellas personas que son más introspectivas son las más susceptibles de deprimirse, y son precisamente los introspectivos quienes en mayor medida se ven más atraídos por la poesía que por otros géneros literarios.2

Una segunda condición —compartida con los escritores de ficción— que favorece la depresión en poetas es que éstos tienden a trabajar en aislamiento (a diferencia de los dramaturgos, que necesitan trabajar con directores y actores, y de los escritores de no ficción, que necesitan entrevistar o interactuar con quienes proveen de material para su historia). Y la depresión es, a final de cuentas, un trastorno mental que ocasiona una disminución en la longevidad, además de incrementar el riesgo de suicidio. Esto no necesariamente implica, como bien advierte Kauffman, que leer poesía pueda ser nocivo para nuestra salud.

Con respecto a los rockeros, el experto en salud pública Mark. A Bellis y sus colegas determinaron la EPM de mil 64 músicos famosos de Estados Unidos y Europa, en los géneros de rock, punk, rap, R&B, electrónica y new age, desde el año del primer éxito de Elvis Presley (1956) hasta 1999, año del primer éxito de Marshall Bruce Mathers III (mejor conocido como Eminem).3 Para entonces 100 de estas estrellas habían muerto (7.3% mujeres y 9.6% hombres); un cuarto de estas muertes se debieron al consumo crónico o a sobredosis de drogas y alcohol. Durante un periodo de dos a 25 años posteriores a alcanzar la fama, el riesgo de mortalidad de estos músicos fue de dos a tres veces el experimentado por el resto de la población.

Es cierto que la profesión de rockero está lejos de ser la escalera al cielo de la que nos hablaba Led Zeppelin (sobre todo si consideramos que John Bonham, su baterista, se ahogó atragantado por su vómito, después de haber bebido vodka durante 12 horas seguidas) pero su elección tampoco nos lleva forzosa y directamente por la autopista al infierno cantada por AC/DC, dado que, después de 25 años de fama, al menos en los artistas europeos los niveles de mortalidad comienzan a retornar a los niveles exhibidos por el resto de la población. En los artistas estadunidenses esto no ocurre así, pero las causas no están identificadas por completo; aunque podría deberse a un mayor estrés asociado a la continua atención de los medios por todo lo que tiene que ver con la vida de Eminem & Co. en y fuera del escenario.

 

Si a estas alturas de la vida uno ya está convencido de que ser poeta o rockero es en verdad lo nuestro, tenemos entonces la esperanza de ver incrementada nuestra expectativa de vida si, como Bob Dylan o Tomas Tranströmer, nos hacemos acreedores a un premio Nobel. La razón es que existe una asociación entre un estatus social alto (debido, entre otros factores, a una escolaridad o a un ingreso económico altos) y un incremento en la longevidad. Varios estudios muestran que, por ejemplo, pacientes con altos niveles de educación tienen telómeros4 más largos que personas con niveles de educación más bajos.5

Aunque algunos podrían argüir que, más que el reconocimiento en sí, es el dinero que acompaña al Nobel el responsable del aumento en la longevidad de los ganadores, el hecho de que el valor real del premio ha tenido fluctuaciones importantes con el paso del tiempo permitió que los economistas Matthew D. Rablen y Andrew J. Oswald determinaran que, en el periodo de 1901 a 1950, haber sido galardonado con el Nobel se tradujo en una reducción del 32% en su mortalidad con respecto a aquellos científicos que sólo fueron nominados al premio.6 Este resultado confirma la relación mayor estatus social=mayor longevidad que ya había sido determinada con ganadores del premio Oscar, en cuyo caso la reducción en la mortalidad fue de 28% (o, si se prefiere, en una ganancia de unos dos años de vida para Mario Molina, o de casi cuatro para Meryl Streep y otros afortunados).7

De vuelta con Anisimov y Zharinov, los autores concluyen que el trabajo creativo realizado de manera intensiva por artistas y científicos es un factor que contribuye al incremento en su longevidad. Descontando las situaciones de alto riesgo a las que se enfrentan los rockeros, tenemos que actualmente músicos, artistas visuales, escritores y científicos viven un promedio de años que, como mínimo (65 años) es notablemente mayor que el resto del mundo (46.7 años en 1990, 59.3 años en 2013).8

¿Qué pasará en el caso de los divulgadores científicos, esos ornitorrincos de las ciencias y humanidades (mezcla de científicos y escritores) considerados por más de uno como los patitos feos en ambos terrenos (ni científicos ni escritores)? Por desgracia, aún no nace el estudio que muestre si los divulgadores obtienen lo mejor o lo peor de dos mundos en cuanto a longevidad se refiere. En tanto ello pasa, ¡larga vida a científicos y artistas!

 

Luis Javier Plata Rosas
Doctor en oceanografía por la Universidad de Guadalajara. Sus más recientes libros son: La ciencia y los monstruos. Todo lo que la ciencia tiene para decir sobre zombis, vampiros, brujas y otros seres horripilantes y El océano tiene onda. Una obra de ciencia ficción.


1 Anisimov, V.N. y G.M. Zharinov, Lifespan and longevity among representatives of creative professions. Advances in Gerontology, 4(2), 2014, pp. 83-94.

2 Kaufman, J.C., “The cost of the muse: Poets die young”, Death Studies, 27, 2003, pp. 813-821.

3 Bellis, M.A., T. Hennell, C. Lushey, K. Hughes, K. Tocque y J.R. Ashton, “Elvis to Eminem: quantifying the price of fame through early mortality of European and North American rock and pop stars”, Journal of Epidemiological Community Health, 61, 2007, pp. 896-901.

4 Los extremos de los cromosomas; su longitud predice cuántos años viviremos.

5 Ver, por ejemplo: Steptoe, A., M. Hamer, L. Butcher, J. Lin, L. Brydon, M. Kivimäki, M.G. Marmot, E. Blackburn y J. Erusalimsky, “Educational attainment but not measures of current socioeconomic circumstances are associated with leukocyte telomere length in healthy older men and women”, Brain Behavior and Immunity, 25(7), 2011, pp. 1292-1298.

6 Rablen, M.D. y A.J. Oswald, “Mortality and immortality: The Nobel Prize as an experiment into the effect of status upon longevity”, Journal of Health Economics, 27(6), 2008, pp. 1462-1471.

7 Redelmeier, D.A. y S.M. Singh, “Survival in Academy Award-Winning Actors and Actresses”, Annals of Internal Medicine, 134, 2001, pp. 955-962.

8 “Mortality and causes of death collaborators, global, regional, and national age-sex specific allcause and cause-specific mortality for 240 causes of death, 1990-2013: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2013”, The Lancet, 385(9963), 2015, pp. 117-171.