Tres lecciones kafkianas

¿Se ha sentido alguna vez el lector, luego de un sueño intranquilo, tan ajeno del resto de la humanidad, tan incomprendido, e incluso tan repugnante para sus propios familiares como un insecto? ¿Trabaja por horas frente a un monitor, capturando cifras provenientes de quién sabe dónde para conseguir quién sabe qué, o realizando alguna otra tarea rutinaria sin aparente sentido hasta el fin de los tiempos (o hasta el día de la jubilación)?

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