Por aquí pasó la misteriosa uña del enigma.
Es tarde. Dormiré, antes de releer el mundo
y comprenderlo. Pero hasta que no despierten,
nadie puede como yo tocar a quien amo.

Cómo te conmovía. Con el cobre de mis labios
te conmovía, como una tragedia a la sala.
El beso era como el verano. Se demoraba, se demoraba.
La tempestad se desencadenaba más tarde.

Bebía como los pájaros. Sorbía hasta perder el sentido.
Las estrellas se escurrían gargantas abajo,
y los ruiseñores torcían los ojos estremeciéndose,
vaciando gota a gota el firmamento nocturno.

 

Fuente: Poesías y otros escritos. Traducción de Vicente Gaos con la colaboración de Pavao Tijan. Ediciones Guadarrama, Madrid, 1959.


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