1

Pushkin era un poeta, y todo el tiempo estaba escribiendo algo. Una vez Zhukovski lo encontró escribiendo y le gritó: “¡De veras que eres un escribano!”.

De ahí en adelante. Pushkin se encantó con Zhukovski y de cariño le decía simplemente Zhukov.

2

Como se sabe, a Pushkin no le crecía bien la barba. Esto lo molestaba mucho y siempre envidió a Zajarin, quien por el contrario tenía una barba apropiadísima. “La suya crece y la mía no”, se quejaba Pushkin con frecuencia, señalando a Zajarin con el dedo. Y cada vez estaba en lo cierto.

3

Una vez Petruchevski rompió su reloj y mandó buscar a Pushkin. Pushkin vino, miró el reloj de Petruchevski, y lo regresó a la silla. “¿Qué opinas, hermano Pushkin?”, preguntó Petruchevski. “El mecanismo se detuvo”, dijo Pushkin.

4

Cuando Pushkin se quebró las piernas, andaba en una silla de ruedas. Sus amigos se divertían a costillas de Pushkin y detenían las ruedas. Pushkin se enojó y escribió poemas en los que escarnecía a sus amigos. A estos poemas los llamó “serpigramas”.

5

Pushkin pasó el verano de 1829 en el campo. Se levantaba muy temprano en la mañana, bebía un jarro de leche y corría a bañarse en el río. Después de bañarse en el río, Pushkin se tiraba sobre el pasto y dormía hasta la hora del almuerzo. Después del almuerzo Pushkin se dormía en su hamaca. Cuando se encontraba a campesinos que olían mal. Pushkin los saludaba inclinando la cabeza y se tapaba la nariz con los dedos. Los campesinos que olían mal se quitaban sus gorras y decían: “No es nada”.

6

A Pushkin le encantaba lanzar piedras. Apenas veía una piedra, la lanzaba. A veces se excitaba tanto que seguía sin parar, con la cara enrojecida, ondeando los brazos lanzando piedras; algo simplemente bochornoso.

7

Pushkin tuvo cuatro hijos, todos idiotas. Uno ni siquiera podía sentarse en la silla y se caía todo el tiempo. El mismo Pushkin también se sentaba mal en la silla. Era para morirse: en un extremo, Pushkin cayéndose de la silla continuamente; en el otro extremo, su hijo. Suficiente para que uno se revolcara de la risa.

 

Fuente: Nexos, noviembre de 1996.


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