Si tienes un hijo o alguna hija inclinado a la locura de Escribir, te ruego que lo disuadas con mi ejemplo de las mortificaciones que acompañan invariablemente a ése acto. No me refiero a las molestias triviales que puede ocasionar el reseñismo injusto y mal intencionado -aunque es algo para tomarse en cuenta- sino a las mortificaciones que pueden esperar de sus amigos y cercanos. Soy un aficionado a tal acto, y ocasionalmente no puedo resistirme a exponer mis pensamientos en publicaciones periódicas. Fui el principal colaborador de La revista(***), mientras duró, bajo la firma de OLINDO. Todos mis amigos adivinaban, o de hecho sabían, quién era OLINDO; pero yo nunca supe de uno que no experimentara placer mientras fingía ignorarlo. Alguno me preguntaba si había leído ese atinado artículo en la revista*** de este mes (y aquí yo empezaba a parar los oídos) firmado por "ZEKIEL HOMESPUN". (Y aquí mis oídos se bajaban de nuevo.) Otro elogiaba los versos de "X,Y.Z"; otro se ponía de pie por "El Gitano Desarraigado", un cuento en prosa largo y digresivo, con toda la extensión y nada de la nobleza y efusión de alma de A...n C...m como para recomendarlo. Pero nunca, en ningún momento, se mencionó a OLINDO. En ese entonces llegué a deslizar insinuaciones, a sonsacar (como se dice vulgarmente) hasta que el corazón me dolía, para arrancarles una migaja de reconocimiento. De por sí en las artes había descendido hasta lo más bajo, a la categoría animal de un autor, quien es efectivamente la más infima de las criaturas celestiales, y mi vanidad se volvía contra mí mismo, insatisfecha, para golpearme. Cuando ya no podía soportar su silencio y me aventuraba a preguntarles qué les había parecido "tal texto", un frío "Ah, ¿era tuyo?" es lo más que llegué a obtener de ellos. Un compañero se sienta esta mañana en mi escritorio, revisa The New Times de cabo a rabo, y sé que a propósito esquivará este artículo, porque sospecha que soy LEPUS. Estoy tan seguro de esto, y de su propósito deliberado de atormentarme, que no tengo el menor problema en incluirlo aquí -sabiendo que él no lo leerá- porque ya puedo presentirlo. Tiene dos modos de hacerlo. "La revista*** está divertidísima este mes. Anticlericus entrega cosas formidables, el Viejo Pastelero está en su mejor momento", y por el estilo. O la misma revista está "incomprensiblemente aburrida este mes", sobre todo cuando OLINDO colabora con un articulo mejor o más largo que de costumbre, De vez en cuando publico un libro. En el momento de su novedad, en su luna de miel, digamos -cuando orgullosamente acabo de colocar a mi vástago en mis propios estantes, en compañía de sus mejores-, un amigo caerá por aquí preguntándome si no tengo algo nuevo; luego eludiendo el mío cuidadosamente, bajará de los estantes The Angel of the World o Barry Cornwall, y me suplicará que se lo preste. "Le interesan particularmente las novedades". Pero siempre que la novedad no sea yo. A una señora le presté una novelita mía, algo que cuando más se llevaba dos horas de lectura, y me lo regresó después de guardarlo durante cinco semanas, con la disculpa de que tenia "muy poco tiempo para leer". Tenía marcas de lectura en todas las hojas menos una -justamente en el punto climático de lo que yo había concebido como una catástrofe impaciente. Oh, si tú escribes, querido lector, mantén el secreto lo más lejos que puedas de tus amigos cercanos. No dejes que tu propio padre, hermano o tío lo sepan: ni siquiera tu esposa. Conozco a una señora que se enorgullece de "no haber leído nada de lo que su esposo ha publicado", aunque se traga a cambio toda la basura que se le pone enfrente; y no obstante su esposo es un autor públicamente respetado, y en particular ha escrito varias novelas que gozan de alta estimación. Escribe y todos tus amigos te odiarán; todos empezarán a sospechar de tí. ¿Eres feliz dibujando a un personaje? No se lo muestres a los tuyos. A ninguno de tus conocidos, porque supondrán que te referías a él o a ella -no importa qué tan lejos estén de tu personaje. Aunque lo pongamos diametralmente distinto, su fantasía extraerá de él algunas líneas de, semejanza. Perdí un amigo, invaluable, por mostrarle el retrato caprichoso de un avaro. El mismo se distingue por su generosidad, incluso al grado de no dar importancia a los asuntos de dinero; pero había ahí una expresión, sacada de Juvenial, sobre un ático, sobre un lugar para alimentar pichones; y mi amigo cría pichones. Hasta hoy, todas las aguas del Danubio no podrían sacarle de la cabeza que con mi avaro no estaba haciendo reflexiones sobre él. Por último. ninguna criatura persigue tanto el aplauso, ni está tan hambrienta y famélica por él, que un autor: nadie tan compadecible y tan poco compadecido. Se eleva a sí mismo en prima facie como algo diferente de sus cófradas y ellos nunca se lo perdonan. Es la fábula de los pajarillos increpando al pájaro de Pallas.
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