Este texto es una colaboración entre Nexos y Oraculus.

El segundo debate presidencial fue extraño. Además del formato utilizado, inédito en el contexto mexicano, la forma en que interactuaron los candidatos y moderadores durante poco más de dos horas fue muy peculiar.


Ilustración: Víctor Solís

Los cuatro candidatos presidenciales que aún están en la carrera dijeron más palabras que en el primer debate. En un extremo, José Antonio Meade, candidato de la coalición Todos por México, pronunció 3,655 palabras (385 más que en el primer debate). En el otro, Andrés Manuel López Obrador, abanderado de la coalición Juntos Haremos Historia, dijo 2,484 palabras (417 más que en el primero).  En medio están Ricardo Anaya, de la coalición Por México al frente (3,249 palabras) y el candidato independiente Jaime Rodríguez, El Bronco (3,110 palabras).

En principio, estos resultados parecerían lógicos ya que en este segundo debate cada candidato contó con hasta 25 minutos tanto para expresar sus opiniones y atacar a sus rivales, como para responder a preguntas y cuestionamientos (en el primer cada uno tuvo 19 minutos).

Pero si se considera el número de palabras por minuto pronunciadas por cada candidato en uno y otro debate, los datos indican que la eficiencia de los cuatro presidenciables fue notablemente menor. El Bronco fue quien registró la mayor caída: pasó de 160 palabras por minuto en el primer debate, a 124 en el segundo. Le siguen Ricardo Anaya (de 161 a 130 palabras por minuto) y Meade (de 172 a 146). Si bien López Obrador fue el candidato con la menor disminución (pasó de 109 a 99 palabras por minuto), también es el candidato que tuvo el menor número de palabras por minuto en el primer debate.1

¿Qué explica este cambio, particularmente si consideramos que ambos debates duraron prácticamente lo mismo?2 Parte de la respuesta tiene que ver con el formato. En un hecho inédito y sin duda positivo, seis ciudadanos hicieron un número igual de preguntas a los candidatos. En total, estas preguntas fueron formuladas utilizando 627 palabras. Podría argumentarse también que en este debate la voz en off consumió un poco más de tiempo, pues pronunció 2.2 veces más palabras que en el primero (148 vs. 67).

Sin embargo, los datos sugieren que el factor más importante fue la actuación de los moderadores del segundo debate. Mientras que Yuriria Sierra pronunció 2,606 palabras, León Krauze dijo 2,340. Puesto en términos comparados, Sierra y Krauze mencionaron más palabras que Sergio Sarmiento (1,044), Azucena Uresti (1,580) y Denise Maerker (1,887), tanto de forma individual como conjunta (4,946 vs. 4,511).

Y si los comparamos con los candidatos presidenciales, Sierra pronunció más palabras que López Obrador (2,606 vs. 2,484), y la cifra de Krauze fue apenas menor (2,340).

Además del rol de los moderadores, el segundo debate tuvo otro elemento extraño. A pesar de que las preferencias electorales no cambiaron gran cosa desde el 20 de abril,3 en este segundo debate Anaya y Meade aumentaron la frecuencia de los ataques entre sí y disminuyeron sus cuestionamientos al puntero López Obrador.

Para ilustrar este punto, el siguiente diagrama de red muestra cuántas veces un candidato mencionó por su nombre (o parte de) a los otros candidatos. Cada punto representa un candidato y cada línea la mención de un candidato por otro. El tamaño de los puntos es proporcional al número de veces que ese candidato fue mencionado por los otros y el mismo y el tamaño de las líneas es proporcional al número de veces que un candidato mencionó a otro.

Mientras que en el primer debate tanto Anaya como Meade mencionaron a AMLO en 21 ocasiones, en el segundo estas cifras disminuyeron a 15 y 11, respectivamente. En contraste, si bien en el primer debate Anaya mencionó a Meade en dos ocasiones y este último al panista en una, en el segundo debate Anaya mencionó cuatro veces a Meade y este le respondió con tres menciones. 

Quizá uno de los pocos datos que hacen más sentido en este segundo debate es el cambio en la estrategia de López Obrador en torno a cómo reaccionar frente a los cuestionamientos de sus adversarios, particularmente los de Anaya. En contraste con el primer debate, donde el tabasqueño sólo mencionó en una ocasión el nombre del panista, en el segundo lo hizo en siete, y en varias de estas ocasiones lo hizo utilizando adjetivos como “farsante” y “canallín”.

En suma, los datos del segundo debate revelan contrastes significativos y difíciles de anticipar respecto al primero. Toca ahora esperar al tercer y último debate para analizar posibles cambios en las estrategias de los cuatro candidatos presidenciales y, en consecuencia, en sus  discursos.

 

Juan Ricardo Pérez-Escamilla González es Director General de Central de Inteligencia Política y socio fundador el portal Oraculus.

Sebastián Garrido es profesor-investigador del Laboratorio Nacional de Políticas Públicas (LNPP) en el CIDE y Catedrático Conacyt.


1 Estas métricas consideran el número total de minutos que cada candidato podía utilizar para hablar, no el número efectivo de minutos utilizado por cada candidato para hacerlo.

2 El primero duró un poco más de 2:04 horas y el segundo 2:02 horas.

3 De acuerdo con el Poll-of-polls de Oraculus, el 20 de abril la intención de voto para López Obrador era de 43%, para Anaya de 29% y de 21% para Mead. Al 21 de mayo, la intención de voto para AMLO era de 44%, la de Anaya de 29% y la de Mead de 20%.

 

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