Para Juan Rulfo, y para cualquiera que resulte así beneficiado, es mejor un homenaje envida que todos los honores póstumos. Sin embargo, para quien ha hecho de la circunspección una, norma de vida, ha de parecer risible el concurso de los elogios que sin recato, todas las figuras del mundillo de la cultura están empeñadas en ganar. Las loas, que puede merecer Rulfo, tratan de reparar con el exceso lo que antes fue silencio deliberado.
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