A quien nos lee,
si quieres apoyar nuestro trabajo te invitamos a suscribirte a la edición impresa.

SUSCRÍBETE

Siglo XXI Editores, México, 1979.

LA SEÑORA ROBINSON CONTRA LOS RINOCERONTES.

A todos los economistas les es familiar el nombre de Joan Robinson desde su primer libro Economía de la competencia imperfecta, publicado en 1932, hasta el que ahora se reseña, publicado en inglés en 1978. La señora Robinson ha participado en todas las discusiones importantes en el terreno de la teoría económica y en varias polémicas relativas al marxismo. Aunque su producción científica es fundamentalmente económica Joan Robinson ha escrito también materiales políticos, como su importante trabajo sobre la revolución cultural china (Monte Avila, 1970).

Que el ámbito de las preocupaciones de Joan Robinson no se limite al terreno de la economía pura se explica en las primeras páginas de estas Contribuciones a la teoría económica moderna. «Los cincuenta años de trabajo de los que esta selección es una muestra han tenido por objeto acercar el análisis teórico cada vez más a los problemas reales de la vida económica, en vez de alejarnos de ellos». Esfuerzo meritorio en un Campo en el que algunos de los más conocidos teóricos parecieron más bien preocupados por lo contrario:

Pigou transformó (las ideas de Marsrhall) en un nítido sistema lógico. La competencia perfecta significa que el productor individual pueda vender tanto o tan poco como guste al precio que rige en el mercado. Las empresas producen en todo momento la cantidad de producto cuyo costo marginal es igual al precio. Las economías internas por producción a gran escala se dan sólo hasta cierta dimensión en la que el costo medio -incluidas las ganancias normales es mínimo. Cuando la demanda provoca en una empresa concreta un aumento interior de la producción el costo marginal y por tanto el precio superan al costo medio.

Ganancias superiores a las normales atraen una nueva competencia que hace bajar el precio del mercado y esto provoca a su vez un descenso en la producción de la empresa. Cuando el precio se sitúa por debajo del costo medio algunas empresas abandonan el negocio; y las que permanecen se expanden. De esta forma existe siempre una tendencia espontánea que empuja a las empresas hacia sus dimenciones óptimas, caracterizadas por un costo medio mínimo… Y así estábamos, en 1930, en medio de una profunda crisis económica. Esto era lo que se nos pedía que creyéramos» (Economía de la Competencia imperfecta, Ed. Martínez Roca, Barcelona, 1973).

Todavía se nos pide que no creamos ahora, 1980, en otra profunda crisis económica. La enseñanza de la teoría económica predominante en la mayoría de las universidades mexicanas, aún utilizan manuales que plantean toda la interpretación del funcionamiento de la economía basados en la competencia perfecta con algún Capítulo perdido por ahí sobre el monopolio. (Fernando Zamora, Tratado de Teoría Económica, F.C.E.; Stonier y Hague, Manual de Teoría económica, Ed. Aguilar). También se sigue «ensenando» que el nivel de los salarios se fija en función de la productividad marginal del trabajo «la formación del precio de los factores de producción se basa en la productividad marginal y la remuneración de un factor de producción depende, en última instancia, de lo que produce» (Stonier y Hague, p. 24Ci); que desde luego, si el trabajo se paga por su productividad marginal no existe explotación alguna del trabajador. Ya desde 1932, la propia señora Robinson demostró incluso «dentro de la estructura de la teoría ortodoxa que no es cierto que los salario sean normalmente iguales al valor del producto marginal del trabajo» (Economía de la competencia imperfecta, p. 19).

PARA COMPRENDER A MARX.

En el camino de acercar la teoría a la realidad, la señora Robinson publicó en 1942 un ensayo sobre la economía Marxista (introducción a la economía marxista. Siglo XXI Editores, México, 1970).

Hasta hace poco tiempo, señala ahí se trataba a Marx en los circulos académicos con un despectivo silencio, interrumpido solamente por alguna anotación irónica de tiempo en tiempo. Sin embargo, el desarrollo moderno de la teoría económica, forzado por el desarrollo moderno de la vida económica (el análisis del desempleo), han roto la estructura de la teoría ortodoxa y destruido la complacencia con que los economistas estaban acostumbrados a observar la actuación del capitalismo del laissez- faire. Su actitud hacia Marx, como el crítico principal del capitalismo, es, por consiguiente, menos firme de lo que era antes. En mi opinión tienen mucho que aprender de él… Al mismo tiempo creo que la moderna economía académica tiene algo que ofrecer a los marxistas.

Con este ensayo no trataba sólo de Informar a la Academia de la existencia de Marx. «De hecho, dijo ella misma, ese libro constituía el primer asalto de la crítica de Cambridge, crítica que, con la ayuda de Piero Sraffa, acabo por pulverizar la teoría del equilibrio veinte años después». («La Teoría del valor-Trabajo: un comentario», Monthly Review, octubre de 1979.)

En su introducción a la economía marxista, Joan Robinson discute uno de los problemas centrales del análisis marxista, el del valor. «Espero que se entenderá bien… que ningún punto sustancial de la argumentación de Marx depende de la teoría del valor trabajo» (p. 43). En un texto posterior, reafirma la idea y ta amplia: «Uno de los grandes conceptos metafísicos de la economía es el que expresa la palabra valor (Filosofía económica, p. 33). Por metafísico entiende aquello que no puede verificarse, aunque reconoce que «las expresiones metafísicas no estan vacías de contenido. Expresan puntos de vista y formulan sentimientos constituyen una guía para la conducta». Aunque Robinson reconoce que «Marx no utiliza la teoría del valor trabajo como un simple reclamo de que los trabajadores tienen derecho al producto de su trabajo; por el contrario, su reclamo era que la teoría del valor era precisamente lo que explicaba la explotación». Señala que la relación entre el trabajo y la fuerza de trabajo, basada en la teoría del valor, «proporciona un típico ejemplo de la forma en que actúan las ideas metafísicas. Desde un punto de vista lógico sólo es un galimatías, pero para Marx era un foco iluminador y para los marxistas ulteriores, una fuente de inspiración».

LA «REVOLUCIÓN KEYNESIANA»

En el terreno de la teoría económica, la contribución de la señora Robinson es de primera importancia. En Economía de la competencia imperfecta, cuestionó la estructura básica de la concepción de la competencia perfecta. Su siguiente etapa se ubica en el ámbito de la «revolución Keynesiana», que en lo esencial

rompió el cascarón del equilibrio y pasó a considerar las características de la vida según la experiencia de cada momento…

… Keynes había roto los compartimientos estancos que separaban la teoría `real’ de la `monetaria’. Demostró que el dinero constituye un aspecto necesario de una economía con un futuro incierto y puso de relieve la importancia de las instituciones monetarias y financieras para el funcionamiento de la economía `real’. Estos compartimientos se han restablecido con la división entre teoría `micro’ y `macro'». (Contribuciones, p. 281).

En el ámbito de la «revolución keynesiana», Robinson ha mostrado que al mismo tiempo que Keynes revolucionaba la teoría económica, otro pensador, Michael Kalecki, lo hacía en Polonia,

Kalecki desarrolló, a partir del «esquema de reproducción ampliada» del volumen II de El Capital, un análisis integral. 

Mostró (más claramente que Keynes) que las ganancias no solamente son el motivo para inversión, sino también los recursos financieros para apoyarla, haciendo ver, al mismo tiempo, que el desarrollo no sólo depende de la inversión (el producto del sector I) sino que requiere también un crecimiento adecuado del producto de los bienes salariales (sector II) » (Contribuciones p. 18). Kalecki gozó de una gran ventaja respecto a Keynes: nunca había estudiado economía ortodoxa. El prefacio a la teoría general acaba así: ‘Las ideas que aquí tan laboriosamente se expresan son sumamente simples y deberían ser evidentes. La dificultad no reside en las nuevas ideas, sino en escapar de las antiguas’. Kalecki no fue educado de esa manera. La unica economía que había estudiado era Marx Keynes nunca hubiera podido encontrarle sentido a Marx. En la carta a Shaw…., afirma que la nueva teoría quitaría toda base a los marxistas. Pero se hubiera ahorrado muchos problemas tomando a Marx como punto de partida». (Contribuciones p. 84).

LA SEGUNDA REVUELTA DE LA TEORÍA ECONÓMICA

Joan Robinson ha participado activamente en la «segunda gran revuelta intelectual» sobre la teoría económica: la provocada por la obra de Piero Sraffa; en este sentido su primer aporte es el libro La acumulación de capital, en donde reconoce que «el retorno del interés sobre los problemas clásicos trae el renacimiento de la teoría clásica… Pero no se crea que fue el estudio de los clásicos lo que me inspiró estas ideas. El problema se me presentó como la generalización de la Teoría general; es decir, como el desarrollo a largo plazo del análisis a corto plazo de Keynes. Sin embargo, la introducción de Piero Sraffa a los Principios de Ricardo me fue muy instructiva». En otro texto, señala: «Así sólo cuando encontré la `economía cerealera’ en su introducción a los Principios de Ricardo, vi el primer rayo de luz en el problema de la tasa de ganancia sobre el capital. Esto trajo una nueva tormenta de ideas, comparable en vitalidad, aunque sin importancia práctica inmediata, con la misma revolución keynesiana» (Contribuciones, p. 18).

Desde luego que con la aparición del trabajo de Sraffa, Producción de mercancías por medio de mercancías, este «rayo de luz» se amplió enormemente. El propio Sraffa advirtió en el prefacio que «una característica peculiar del conjunto de proposiciones que ahora se publica es que, aunque no discuten en modo alguno la teoría marginal del valor y la distribución, han sido elaboradas para servir de base a una critica a esta teoría».

Un poco antes de la aparición del libro de Sraffa (1960), se desató una importante polémica sobre la teoría del capital, conocida como «la controversia entre los dos Cambridge». En el fondo de esta discusión estaba «la búsqueda de un modelo apropiado para la economía occidental moderna, que permitiera el análisis de las acumulaciones y de la distribución del producto neto de la industria entre salarios y ganancias». En esta polémica la intervención de Joan Robinson fue fundamental. Arrancó con su famoso articulo «la función de producción y la teoría del capital», publicado en 1953-1954. Con respecto a este debate su conclusión es casi lapidaria: «La función de producción tiene al parecer una aplicación muy exigua a los problemas reales. . . «(Contribuciones, p. 120). Una excelente compilación de la discusión fue publicada recientemente en español: G.C. Hancourt y N.F. Laing: Capital y crecimiento. FCE, México, 1977.

En un texto muy reciente, «¿Qué ha sucedido con la política del empleo?», su conclusión es la siguiente:

Resulta irónico que después de los grandes logros teóricos que nos trajo la era del crecimiento, lo único que se nos ofrece ahora es el regreso al desempleo en gran escala y la pobreza en medio de la abundancia, en una edad de frustración. Kalecki tenia razón en ser escéptico; las economías modernas no han podido desarrollar las instalaciones sociales y políticas, tanto en el nivel doméstico como en el internacional, necesarias para hacer que el capitalismo y el pleno empleo sean compatibles (Contribuciones, P. 311.)

Esta breve semblanza pretende subrayar la enorme importancia del trabajo de Joan Robinson. El libro Contribuciones a la teoría económica moderna es una muestra de lo escrito por ella en los últimos cincuenta años. Cualquier interesado en la evolución de la teoría económica debiera leerlo.

Orlando Delgado Selley