Soledad Loaeza. Investigadora del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México. Estudia actualmente la cultura política mexicana. Ha publicado antes en Nexos: núm. 3, marzo de 1978, y núm. 13, enero de 1979.

En nuestros tiempos se trata no tanto de violentar a los hombres como de desarmarlos, menos de combatir sus pasiones políticas que de borrarlas, menos de combatir sus instintos que de burlarlos, no solamente de proscribir sus ideas sino de trastocarlas apropiándose de ellas.

Maurice Joly: Maquiavelo

Entre 975 y 1977 Luis Spota, periodista, comentarista y escritor prolífero y exitoso, publicó su teología La costumbre del poder. Los cuatro volúmenes, editados por Grijalbo, forman la crónica de un “testigo presencial” que pretende “ir al encuentro con algo vivo… para entender la lógica del cambio”. Ese organismo, cuyas funciones internas y secretas es el poder, tal y como nace, vive y se desarrolla en una sociedad supuestamente ficticia, aunque su referencia en la realidad es obvia.

JANO Y LA CONCUPISCENCIA

En general las reflexiones en torno a la política se han desarrollado conforme a dos interpretaciones diametralmente opuestas. Para una, la política es en esencia un conflicto de intereses entre individuos o grupos que luchan por el poder y hacen de él un fin en sí mismo; es el reino de la concupiscencia dominandi de los teólogos de la Edad Media, lo que ha dado en llamarse la escuela de Maquiavelo. La segunda interpretación percibe el poder como instrumento y la política como el conjunto de esfuerzos tendientes a establecer un orden justo que garantice el bienestar general; es Aristóteles y es Rousseau.

La realidad conjuga ambos aspectos y combina inextrictamente la pasión individual con el interés general. El poder instituido en una sociedad tiene -como Jano- dos caras, dice Maurice Duverger. Una como fuente de conflicto y dominación de un individuo o de una clase sobre las demás, y otra como base de integración de un cierto orden social cuya racionalidad última es el bien común. La tetralogía de Luis Spota es la caricatura de la primera.

LOS CORRUPTOS SON USTEDES

Toda caricatura simplifica, destaca y exagera los rasgos de su modelo. En la serie de Spota sobre el poder, los lugares comunes adquieren la categoría de axiomas de validez universal y los estereotipos aspiran a la dimensión humana. La idea central es que “el poder corrompe”. De la constatación de un vicio se deriva la racionalización de su inevitabilidad: como la corrupción es inherente al poder, quien aspira a él es corruptible y, por lo tanto, el que un poderoso sea corrupto es inevitable, necesario y hasta natural.

Pero el autor no pretende elaborar juicio morales. Uno de los libros inicia con un epígrafe de Maurice Joly: “¿Tiene acaso la política algo que ver con la moral?” y procede a demostrarnos la validez de este principio. La tetralogía intenta un pseudo roman à clef que involucre al lector en un juego de identificaciones. Como ésta es su intención central, no puede sustraerse al boom de “obras políticas” que han proliferado en los últimos tres años con representantes como Irma Serrano, Irma Salinas, Mario Guerra Leal, Carlos Loret de Mola y Eduardo Jiménez, aunque Spota sabe más de letras. Todos ellos han alcanzado ventas elevadísimas en un país en que el tiraje de la prensa nacional seria no rebasa los trescientos mil ejemplares.

LA COYUNTURA Y EL BEST-SELLER

Retrato hablado, por ejemplo, estaba en su décima edición en abril de 1978, con sesenta mil ejemplares. En el segundo semestre del mismo año las librerías de Sanborn’s exhibían la vigésima segunda edición de Palabras Mayores, la decimocuarta de Sobre la marcha, y la decimonovena de El primer día.

Es evidente que Luis Spota cuenta con un público muy amplio entre la clase media mexicana. En un país en el que la información política es muy limitada, o las más de las veces intraducible y esotérica, donde la no participación expresa un nivel bajísimo de politización, sus obras ofrecen un sustituto de explicación. Los elementos que manejan, brutales y burdos, se vuelven recursos para introducir cierto tipo de orden en una realidad confusa. A cambio de la anarquía exterior. Spota ofrece un anecdotario que al individualizar trivializa, y con ello limita el alcance de los conflictos cuyo carácter es entonces meramente coyuntural. Y no es que estas obras sean una apología irrestricta del sistema que describen, pero articulan, confirman por impreso, algunos de los prejuicios y mistificaciones más acendrados en la cultura política mexicana.

LA CABEZA NO JUEGA

Las novelas de Spota respiran un pesimismo profundo que justifica y sustenta la inmovilidad y la apatía: las cosas son así porque la naturaleza humana es así, o como afirma un personaje: “Uno es lo que es… Fatalmente”. En este sentido Palabras mayores es todo un recetario del quehacer político: “Recordó que en política no hay lealtades sino intereses”; “en política no se hacen préstamos, se hacen inversiones”; “la grey estudiantil es mansa si sabe uno manejarla”; la política “es una guerra en la que todo se vale, y casi siempre lo que más se vale es lo más sucio”; “un político de verdad ha de tener (…) estómago fuerte, cojones firmes y espaldas flexibles”. No resulte extraña la ausencia de la cabeza porque en el mundo fatalista de Spota las ideas no hacen ninguna falta.

DE LA REVOLUCIÓN LOS MALES Y MILAGROS

El primer libro de la serie, Retrato hablado, describe la construcción de un imperio económico en la provincia de Nueva Castilla en un país subdesarrollado. El título de la clave de la trama. Su personaje central, Eugenio Olid, es -como los actores principales de la demás novelas- producto de la movilidad social que ha desatado un proceso revolucionario. A la muerte de este mandarín, cuya fortuna nace de un robo cobijado por un militar y un sacerdote, sus más cercanos colaboradores y amigos se encuentran en una situación grotesca que remite a una sesión de terapia intensiva de grupo. En ella, con lujo de sordidez, los participantes reconstruyen la personalidad de Olid. Ante los ojos del lector desfilan todo tipo de crímenes, bajezas y chantajes. El sentido siempre es el mismo: no hay dignidad humana que resista la represión o un cañonazo de veinte mil pesos.

Aunque las otras tres novelas seguirán en torno a la sucesión presidencial en un sistema personalista y centralizado, Retrato hablado muestra ya los elementos de lo que Spota presenta como la dinámica del cambio. El vínculo fundamental es la corrupción, pero también está el aprecio al sector privado: “El gobierno debe siempre recoger la experiencia de ustedes, promotores responsables de Nuestro Milagro Económico…” dice el Presidente de la República a representantes de la empresa Olid.

EL PECADOR OFICIAL

En los cuatro libros del ejército, la iglesia y las autoridades políticas sólo cumplen funciones ancilares respecto a la iniciativa privada. Esta tiene más visos de Estado que el Estado mismo, el cual además brilla por su ausencia. Y consta que el Estado es la expresión más acabada del poder. Don Dinero pone y quita gobernadores, corrompe y controla guerrillas y manipula y reprime obreros, lanza campañas de infundios y solventa las crisis financieras de un gobierno espurio, ignorante, víctima de todo vicio y toda lacra, desde la lascivia hasta la venalidad criminal. En pocas palabras, para la tetralogía el gobierno ejemplifica a los Siete Pecados Capitales.

Es cierto que en la visión spotesca del poder económico, la corrupción también es básica. Aun así, dentro del conjunto la iniciativa privada goza de gran legitimidad, aunque no sea más que por su eficacia. A su sabiduría y lucidez se refieren más explícitamente los libros que conciernen al poder político. Retrato hablado es también la historia de la modernización de un poder económico que de local pasa a ser nacional, gracias a un tecnócrata que se instala en la cúspide de su organización antes de que en el cuadro político se opera el cambio consecuente. De hecho, el tema de Palabras mayores, Sobre la marcha y El primer día es también la transición, impulsada por la iniciativa privada, de una política tradicional a una más moderan que dirige a su vez otro tecnócrata, candidato él mismo de los empresarios. Nada más que, si bien en el sector económico esa transformación se opera de manera exitosa, en el caso de poder político Spota nos transmite el menaje: plus Ça continue.

MAGIA Y DEDAZO

A lo largo de 1413 páginas, Spota construye los tres actos de una parodia republicana: Palabras mayores, o El Destape, Sobre la marcha o La campaña, y El primer día a qué triste es dejar la presidencia. Aparece todo espécimen imaginable del submundo de la grilla, al tiempo que se desarrolla el proceso que para Spota es la expresión última del poder presidencial: la designación del sucesor, el dedazo supremo.

La tesis profunda de Spota, sin embargo, se anula a sí misma. El sostiene una y otra vez que el poder es una cuestión personal. El poder contiene un elemento mágico: la percepción que otro tiene de mi poder define los límites de mi influencia. Pero en un sistema como este, aunque Spota no lo quiera, el carisma weberiano se aplica al puesto y no a la persona de quien lo ocupa; en esa medida poco importa el estilo personal de gobernar, lo que pasa es la institución. En la tetralogía, el poder protege al candidato a la presidencia desde su designación como tal, y un presidente, cuando deja de serlo, pasa casi a la nada: la fuente del poder es la institución, no la persona.

RECHIFLA PARA LOS INTELECTUALES

Uno de los rasgos persistentes de esta obra es el antiintelectualismo: cuando algunos de los personajes hablan de “naderías” es que discuten el papel de los intelectuales en la sociedad. Al candidato a la presidencia lo acompaña el inevitable grupo de intelectuales que gustan de acercarse al poder, aunque invariablemente los consejeros más valiosos de un político son, según el autor, los periodistas que conocen “las intimidades, los chismorreos, las verdades y las mentiras de la política y sus hombres”. “Los Genuflexos”, en cambio, son “su propia mercancía y se ofrece(n) siempre, a quien más billetes tenga”. De esta manera la intelectualidad, -véase en particular Sobre a marcha-, está representada por una banda de viciosos y cobardes que al son que le tocan bailan, cuando no critican desde el exterior.

EL REPERTORIO DE JANO

La tetralogía minimiza a importancia de las instituciones políticas fundamentales, si bien destaca la fuerza de otros factores: en primer lugar la corrupción, después las Grandes Palabras de la fraseología oficial (siempre con mayúsculas: “Esperanza de la Patria”, “Abanderado del Cambio”, “El Señor) y también, aunque con minúsculas, el niño huérfano que llega a presidente de la república, la santa madre enferma y abnegada, la casa chica, la mesa de Sanborn’s y la creencia de que el “Señor Presidente” está en el cielo, en la tierra y en todo lugar. Y no es que Luis Spota invente, sino que su interés por dar un aspecto humano a la política se traduce en una violentación de la realidad, la cual sabemos que de todos modos siempre supera a la ficción. Es cierto que las obras señalan rasgos presentes en la vida política, tales como la ambigüedad del lenguaje, la arbitrariedad administrativa o la manera en que la retórica se apodera de la realidad. Pero las distorsiones en que incurre restan legitimidad a la cara buena de Jano.

Antes de La costumbre del poder, Luis Spota ha escrito novelas realistas como La pequeña edad o Casi el paraíso. Las obras aquí tratadas responden más a un clima político peculiar que a un momento de las letras mexicanas. En este sentido su importancia debe medirse más con un criterio sociológico: su éxito se basa en dar coherencia a las percepciones de un público que se mueve un poco a ciegas en cuanto a funcionamiento de las instituciones políticas que lo gobiernan.