En esta charla —sostenida en el marco del coloquio Conversaciones con The New York Times—, el ganador del Premio Sveriges Riksbank de Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel 2008 ahonda en el intercambio entre México y Estados Unidos, teorías económicas y la renegociación del TLCAN.


Alejandro García Abreu: En la tercera edición estadunidense de La era de las expectativas limitadas escribió —entre otros temas— sobre el colapso del peso mexicano en el panorama económico de los años noventa. ¿Cómo percibe el peso mexicano hoy en día?

Paul Krugman: El peso, obviamente, sufrió un daño grave en la crisis y luego se recuperó. No tengo una opinión formada de si está sobrevalorado o no en la actualidad. Claramente hubo un período inicial, durante la etapa previa al TLCAN y las primeras etapas de la liberalización, cuando los mercados amaban demasiado a México y el dinero entraba a raudales y el peso claramente se salió de los límites, y luego vino la crisis y el peso se debilitó temporalmente. Recientemente, el peso tuvo una fuerte caída después de las elecciones en Estados Unidos por razones obvias: el miedo a Trump; luego recuperó terreno. Tal vez haya sido una recuperación excesiva, pensando a futuro. Si nos fijamos en México ahora hay un déficit por cuenta corriente, pero no es enorme. No hay nada en las cifras que indique una desalineación en los tipos de cambio. A veces los datos te dicen eso con claridad. No veo eso en México ahora. No significa que sepa qué dirección tomará el próximo año, pero significa que no veo nada obvio en qué fijarse. Los años noventa fueron una historia de auge y crisis para el peso. Fue una época irracionalmente exuberante por parte de los mercados respecto a México. Tengo edad suficiente para recordar a la gente hablando sobre el milagro mexicano de 1992. Y no hubo ningún milagro. Es algo que la gente dijo, “no hay milagro”, y hubo un colapso. Después hubo una sobreventa porque la gente estaba anticipando, o estaba preocupada por un desastre total. Y resultó que en México se conservó la estabilidad política, el peso depreciado fue bueno para las exportaciones de manufactura, así que el peso volvió, y desde entonces no ha sido una historia muy emocionante; ha habido altibajos y ha estado fluctuando bastante como consecuencia de las elecciones estadunidenses. Siempre solíamos hablar sobre el ciclo sexenal. Con cada elección presidencial ocurre una crisis en México, pero parece que el país ha roto ese patrón. Alguien tendrá que decirme si tal vez esa situación pueda volver a presentarse, pero en cualquier caso, el peso no ha actuado de manera interesante, lo cual es bueno: la monotonía es buena para las monedas.

AGA: En Geografía y comercio argumenta que la ubicación de la producción en el espacio es un tema clave tanto dentro como entre las naciones. En ese contexto, ¿qué busca Donald Trump con la renegociación del TLCAN?

PK: Soy un gran creyente en la geografía, y si preguntas por qué México comercia tanto con Estados Unidos es porque está justo allí, está cerca. ¿Qué busca Trump? Normalmente mi respuesta sobre estos temas es que Trump realmente no tiene idea de lo que está hablando. En este caso, también podemos agregar que sus principales funcionarios de comercio no saben de lo que están hablando. Por lo tanto, él está seguro de que debe ser un pésimo acuerdo, ya que fue negociado por otras personas, así que tiene que ser capaz de hacer algo mejor. Pero si preguntas qué es lo que cree que va a obtener, la respuesta es que no tiene idea.

AGA: Hace casi una década afirmó: “Sin embargo, en 2005 el indicador había caído a 65, reflejando en gran medida el rápido crecimiento comercial con China y México. En 2006, por primera vez, Estados Unidos hizo más intercambios de productos manufacturados con países en desarrollo que con otras naciones avanzadas”. ¿Cómo se ha dado esta modificación con relación a México?

PK: Escribí sobre este rápido crecimiento de las importaciones de los países en desarrollo en un texto para la Brookings Institution. Lo que suele ocurrir cuando se escribe sobre grandes cambios es que justo cuando uno reconoce que hay que replantearse las cosas es cuando se detiene la tendencia sobre la que estás escribiendo. Prácticamente, el comercio global como porcentaje del PIB mundial se ha estancado durante los últimos diez años y las importaciones estadunidenses de productos manufacturados de países en desarrollo se han detenido como porcentaje del PIB. Los dos grandes impulsores de ese aumento fueron China, en primer lugar; pero luego México: China debido al dinamismo de su economía y México debido al TLCAN y su cambio en la aplicación de una estrategia orientada al exterior. Ambos parecen ser eventos únicos, como si hubiésemos tenido un cambio único hacia políticas mucho más orientadas al comercio en los países en desarrollo, o un cambio único hacia menores costos de transporte y transacciones. El transporte en contenedores es una parte importante de la historia. Entonces se produjo un aumento: entre mediados de la década de 1980 y finales de la primera década del siglo XXI se duplica el comercio, se da la hiperglobalización, que es algo nuevo. Para Estados Unidos implica principalmente a China y México, y algunos otros lugares. Pero [la globalización] se ha estabilizado, así que parece que ya ha llegado nuestro gran cambio, el cual no es continuo, por lo que las cosas están más o menos donde están y el crecimiento del comercio no es realmente un factor importante que promueva cambios en Estados Unidos. En cierto modo, ahora vemos a la globalización desde el espejo retrovisor; es una historia que ha quedado en el pasado. Tal vez ocurra algo más, pero al menos es posible que los cambios en la tecnología, si acaso, nos muevan un poco en la dirección opuesta de la globalización. En cierto modo los robots y el outsourcing compiten entre sí; si usas más robots probablemente comprarás menos cosas del otro lado del mundo. Es cierto incluso en el comercio y los servicios. Los algoritmos de aprendizaje profundo compiten con analistas de software en Bangalore. La globalización podría haber quedado ya en el pasado.

AGA: Varios ensayos contenidos en Internacionalismo pop se centran en los malentendidos sobre la competencia de países menos industrializados. ¿Cómo percibe la competencia de dichos países en la actualidad?

PK: Hubo un momento en que la gente realmente creía que el crecimiento de China o de los países en desarrollo nos estaba volviendo más pobres, lo cual fue un problema real y todavía existe. Fue una idea errónea que ese crecimiento estuviera empobreciendo a Estados Unidos; la idea de que en el mundo existe un mercado fijo y que si alguien toma parte del mercado nosotros tenemos menos, cuando de hecho el crecimiento en otros países también expande el mercado y puede ir en cualquier dirección. Lo único que pudo haber causado problema era la competencia por materias primas; cómo la elevada demanda de petróleo de China iba a provocar un aumento en nuestros precios. Para los países occidentales podría haber sido un problema, pero resulta que los precios de los recursos no son un problema. La tecnología ha mejorado de varias maneras, tenemos energías renovables, por lo que cada vez somos menos dependientes de los combustibles fósiles. Existen problemas en las dinámicas de poder: dependiendo de tus ajustes sobre poder adquisitivo, China podría ser o no la mayor economía del mundo hoy en día, pero realmente no importa. Sus tipos de cambio en el mercado no son los mejores, pero lo serán en un futuro no muy lejano, y aún no hemos descubierto cómo manejarnos en un mundo que no está dominado por nuestra Pax Americana, así que es un problema, pero uno distinto de las historias que la gente contaba.

AGA: ¿Cuál es el papel de México en la economía global, según la “nueva geografía económica”?

PK: El rol natural de México es ser parte de un complejo manufacturero norteamericano. Es lo que la geografía quiere que sea México, aunque no es claro si es lo que desea el presidente de Estados Unidos. De la misma manera, piensa en España o Portugal, aunque son más ricos que México. Su papel natural es ser parte de la economía integrada de la Unión Europea. A pesar de todo lo que ha sucedido con las tecnologías de transporte, hasta donde hemos visto, el papel de la distancia en los patrones de comercio no ha cambiado. Hablando en términos generales, si duplicas la distancia entre dos países, reduces la cantidad de comercio a la mitad. El hecho de que México esté aquí y Estados Unidos allá determina su posición natural. Si Estados Unidos comienza a actuar de manera proteccionista o descarta esa posición, México tendrá que luchar para encontrar su papel en el mundo. No es un caso perdido: en este momento México cuenta con mucha sofisticación en su manufactura y posee recursos. Brasil tiene muchos problemas, aunque la mayoría son políticos, pero no es un desastre como área, aunque a diferencia de México esté muy lejos de todo. Dada la oportunidad, con un poco de racionalidad en las políticas de Estados Unidos, México es parte de este grupo norteamericano integrado.

AGA: ¿Cómo podrían afectar las elecciones presidenciales mexicanas de 2018 la relación entre México y Estados Unidos?

PK: Antes que nada, dime quién será el presidente de Estados Unidos en 2018. No sé mucho acerca de la política mexicana. Parece que existe esta extraña codependencia entre Trump y los elementos más radicales de las políticas mexicanas. Cuanto más loca parezca la política estadunidense, cobrarán mayor fuerza las facciones más radicales de la política mexicana. La radicalización de la política mexicana simplemente reforzaría la locura de Estados Unidos: existe un posible círculo vicioso, que espero no se materialice.

AGA: ¿Cree que Donald Trump abandonará el TLCAN como ya lo ha mencionado?

PK: Hace una semana expresé con gran certeza al Fondo Monetario Internacional que nada grave le iba a ocurrir al TLCAN, porque había mucho dinero invertido en Estados Unidos; hay tantas industrias estadunidenses vinculadas con la continuación de una estrecha relación económica con México que incluso Donald Trump no perturbaría el acuerdo, porque podrían no importarle las personas comunes, pero seguramente le importan los grandes empresarios y los directores ejecutivos y no estaría dispuesto a dañarlos. Pero teniendo en cuenta sus acciones en el sistema de salud de Estados Unidos, cometió actos irresponsables que sembraron el pánico en el sector entero, incluidas las grandes compañías de seguros y los proveedores de atención médica. Tal vez la ira o el rencor lo lleven a dañar sustancialmente el TLCAN y, en general, las negociaciones no van bien. De abandonarlo, probablemente nos quedaríamos con algo que podríamos seguir llamando TLCAN, pero uno muy dañado. Sigo pensando que es poco probable y que al final se va a echar para atrás. Podríamos terminar con algo parecido a lo que sucedió con Irán, donde se logró crear cierta incertidumbre y dañar la credibilidad de Estados Unidos. Pero, de hecho, el acuerdo todavía está en vigencia, así que tal vez haya un escenario donde Trump diga que ya no certifica el TLCAN, pero que éste siga operando. Podría ser plausible. Es cierto, pero legalmente resulta que, como presidente de los Estados Unidos, hay ciertas cosas que Trump puede hacer sin la aprobación del Congreso, una de ellas es hacer estallar el mundo, lo cual es un poco aterrador, pero otra cosa es que tiene enorme poder para imponer medidas proteccionistas, siempre en nombre de medidas temporales para la protección de la economía o la seguridad nacional, pero si quisiera podría hacer mucho daño.

AGA: Usted ayudó a fundar la “nueva teoría del comercio”, que trata de las consecuencias de los rendimientos crecientes a escala y la competencia imperfecta en el comercio internacional. ¿Qué implica esta teoría?

PK: Una de las preguntas cruciales era: ¿por qué hay tanto comercio entre países que se ven tan similares? ¿Por qué hubo tanto comercio dentro de Europa occidental y entre Estados Unidos y Canadá, y por qué el comercio parece consistir en bienes de aspecto similar que se mueven en ambas direcciones? Esto se explica con la nueva teoría de comercio, en la que se tiene en cuenta los rendimientos crecientes a escala y la competencia imperfecta. Supongamos que dos personas son igual de inteligentes y una se convierte en médico y la otra en abogado, ¿necesariamente ocurre porque uno está especialmente capacitado para ser médico y el otro abogado? Podría ser porque tienes que invertir muchos años de entrenamiento, tienes que hacer lo uno o lo otro, y eso es más o menos lo que la nueva teoría del comercio nos dice sobre ello. Actualmente hay una extensión interesante: en un ensayo mucho más reciente analicé cuestiones como los clusters o agrupaciones industriales en los mercados emergentes, especialmente China, donde la pregunta de por qué China exporta productos intensivos en mano de obra —si eso no es una lectura errada— se relaciona con la teoría del comercio. Si observas esos productos que requieren mucha mano de obra surge la pregunta de ¿por qué la producción a menudo está tan restringida geográficamente a una sola área? ¿Por qué hay una sola ciudad que fabrica todos los botones y otra ciudad que hace todos los encendedores? Está relacionado con la nueva teoría del comercio, que indica que los beneficios del comercio para la eficiencia mundial son más grandes de lo que la teoría del comercio tradicional establece. Además, con la especialización de los países en aquello en lo que son relativamente buenos se producen estos clusters industriales extremadamente eficientes que añaden una dimensión completamente nueva. Todo esto es un uso adicional del análisis que también es divertido. No sólo es interesante que haya una ciudad dedicada a hacer botones o a fabricar ropa interior, sino que las historias tienden a ser interesantes, porque involucran a algún sujeto o algún grupo de hermanos, o alguna persona que hizo algo que acabó por tener grandes consecuencias unas décadas después.

AGA: “Hace una generación, los economistas más convencionales no pensaban tanto en la ubicación de la producción dentro de los países; difícilmente examinaban los datos locales y regionales en busca de evidencia sobre cuestiones tales como la solidez y la naturaleza de las economías externas. La nueva geografía económica fue concebida como un esfuerzo por cambiar todo eso, al llevar a los economistas a un área de la mejor manera que yo sabía: desarrollando modelos elegantes e ingeniosos”, argumentó en una conferencia de 2010. ¿Qué papel desempeñaron los modelos?

PK: Diría que, geográficamente hablando, algunos de los modelos que desarrollamos a principios de la década de 1990 sin duda desempeñaron un papel importante para lograr que los economistas pensaran en el tema y ayudaron a que la gente lo entendiera. De alguna manera, diría que, en términos de las políticas de Estados Unidos, la geografía económica realmente está comenzando a ser reconocida y respetada. La razón es que estamos viendo surgir disparidades en el desarrollo, ya que antes solía haber grandes regiones del país que eran muy diferentes entre sí. Lo que estamos viendo ahora es que algunas áreas están creciendo a expensas de las ciudades pequeñas y las áreas rurales, lo cual es interesante. De hecho, hubo una discusión sobre el surgimiento de internet, sobre si las tecnologías de la información conducirían a una mayor o menor concentración de actividad geográfica. Hubo argumentos en ambos sentidos: si podías hacer tu trabajo desde cualquier lugar entonces la gente se mudaría a las pequeñas ciudades; pero por otro lado, se trataba de averiguar si era posible coordinar las cosas desde un solo lugar, y también surgía la cuestión del contacto cara a cara, que es lo único que realmente no puede reproducirse todavía, y eso es un factor importante. Y por ahora, al menos, parece que la tendencia hacia la concentración está ganando. Estamos viendo una mayor concentración. Un hecho interesante es que las oficinas centrales corporativas en Estados Unidos solían estar relativamente dispersas, en ubicaciones suburbanas y lejos de las principales ciudades. Ahora, cada vez más oficinas se están moviendo a las grandes ciudades: Manhattan, Chicago o Los Ángeles, que ahora tiene un centro y no solía tenerlo. El motivo, en parte, es que los ejecutivos prefieren al mejor talento; es más fácil conseguir gente. Pero también se debe a las telecomunicaciones modernas y a que es barato. Además puedes tener las operaciones en algún lugar de una ciudad pequeña como respaldo, mientras que el director ejecutivo y los mejores ingenieros de software están en Manhattan. Respecto a las políticas, existe el problema de que incluso cuando las fuerzas económicas están haciendo que las concentraciones de actividad y estos grandes centros sean más deseables, estamos frente a políticas del uso del suelo, especialmente relacionadas con la restricción de la construcción de viviendas, que están dificultando el alojamiento de las personas que quieren trabajar en esas áreas, por lo que los precios están aumentando. Existe una situación en la que las migraciones internas de Estados Unidos están yendo en el sentido opuesto. Las personas se están mudando a las zonas que tienen salarios más bajos y menor productividad porque cuentan con viviendas baratas. La gente está siendo desplazada de San Francisco, sobre todo, pero también de Nueva York, porque las viviendas cuestan demasiado. Por lo tanto, las políticas de uso del suelo se están convirtiendo repentinamente en un importante problema económico; quizá sean un problema mucho mayor para el futuro de la economía que las políticas comerciales.

AGA: Usted también ha referido que “nadie duda de que el comercio entre Estados Unidos y México, donde los salarios son sólo el 13 por ciento de su contraparte estadunidense, o China, donde sólo son el 4 por ciento, refleja una ventaja comparativa en lugar de una especialización arbitraria basada en escalas. La vieja teoría sobre comercio ha recuperado relevancia”. Desde que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte entró en vigencia en 1994, el comercio de Estados Unidos con México y Canadá se ha más que triplicado, creciendo más rápido que el comercio estadunidense con el resto del mundo. México y Canadá son ahora el segundo y tercer mayor exportador a Estados Unidos, después de China. Y ambos países son los principales importadores de productos estadunidenses. Considerando lo anterior, ¿cuáles son los efectos positivos y negativos de la renegociación del TLCAN para México y Estados Unidos?

PK: Lo que dije sobre el comercio entre Estados Unidos y México sigue siendo cierto. Gran parte del comercio es intraindustrial, así que se produce dentro de la misma industria, pero no es el tipo de comercio intraindustrial que se observa entre Francia y Alemania o incluso entre Estados Unidos y Canadá. Lo que estamos viendo es un comercio de “cadena de valor”; las diferentes etapas del proceso de producción tienen lugar en diferentes países, y es cierto que México es un país muy diferente a Estados Unidos, hay una tasa salarial muy distinta, una productividad general más baja, pero es más cercana [a la estadunidense] en algunos sectores que en otros. Básicamente se trata de aspectos en los que importa más esa ventaja salarial para México, si lo quieres ver de esa forma, o las cosas que hace México, donde la sofisticación de la infraestructura o las habilidades formales de la fuerza de trabajo son importantes. Es una estructura productiva muy integrada. Ya no existe una industria automotriz estadunidense y otra mexicana, sólo hay una industria automotriz norteamericana, y esto también es cierto en el sector electrónico y en muchas otras cosas. Es claramente positivo para el PIB de todas las partes del acuerdo. México claramente se beneficia al producir toda una gama de componentes para la industria manufacturera de Estados Unidos y Canadá, y al obtener, a la vez, componentes de ellos. Hasta cierto punto, las industrias estadunidenses compiten contra terceros, por lo que la fabricación de automóviles en Estados Unidos es más competitiva con Japón y Europa de lo que sería sin la capacidad de obtener varios recursos de México. Todo esto es positivo. Probablemente existen detalles técnicos que pueden mejorarse. Es un acuerdo antiguo, de hace una generación; el mundo ha cambiado de muchas formas y hay muchos puntos que podrían aclararse. Dudo mucho que sea lo que Trump tenga en mente con la negociación, y si realmente ocurre una cierta forma de ruptura del TLCAN, entonces los resultados serían extremadamente perjudiciales. Actualmente tenemos todo un conjunto de industrias que operan bajo la suposición de que tenemos un área de libre comercio, y si tratas de romper eso, entonces todo volverá a organizarse y cuando el polvo se asiente, creo que seríamos un tanto más pobres. No obstante, lo más importante es qué ocurriría mientras tanto. Muchas fábricas cerrarían, muchos trabajos desaparecerían en ambos lados. Pongámoslo de esta manera: hasta hace unas semanas, pensaba que cualquier ruptura grave del TLCAN era improbable porque sería una locura económica. Pero al ver lo que hizo Trump con el sistema de salud la semana pasada, ahora comienzo a creer que el hecho de que [la ruptura] sea descabellada y destructiva podría no importar y que existe la posibilidad de que pase de todos modos. Sería devastador si ocurre.

AGA: Sus reglas para la investigación son: “1) Escucha a los gentiles, 2) Cuestiona la pregunta, 3) Atrévete a ser absurdo, y 4) Simplifica, simplifica”. ¿Cuál es el origen de las cuatro reglas?

PK: Respecto a escuchar a los gentiles, tiene que ver con que mi herencia étnica es judía, y los gentiles son personas que no son de tu fe. Significa escuchar a personas que no son de tu tribu. A veces, cuando las personas dicen cosas diferentes de las que aseveran sus colegas es porque simplemente no entienden, pero a veces es porque no comparten sus puntos ciegos, y eso realmente ha importado en el comercio, en la geografía y en otros aspectos. Sobre cuestionar la pregunta, en el comercio, la vieja interrogante era ¿quién producía qué y dónde? A menudo es una pregunta difícil de responder. Por qué las cosas se producen en diferentes lugares no es la misma pregunta y es más fácil de responder, y eso puede ayudar. En el punto de atrévete a ser absurdo, las suposiciones se convierten en cosas que haces porque todos los demás las han hecho y empiezas a darlas por sentadas, pero tal vez otras suposiciones que pudieran ser un poco artificiales pero diferentes te sacarían del problema. Y finalmente simplifica, siempre. Esto se aplica a todo, intelectualmente. Elimina tantas complicaciones como puedas, llega a la esencia del problema. Por cierto, resulta que cuando era joven estas reglas eran buenas para escribir ensayos sobre teoría económica y ahora me funcionan para escribir columnas de periódicos.

Ciudad de México, 17 de octubre de 2017.

Alejandro García Abreu
Ensayista y editor.
Traducción de Álvaro García.