Nos dimos a la tarea de buscar a dos profesionales que hubieran analizado a profundidad los mapas de riesgo sísmico, que en los últimos años se habían mantenido bajo cierta confidencialidad. De una búsqueda en los acervos de la UNAM y en el del Colegio de Ingenieros Civiles de México A.C., surgieron los nombres de Alejandro Rico Celis y de Alejandro Rico Zepeda. Conversamos con ellos y estas son sus reflexiones

Los trabajos académicos de Alejandro Rico Zepeda1 y Alejandro Rico Celis2 están dirigidos a dos sectores en particular: especialistas en valuación y urbanismo (en su inmensa mayoría ingenieros y arquitectos). No han sido difundidos más allá de un reducido grupo de expertos. Y ante la incertidumbre que ha dejado el sismo del 19 de septiembre sobre la mejor vía para reconstruir las zonas afectadas de la Ciudad de México, los autores consideran que la difusión masiva de los mapas georreferenciados, en este momento, podría no ser del todo bien comprendida sin la preparación adecuada (de varios años) para abordarlos.

Rico Celis y Rico Zepeda invitan a la sociedad a que, antes de consultar los mapas de manera indiscriminada, escuchen a cualquier grupo de Expertos (“Ingenieros con mayúsculas”) para entender las oportunidades y limitaciones de esos mapas. Cada una de las construcciones en forma particular debe ser evaluada caso por caso. Los mapas de peligro sísmico bien comprendidos deben otorgar una conciencia social similar a la que brindan los mapas de riesgo geológico en las poblaciones que viven en zonas de ladera.

Por ejemplo, si un tipo específico de edificio está dentro de una zona de alto riesgo frente a un determinado sismo, sólo significa que requiere de mayores cuidados en su diseño y construcción. Pero no necesariamente significa que la estructura, por su simple existencia, esté condenada a sufrir graves daños.


Ilustración: Patricio Betteo

Riesgo sísmico y valuación de inmuebles

Los mapas mostrados en el trabajo de Alejandro Rico Zepeda los obtuvo, en ese momento, de fuentes públicas y reconocidas, y son sólo una sobreposición digital de los difundidos por el gobierno de la Ciudad de México en 2006. Sólo que él, de manera personal, los aprovechó para proponerlos como una valiosa aportación de la Ingeniería Sísmica a la Valuación de Inmuebles, marcando el registro de la aparición de daños a raíz de un sismo intenso para las construcciones de uno a tres, de seis a 10 y de 13 a 20 pisos en cada delegación.

Como sucede en casi toda innovación técnica, al gremio de la Valuación de Inmuebles en México le tomó tiempo interesarse en este trabajo, sin embargo ya formó parte como ponencia en dos congresos nacionales de valuación y como curso obligatorio en los programas 2015 y 2016 de capacitación del Instituto de Administración y Avalúos de Bienes Nacionales.

La tesina de Rico Zepeda está enfocada únicamente a la valuación de inmuebles. La calificación final que aquí se propone para un edificio está en función de su edad, de su proyecto estructural y memoria de cálculo debidamente documentada, el no haber sufrido modificaciones o ampliaciones al proyecto original, el que mantenga el uso para el que fue diseñado, el que cuente con la adecuada separación con sus vecinos y que no presente agrietamientos, desplome o asentamientos evidentes. Un edificio en estas condiciones, si fue construido después de 1985, se califica con 1.0 (sin demérito alguno). A medida que la edad del edificio evaluado aumenta y/o van apareciendo faltantes en su documentación o en los demás requisitos, la calificación puede llegar a ser 0.84 (demérito máximo de un 16% del valor actual de las construcciones). A partir de ese valor de demérito, en la tesina se menciona que el edificio tal vez requiera de una reestructuración que cae fuera del ámbito valuatorio.

El riesgo sísmico y los usos de suelo

El trabajo de Alejandro Rico Celis está enfocado únicamente al impacto positivo que se tendría al aplicar la información sísmica de los mapas para normar los planes de desarrollo en la Ciudad de México. Esto es, lograr ubicar racionalmente, con el apoyo de la Ingeniería Sísmica, las zonas más seguras donde pueden y deben construirse los edificios bajos (sólo bajos), medianos (sólo medianos) y altos (sólo altos) ocupando manzanas catastrales completas bien definidas. Que los planes parciales de desarrollo contemplen, desde ya, este valioso recurso en bien de la sociedad. Que no se espere que sean profesionistas extranjeros los que vengan a enseñarnos cómo hacer ciudades seguras hasta dentro de varios años.

De manera contraintuitiva, existen zonas de alto riesgo sísmico en la Ciudad de México en donde construir estructuras de 20 niveles o más (como en Japón, California, Centro y Sudamérica) sería más seguro que continuar construyendo estructuras de dos, tres o cuatro niveles. Esta situación abre la posibilidad de densificar el distrito central de negocios de la Ciudad de México que cuenta, en amplias zonas, con altos estándares de seguridad sísmica para esas alturas de edificios, apoyando así una cultura de ciudad sustentable en donde las personas vivan más cerca de sus trabajos. Cabe señalar que la experiencia probada y exigible para los diseñadores y constructores de edificios altos tiende a ser, de manera natural, más estricta.

Incrementar las alturas construibles (por arriba de los 20 niveles) permitiría que las zonas de alta vulnerabilidad sísmica sólo pudieran ser desarrolladas por ingenieros y arquitectos de la más alta calidad profesional, debido a la pericia que debe demostrarse, ante cualquiera, para enfrentar esas obras de altura.

Estos especialistas desean que en la discusión de estos planes de desarrollo se escuche y se conozca más de métodos de cálculo sísmico, métodos de análisis estructural, rigideces versus resistencias, momentos de volteo, análisis de distintos modos de falla, rangos de ductilidad, valores de los límites de servicio, de estructuraciones probadas como sismorresistentes, de buenas prácticas constructivas ventajosas en zonas sísmicas, de los factores adecuados de seguridad, de las combinaciones de carga analizadas, etcétera. En vez de sólo escuchar, por parte de la influyente voz vecinal (por desgracia no siempre bien informada y muchas veces hasta malintencionada): “A mí se me hace…”; “Yo creo que…”, “Cómo todos nos dimos cuenta…”, “La lógica me dice que…”; ¿Qué me pueden enseñar de sismos, si a mí me tocó vivirlo?”, etcétera.

Alejandro Rico Celis en su tesis resalta que algunas áreas específicas de la Ciudad de México bien podrían ser consideradas para ser zonificadas a partir del conocimiento de los mapas de riesgo sísmico. Y enlista las  colonias que deberían tomar en cuenta este conocimiento considerando un sismo proveniente de la costa del Pacífico y con un periodo de retorno de 125 años (ver tabla).

 

Alejandro Rico Zepeda y Alejandro Rico Celis creen que la correcta ejecución y coordinación de nuevas zonificaciones más densamente pobladas, y de una nueva política catastral que incluya de manera profesional esta visión, sólo puede ser realizada por especialistas que (como ellos) defiendan con argumentos incontrovertibles estos conceptos. De lo contrario se estaría desaprovechando el momento oportuno que —por desgracia, desde septiembre pasado— estamos viviendo.

Dichas políticas públicas requieren el entendimiento del rigor científico mezclado con un disciplinado sentido práctico adquirido a lo largo de muchos años de ejercicio en la sismorresistencia, lo cual es aún todo un reto para la sociedad en general e incluso para muchos profesionales de la construcción.

 

Los mapas de riesgo sísmico son elaborados por el Instituto de Ingeniería de la UNAM. Estos mapas concentran el procesamiento estadístico de la información generada por más de 25 años de una red de acelerómetros en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México. Este sistema, aunado a los datos de catastro, permite asociar un riesgo sísmico a estructuras de distintos periodos frente a un sismo determinado (ver gráfico).

Un procesamiento estadístico complejo permite obtener las “seudoaceleraciones” que reciben estructuras de distintos periodos de vibración, tras sismos asociados a distintos periodos de retorno. Para el año 2009 ya se contaba con nuevas versiones de mapas de riesgo sísmico que toman en consideración descripciones geométricas de la placa de Cocos, leyes de atenuación para distintos tipos de sismo y funciones de ampliación del movimiento del suelo.

El trabajo académico de Rico Celis y Rico Zepeda sólo consistió en sobreponer, electrónicamente, los mapas de riesgo sísmico sobre los planes de desarrollo vigentes.

La modificación de los planes de desarrollo puede ir tomada de la mano con la inclusión, en las Normas Técnicas Complementarias del Reglamento para Construcciones en la CDMX, de un mapa con periodos estructurales autorizados. Así de simple.

Que quien fije los futuros usos de suelo sea la seguridad estructural de las construcciones y no sólo la presión social ejercida por grupos de vecinos que, salvo contadas excepciones, opinan sin fundamento técnico alguno en un tema tan complejo como lo es la ingeniería sísmica.

La idea que resume la esencia de la ingeniería sísmica para ambos ingenieros es aquella que alguna vez mencionó otro ingeniero, Óscar de Buen López de Heredia: “Cuando se trata de cálculo estructural sísmico es mejor no hacer nada que hacer algo que usted no comprenda”.

 

Juan Pablo García Moreno
Editor de nexos en línea.

 

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