¿Por qué murieron más mujeres el 19S?
Un análisis inicial

En la medida en que aumentaba la lista de personas fallecidas entre los escombros de edificios caídos durante el terremoto del pasado 19 de septiembre en la Ciudad de México, comenzó a hacerse evidente una regularidad estadística: la mayor proporción de personas fallecidas eran mujeres. Así, el 24 de septiembre, cinco días después de la tragedia, la cifra oficial de fallecidos en la ciudad alcanzaba 181 personas, de las cuales 120 eran mujeres y 61 hombres, es decir, una razón de dos mujeres por cada hombre.

Luego de que se llamara la atención en redes sociales sobre esta desproporción de muertes femeninas, las reacciones fueron de distinta índole, desde quienes interpretaron el dato como un llamado a analizar las causas de la sobremortalidad femenina, hasta quienes plantearon que tal desbalance no era una anormalidad estadística, pasando por un número muy alto de respuestas de odio e insultos de quienes, agazapados en la trinchera de su lucha contra el feminismo en las redes sociales, tomaron el mensaje como una batalla más de su guerra virtual.

Han pasado ya varios días y parece un buen momento para retomar la discusión sobre este tema, con mayor calma e información a la mano. En el conteo final los datos también se han actualizado: las cifras oficiales finales (4 de octubre) indican un total de 228 personas fallecidas rescatadas de edificios colapsados en la CDMX, de las cuales 60.5% (138) son mujeres.1


Ilustración: Patricio Betteo

¿Existió sobremortalidad femenina? ¿O es sólo una casualidad la mayor proporción de mujeres fallecidas?

Antes de plantear algunas posibles explicaciones de la sobremortalidad femenina, conviene preguntarse hasta qué punto la distribución por sexo observada responde efectivamente a un mayor riesgo de mortalidad femenina. Como han apuntado algunos comentarios en las redes sociales, es esperable que exista un mayor número de mujeres fallecidas por el hecho de que en la Ciudad de México habitan más mujeres (52.6%) que hombres (47.4%). Por tanto, si el riesgo hubiese sido el mismo para ambos sexos, se esperaría una distribución de las defunciones por sexo similar a la de la población.

En la distribución de defunciones observada, sin embargo, el porcentaje de mujeres es mayor en varios puntos porcentuales al de la población femenina. Aunque este desbalance es llamativo, cabe la posibilidad de que sea exclusivamente un resultado de la casualidad, es decir, que aún siendo el riesgo de muerte similar para hombres y mujeres, la distribución de fallecimientos observada se haya inclinado hacia las mujeres por azar.

Aunque esto es posible, las herramientas de la estadística nos permiten saber que es extremadamente improbable: si los riesgos de defunción hubiesen sido los mismos para varones y mujeres, sólo en 1 de cada 100 eventos se presentaría una distribución por sexo de las muertes tan sesgada hacia las mujeres como la observada este 19 de septiembre.2 Lo más probable, por tanto, es que la explicación no radique en la mayor proporción de mujeres en la población ni en el simple azar. Más bien, los riesgos de defunción fueron mayores para las mujeres. ¿Qué es entonces lo que explica la sobremortalidad femenina?

División del trabajo por género, tipo de edificios colapsados y hora del terremoto

La principal explicación podría radicar en la combinación de tres factores: la marcada división del trabajo por género (prevaleciente incluso en un entorno de mayor equidad como la Ciudad de México), el tipo de edificios colapsados en los que hubo víctimas, y la hora en la que ocurrió el terremoto.

Aunque en las últimas décadas se han presentado avances importantes en la equidad, persiste en el país una marcada división de roles por género. La gran mayoría de los hombres adultos participa activamente en el trabajo remunerado, mientras que la participación de las mujeres es mucho más reducida y frecuentemente se restringe a las tareas no remuneradas de reproducción familiar, como son las labores domésticas y de cuidado familiar. Los datos del Módulo de Condiciones Socioeconómicas 2014 de INEGI (Gráfica 1) reflejan esta situación: mientras que 43% de los hombres en la CDMX se dedican de manera prácticamente exclusiva al trabajo remunerado, sólo 10% de las mujeres lo hacen. En cambio, 43% de las mujeres sólo se dedican al trabajo no remunerado, frente a 8% de los varones.

Esta disparidad implica que una proporción muy alta de mujeres trabaja en sus casas, mientras que los hombres, en su gran mayoría, “salen a trabajar”. A esto es necesario sumar los efectos de la segregación ocupacional por género, que ubica a hombres y mujeres que trabajan fuera de casa en distintas ocupaciones, lo cual frecuentemente implica distintos lugares de trabajo. En conjunto, estas diferencias en la división del trabajo por género producen una marcada división de la localización espacial de hombres y mujeres en horarios laborales.

Gráfica 1. Distribución de hombres y mujeres entre 20 y 64 años de edad residentes en la CDMX según su participación en el trabajo remunerado y no remunerado*

* Se define a las personas con trabajo remunerado como aquellas que declaran dedicarse por al menos una hora a una ocupación en la semana previa al a entrevista. Las personas que participan en el trabajo no remunerado se definen como aquellas que dedicaban al menos una hora diaria a las actividades no remuneradas de cuidado, reparación y quehaceres del hogar (Ver: Solís, Patricio. 2017. Discriminación estructural y desigualdad social. México: CONAPRED). Se excluyen las personas desocupadas.

Fuente: estimaciones propias a partir de los microdatos del Módulo de Condiciones Socioeconómicas 2014, INEGI.

En el caso del terremoto del pasado 19 de septiembre, esta disparidad interactuó con otros dos factores, uno de carácter sistemático y el otro enteramente azaroso. El factor sistemático es que en las edificaciones colapsadas en que hubo personas fallecidas predominan aquellas de tipo habitacional. Elaboramos una lista de edificios en los que se presentaron víctimas (Cuadro 1).3 La distribución de edificios colapsados y víctimas por tipo de edificio (Cuadro 2) revela que casi el 70% de los edificios colapsados eran exclusivamente habitacionales y otro 8.8% tenían un uso mixto que incluía viviendas; casi la mitad de las personas fallecidas (49.6%) perdieron la vida en estos edificios.

Debido a la disparidad espacial entre hombres y mujeres ya señalada, la mayor parte de las personas que fallecieron en estas edificaciones eran mujeres. El efecto de esta disparidad de género se hace evidente justamente en el caso del edificio colapsado en Álvaro Obregón 286, que es la excepción que confirma la regla: por tratarse de un edificio de oficinas, en este caso la distribución de fallecidos justamente sigue un patrón opuesto: 29 hombres (59%) por 20 mujeres (41%). De hecho, si se excluye de la cuenta total a esta edificación (una de las pocas en las que tenemos datos confiables sobre la distribución por sexo hasta la fecha), la proporción total de mujeres fallecidas en el terremoto alcanza 66%, es decir, dos mujeres por cada hombre.

El elemento azaroso es la hora (1:14 pm). Si el terremoto se hubiese presentado a una hora en que las personas estuviesen en sus viviendas, quizás estaríamos hablando no sólo de una cifra mayor de personas fallecidas, sino también de una distribución más equilibrada por sexo y de un mayor número de víctimas menores de edad.


Otros factores explicativos

Existen otros factores que podrían contribuir a explicar la sobremortalidad femenina y que sería necesario colocar sobre la balanza cuando se disponga de mayor información. El primero es que dos de los sitios de trabajo colapsados pertenecen a subsectores de actividad con gran concentración del trabajo remunerado femenino, es decir, con empleos altamente feminizados. Uno de ellos es Bolivar 168, en el que existían talleres de manufactura textil y costura. Existen versiones encontradas acerca del número de personas fallecidas en este sitio (en nuestra lista contabilizamos 26), pero los reportes señalan que en este sitio la proporción de víctimas mujeres pudo incluso haber sido cercana a 90%.

El otro sitio es el Colegio Rébsamen, en donde fallecieron 26 personas, 19 de ellas menores de edad y 7 adultos. La información disponible sugiere que todas las personas adultas fallecidas son mujeres (principalmente maestras y aparentemente una trabajadora de limpieza), con lo que el porcentaje de víctimas mujeres en este sitio alcanza 65%.

Otro posible elemento a considerar es que en los edificios habitacionales no sólo fallecieron mujeres dedicadas exclusivamente al trabajo remunerado, sino también trabajadoras que desempeñaban sus actividades remuneradas en domicilios particulares. Esto incluye principalmente a las trabajadoras domésticas. Aunque se presume que varias de las mujeres fallecidas en los edificios habitacionales colapsados eran trabajadoras domésticas, hasta el momento no existen datos sobre su número y sería importante contar con ellos. No es claro tampoco si entre las mujeres fallecidas había quienes se dedicaban a otras ocupaciones remuneradas freelance realizadas en sus propios domicilios.

Por último, es probable que la composición demográfica de la población en edades avanzadas también haya contribuido a la sobremortalidad femenina. De acuerdo con datos de INEGI, en la Ciudad de México residen aproximadamente 900 mil personas con 65 años o más, de las cuales 58% son mujeres, entre quienes la prevalencia de las dificultades para la movilidad es mayor. Dado que no existe información sobre la distribución por edad de las personas fallecidas, desconocemos hasta qué punto la población en edades avanzadas fue un grupo particularmente golpeado por la mortalidad; nuevamente, es necesario contar con información más específica sobre el perfil social y demográfico de las personas fallecidas.

¿Hacia dónde avanzar? Un atlas del riesgo social

Este análisis inicial debe ser profundizado cuando se cuente con más información. No obstante, con los datos disponibles resulta evidente que, en el caso particular del terremoto del 19 de septiembre, la combinación de las desigualdades en roles de género, el tipo de edificaciones colapsadas, la hora del sismo, y probablemente otros factores como la vulnerabilidad de las mujeres que trabajan en domicilios particulares, se materializaron en mayores riesgos para las mujeres residentes en la CDMX.

¿Hasta qué punto esta vulnerabilidad es una constante o el resultado de las características de este evento en particular? ¿En qué medida existen otros clivajes sociales, además de las desigualdades de género, que determinan la distribución social de los riesgos ante distintos tipos de eventos catastróficos?

Existe poca información al respecto en México. Pero estudios en otras latitudes permiten suponer que grupos sociales específicos como las mujeres son más vulnerables ante los desastres. Una lección importante del análisis del 19S es que es necesario avanzar en la identificación de la distribución desigual de los riesgos ante este y otros tipos de eventos, que no sólo tome en cuenta los factores estrictamente físicos o geográficos, sino también la forma en que las circunstancias sociales contribuyen a la conformación de grupos sociales vulnerables. Sólo a partir de este diagnóstico será posible focalizar políticas de prevención y protección civil destinadas a reducir los riesgos para estos grupos sociales.

 

Patricio Solís, El Colegio de México
Alejandra Donají Núñez, Transversal, A. C.


1 Es probable que la cifra final aumente en los próximos días. Sin embargo, es poco probable que estos cambios alteren significativamente las conclusiones de este trabajo.

2 Esta probabilidad deriva del cálculo de la probabilidad binomial acumulada de obtener x>=138 mujeres en un total de n=225 defunciones, bajo el supuesto de que ambos sexos tienen el mismo riesgo de muerte y por tanto la p esperada es similar a la proporción de mujeres en la población, es decir, 0.526. Existen calculadoras en línea para realizar este cálculo, por ejemplo. Otra manera de calcular esta probabilidad es mediante una regresión logística, en la que la variable dependiente es el riesgo de fallecimiento en la población total y la variable independiente el sexo. Ambos ejercicios producen resultados similares.

3 Esta lista fue recopilada por los autores fundamentalmente a partir de los reportes periodísticos actualizados del número de personas fallecidas en cada uno de los sitios y debe ser cotejada con otras listas, como las recientemente publicadas por Animal Político y Reforma. Hasta el momento no existe información oficial sobre la distribución de personas fallecidas por sitio, por lo que también es indispensable exigir a las autoridades que proporcionen tal información. Es muy probable que la lista tenga imprecisiones que deberán ser corregidas posteriormente. Sin embargo, esas imprecisiones no deberían afectar significativamente los resultados del análisis que aquí presentamos.

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Publicado en: Sólo en línea