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Ricardo Garibay. Antología (Cal y arena, selección y prólogo de Josefina Estrada) constata que el escritor fue un maestro del lenguaje. Publicamos un cuento incluido en el volumen de la colección Esenciales del XX, serie de antologías de los clásicos modernos cuya obra define y diversifica la literatura mexicana del siglo pasado.


Había una vez un niño que vivía jugando siempre, horrorizado de sus juegos, en las entrañas de un hombre. El hombre sufría por esto y decidió matar al niño; mas para lograrlo tuvo que abrir su cuerpo con un pequeño cuchillo. Y creyendo morir gritaba, cuando vio que de sí salían muchos otros niños, sosegados, hermosos; y sentía que conforme lo abandonaban se hinchaba su pecho, aumentaba el grosor de sus músculos y sobre su cabeza caía buena frescura. Ésos eran sus hijos. Sonrió feliz y el odio por el muerto se le trocó en suave remembranza, y decidió hacer de su vida una historia dulce y triste, que moviera a meditación. Muchos la leyeron, e imitándole cortaron sus venas y rajaron sus vientres, para buscarse también algún infante rabioso que les molestara; unos nada hallaron, y de los otros, algunos salieron contentos a conversar a las calles y a los cafés, y a otros les llegó nostalgia y desasosiego y decidieron seguir a quienes ya no estaban y murieron. La ciudad quedó sin hombres, casi, pues los sanados faenaban alegremente; así que no había amargura. Al ver esto se levantó un anciano muy sabio y dijo: “Con tu palabra y tu tarea, que no con tus manos, matarás lo que en tu seno te atosiga”. Y el gobierno dictó leyes prohibiendo a los hombres buscarse niños en sus adentros.

Los incrédulos fundaron una escuela y comenzaron a estudiar lo de allende la piel de los humanos. Cuando terminaron se repartieron diplomas, almorzaron y se despidieron para ir por diferentes rumbos. Fueron los psiquiatras, que abrieron consultorios y pusieron en sus puertas este letrero: “Somos como los antiguos taumaturgos, que echaban fuera del hombre a los demonios”. Y fue porque olvidaron muchas cosas; pero la voz del anciano siguió siendo valedera.

 

Ricardo Garibay

Escritor. Autor de MazamitlaBeber un cálizBellísima bahíaLa casa que arde de nochePar de reyesAires de bluesTaíb y Triste domingo, entre otros libros.

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