“Dialéctica”, Revista de la Escuela de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Puebla. No. 4. Enero de 1978. Aparece tres veces al año. Calle 3 Oriente No. 403. Puebla. Pue.

Cuando en nombre del marxismo se afirma que toda filosofía está siempre ligada a una posición de clase, se hace una afirmación parcial, o mejor dicho se hace una reducción. El que Aristóteles sea un filósofo de la aristocracia esclavista, o Hegel de la burguesía ascendente omite una cuestión quizá más importante que la filosofía de estos pensadores conceptúa, sistematiza y evidencia el pensamiento de un poder. No nada más constituye un reflejo de ese poder. La filosofía de Hegel es un conjunto articulado y complejo de interpretaciones, revelador de dicho poder.

Marx, como filósofo a la par que científico social, ahonda en la interpretación de una realidad y de un poder históricamente determinados el modo de producción capitalista. Con la explicación de varias leyes fundamentales de esta forma social, ligada a la praxis de la clase social -polo de la contradicción central del capitalismo- se instituye la Teoría de la revolución social.

El marxismo, en su desarrollo histórico, ha pasado por una serie de vicisitudes de distinto origen. Algunas de ellas son referidas en varios ensayos contenidos en Dialéctica.

Georg Backhaus plantea en su ensayo “Dialéctica de la forma del valor”, que los teóricos de la economía burguesa igualan la teoría del valor de Marx a la de Ricardo reduciéndola a una doctrina económica; “nociones” como dinero y capital, son interpretadas por aquellos como cosas -que a lo sumo cambian de forma: el capital es ora dinero ora mercancía-. Junto a esta deformación premeditada, Backhaus sostiene que hay otro problema: “…el hecho de que Marx no ha dejado una versión acabada de su teoría del valor trabajo”, de que no expuso claramente “el tema central del análisis de la forma de valor”. (p. 12).

Hacia la resolución de ese problema, el autor desarrolla un serio análisis de la estructura lógica de la forma de valor, planteando sus nexos con los conceptos de la teoría de la moneda, así como la interdependencia entre la teoría del valor y el fenómeno de la reificación (el fetichismo del mercancía). Backhaus -a quien la Redacción de Dialéctica olvida presentar- propone la reconstrucción de la teoría del valor en su totalidad, como un reclamo a la investigación marxista, realizando una rigurosa reflexión en esa dirección. 

Giusseppe Vacca (“Hegel en la historia del marxismo”), sitúa la relación entre Marx y Hegel, como una relación de continuidad e inversión por Marx del método dialéctico desarrollado por el filósofo de Jena. Tres categorías son, para Vacca, las que el Marxismo aplica creadoramente a lo largo de su, proceso histórico: contradicción, dialéctica y totalidad. El abandono explícito o la excesiva importancia conferida a las mismas (lo que respectivamente hacen los economicistas-revisionistas de la II Internacional y los marxistas revolucionarios posteriores a ellos) permiten al marxista italiano interpretar la importancia de aquellas, como rasgos revolucionarios del marxismo, como “referente teórico de la lucha de clases en sus concretas manifestaciones históricas”. (p. 45)

El trabajo de Vacca resulta sugerente pese a que la amplitud del periodo comentado y los múltiples problemas ligados al tema dificultan y, en algunos momentos debilitan su exposición.

Bolívar Echeverría (“El concepto de fetichismo en el discurso revolucionario”) da un paso hacia la definición del concepto de fetichismo mercantil esclareciendo tres ideas generalizadas que obstaculizan la construcción científica del concepto. Echeverría hace la distinción entre: a) el fetichismo mercantil y la teoría especial -derivable de aquel- de “los efectos ideológicos en el discurso o falseamiento de la conciencia social”; b) la función social reproductiva de los fetiches arcaico (objeto instrumental mágico) y de abstinencia (objeto sexual sustitutivo), y la función que cumple la mercancía “u objeto fetichoide”; c) el fetichismo mercantil simple o en general, y el fetichismo mercantil desarrollado o capitalista. El ensayo posibilita el desarrollo de un análisis de la teoría del fetichismo de la mercancía, teoría “central para el discurso revolucionario”.

“Divergencias y convergencias entre el anarquismo y el marxismo”, de Enrique González Rojo, es el trabajo más polémico de la revista. Sostiene que entre el marxismo y el anarquismo -teorías anticapitalistas, hermanas- existe un vacío teórico-político que puede ser llenado a partir de medios de producción y de la dictadura del proletariado (el marxismo) y la lucha contra la deformación autoritaria, opresiva, del estado capitalista (el anarquismo). González Rojo sostiene que estas verdades se unen/complementan por medio del concepto de “clase intelectual” y de la “teoría de la revolución articulada”. Afirma que la clase intelectual -como dueña de los medios de producción intelectuales- ha existido a lo largo de la historia, expresando en el capitalismo “una polaridad clasista secundaria” entre el trabajo manual y el trabajo intelectual. Añade que esta clase, al ser socializados los medios materiales de producción, se convierte en la clase dominante: “1) porque la intelectualidad será el único agrupamiento social homogeneizado por su propiedad privada de medios de producción intelectuales, y 2) porque la intelectualidad, o parte de ella, será la que pase a integrar los puestos de mando.” (p. 69).

Es con la Revolución Cultural como se le expropia a dicha clase, agrega G. Rojo; pero además, la revolución cultural permite vincular científicamente la revolución económica y la revolución antiautoritaria -o socialización del poder-. Es decir, es el nexo entre el marxismo y el anarquismo. G. Rojo concluye su ensayo con la tesis de que al marxismo y al anarquismo “les falta un eslabón: la segunda determinación externa del Estado (la apropiativo-intelectual) y la revolución cultural que supone” (p. 79) y que es el marxismo el que puede sistematizar dicho eslabón, para convertirse en “práctica cohesionadora” de ambas concepciones.

Si bien es importante destacar la división trabajo manual/trabajo intelectual, G. Rojo maximiza la polaridad clasista derivada de aquella; no hay una caracterización que profundice en dicha relación social, que pueda responder a la pregunta de si los intelectuales son una clase social, bajo determinaciones económicas y políticas. Por otra parte, la tesis sobre la necesidad de articular las revoluciones económica, cultural y antiautoritaria, es válida en buen grado, en parte por la evidencia de los procesos “socialistas” cuya sistematización teórico-política apenas se inicia.

Dialéctica contiene otros ensayos, sobre la dialéctica en Marx, Engels, Croce y la tesis sartreana sobre la revolución filosófica de Marx; textos de Marx, Engels, Lenin, Korsch y Della Volpe sobre la dialéctica; notas bibliográficas y notas varias.