John V. Murra, La organización económica del estado inca. México, Siglo XXI Editores, 1978. 270 pp.
John V. Murra, Formaciones económicas y políticas del mundo andino. Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 1975. 339 pp.
Nathan Wachtel, Sociedad e ideología. Ensayos de historia y antropología andina. Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 1973. 240 pp.
Nathan Wachtel, Los vencidos. Los indios del Perú frente a la conquista española (1530-1570). Madrid, Alianza Editorial, 1976. 408 pp.
Uno de los hechos más notables en la reconstrucción histórica del mundo americano es el aumento reciente de estudios sobre la historia antigua y colonial del área andina. En unas cuantas décadas la arqueología iluminó horizontes temporales antes envueltos en la leyenda o el mito y produjo nuevos conocimientos sobre las diversas culturas y su evolución. En el caso de la historia del periodo Inca y de la posterior conquista y colonización españolas, los enfoques provenientes de la antropología, la etnohistoria y la historia económica y social han aportado una nueva imagen del proceso histórico que destruyó la organización económica y política de los aborígenes.
En 1955 John V. Murra, antropólogo de origen rumano, inició lo que podría llamarse una revalorización de la organización social y económica del estado gobernado por los Incas. En la tesis que entonces presentó, publicada apenas en 1978, La organización económica del estado Inca, Murra exhibió la endeble base que sostenía a quienes le adjudicaban al periodo Inca las características de un estado socialista, o de un poderoso estado que controlaba todos los recursos humanos y naturales en favor de una población que no conoció el hambre ni la desigualdad social extrema. Con un enfoque más de antropólogo que de historiador, comparó las crónicas con los datos proporcionados por la etnología, la etnohistoria y la antropología, y observó que en la mayoría de los casos las crónicas expresaban la visión del escritor europeo, no la situación real de los grupos indios. Con esta idea revisó tanto las crónicas como los estudios recientes sobre el estado Inca y propuso un acercamiento al mundo indígena a partir de sus propias bases económicas, sociales y mentales.
Murra descubrió no un estado regido exclusivamente por los intereses del Cuzco, sino asentado en el reconocimiento de los reinos y señoríos étnicos, a quienes el Inca gobernaba indirectamente, a través de sus propios curacas o gobernantes. Este estado multiétnico había creado un aparato político central (ejército, burocracia, religión, hacienda imperial), que se articulaba con los diferentes grupos étnicos a través del parentesco y del reconocimiento de las necesidades económicas y sociales básicas para la reproducción de la célula étnica y de los sistemas provinciales o regionales.
El estudio de la agricultura, la tenencia de la tierra, los rebaños y los tejidos, que forma la primera parte del libro de la comunidad étnica campesina. En la segunda parte Murra estudia la articulación de las comunidades campesinas con el estado Inca. Examina el sistema de rentas creado por éste y observa que el principal recurso que extrajo el Estado de la comunidad étnica fue la energía humana, el trabajo obligatorio y rotativo de los miembros de las comunidades en las tierras estatales, la manufactura de tejidos, las obras públicas y el ejército. Una parte de esta acumulación de bienes y servicios era redistribuida de inmediato entre la clase gobernante; otra se dedicaba a ampliar las bases económicas del estado (terrazas de cultivo, obras de irrigación, fundación de colonias en nuevas tierras); otra se aplicaba a obras públicas y religiosas; otras más al ejército; y el resto se almacenaba en los grandes depósitos. Es decir, el excedente de energía humana que extraía el estado de las comunidades se aplicaba al mantenimiento y fortalecimiento del estado, pero no se redistribuia entre las comunidades. Estas atendían sus necesidades de dotación de tierras, reparto del trabajo y de las cosechas, servicios de reciprocidad y bienestar, por sus propios procedimientos comunitarios.
En estudios posteriores (Formaciones económicas y políticas del mundo andino), pero publicados antes que la mencionada tesis, Murra continúa su revalorización de la economía y la sociedad andina. Sus estudios sobre el maíz, los tubérculos, los rebaños, los tejidos y un penetrante análisis de la utilización de los diversos pisos ecológicos por los grupos étnicos, aportaron conocimientos fundamentales para percibir las características originales de los modos de producción del área andina.
Con estos estudios Murra puso las bases para considerar las culturas indígenas no desde las categorías y conceptos europeos, sino a partir de sus propias motivaciones. Lo importante es que este enfoque revisionista no se ha detenido. En 1964 R. Tom Zuidema dio a conocer su tesis doctoral (The ceque System of Cuzco. The social organization of the Capital of the Inca), en la que a través de un análisis estructural intrincado y espeso, descubre las categorías espaciales y de parentesco de la capital y del Imperio Inca. El novedoso estudio de Zuidema muestra que los principios normativos del Cuzco determinaban no sólo la organización del espacio y las estructuras de la sociedad, sino también la representación del tiempo y la concepción del universo. El individuo estaba inserto en grupos de edad, que formaban grupos matrimoniales que definían el sistema de parentesco, los que a su vez se ligaban con las diez dinastías incas de la historia mítica. Por último, todos estos elementos se integraban en un sistema religioso que conectaba al individuo, a las familias y a los incas con el universo, el espacio y el tiempo.
En 1973 Nathan Wachtel hizo una fina evaluación de las aportaciones de Murra y Suidema (Sociedad e ideología). Apoyándose en estas obras propuso un enfoque que comprendiera el análisis de la economía, de las relaciones sociales y de las representaciones mentales del mundo andino. Este triple enfoque fue aplicado por Wachtel en su libro Los vencidos. Los indios del Perú frente a la conquista española, en el que sistematiza y enriquece los mejores hallazgos de Murra y Zuidema, y ofrece un haz de nuevas perspectivas. Parte de una nueva lectura de las crónicas y ofrece una historia al revés, una interpretación de la conquista vista por los indígenas. Presenta un análisis de los principios de reciprocidad y redistribución que sostenían la estructura económica (producción, propiedad, tributo), de las bases de la organización sociopolítica (dualismo, cuatripartición, tripartición), y de las categorías religiosas y temporales de la visión andina del universo. Agrega uno de los mejores análisis que se tienen sobre el deterioro de una cultura americana: el estudio de las catástrofes demográficas, del rompimiento de los modos productivos indígenas al implantarse la economía de los vencedores, de la desestructuración social y la persecución de la religión narrativa, y de las formas de mestizaje material y cultural que acompañaron a los procesos de dominación. La tercera y última parte contiene un novedoso estudio de las formas de insurgencia y resistencia indígena (milenarismo, insurrecciones, guerras) que se dieron durante el primer siglo de la época colonial.
Es imposible, en una nota breve, dar una idea completa de las aportaciones y nuevas perspectiva que ofrecen las obras de Murra y Wachtel. No basta decir que han roto el modelo eurocentrista que predominaba en los estudios americanistas. No se suficiente señalar que han iniciado, al desplazar el punto de observación, la recuperación de una historia a los contenidos específicos de la cultura indígena. La economía, la sociedad, como las representaciones mentales del espacio y el universo indígena, aparecen en las obras de Murra y Wachtel con otra satisfacción y expresan un sentido diferentes. También exhiben estas obras nuevas fuentes, incorporan nuevo método y ofrecen, con humildad, sin alardes teóricos, pero con gran consistencia vías nuevas para enriquecer el análisis histórico, tanto en la explicación de las estructuras que modelan los comportamientos generales, como en la explicación de lo concreto, de lo históricamente vivido. Incorporan las de la historia tradicional, los nuevos enfoques de la etnohistoria y la antropología, que combinan y confrontan con los nuevos métodos de la historia de la demografía, de la economía, de la sociedad y de las mentalidades, y nos ofrecen así un cuadro de profundas transformaciones que hoy experimenta el estudio del pasado. Pero sobre todo, estas obras han cancelado una forma de recuperación del pasado que falseaba su interpretación, ofrece comprender con más fidelidad a las sociedades autóctonas, y proponen enfoques que nos acercan a una interpretación histórica que no separa los componentes de la realidad (economía, sociedad, religión, representaciones mentales), sino que busca explicar sus relaciones.