El cine mexicano en 1978: entidad caótica, hundida en medidas aniquilantes, en la falta de un plan cultural armónico del gobierno o de los productores de la iniciativa privada. Su inscripción final es la de la inepcia y el cálculo mercantil enfrentados a minúsculos, heroicos y alentadores logros artísticos (no tan pocos como se pondría en un principio) hechos casi contracorriente.
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