La deuda pública externa de México es tan antigua como el propio Estado mexicano, pero su carácter ha cambiado sustantivamente en distintos momentos históricos. En un primer período -de 1824, año en que se inicia el endeudamiento externo del gobierno mexicano con la llamada Deuda de Londres para la construcción del ferrocarril, a 1941 en que se restablece definitivamente la capacidad de pago del país y el servicio de su deuda a menudo interrumpido- el endeudamiento público externo funciona como un mecanismo de emergencia. Se acude a él para resolver problemas no siempre vinculados al desarrollo económico y social del país, pero que plantean exigencias concretas de recursos externos. Con deuda nueva se cubre el servicio de la antigua; se sufraga una parte importante de los gastos militares ocasionados por los diversos períodos de conflagración y pacificación por los que atraviesa el país; se financia el programa de obras públicas del Estado, sobre todo durante el Porfiriato, y se indemniza a los residentes extranjeros por las pérdidas ocasionadas por las luchas civiles y las nacionalizaciones.
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