Alfonso Caso, Reyes y reinos de la mixteca I. Advertencia de Ignacio Bernal. México, Fondo de Cultura Económica, 1977. 245 pp.
En esta obra póstuma Alfonso Caso descifra los relatos históricos más antiguos que hasta hoy se conocen de Mesoamérica contenidos en los Naandeye o códices mixtecos escritos «para memoria de lo pasado». No hace mucho casi todos los estudiosos de los antiguas civilizaciones de Mesoamérica afirmaban que los glifos y pictografías de las estelas, monumentos y códices se referían a hechos astronómicos, calendáricos y religiosos pero no históricos. En la zona maya donde el calendario, los registros astronómicos y el sistema numérico fueron desarrollados hasta alcanzar una precisión notable, los especialistas más distinguidos habían visto sólo especulaciones astronómicos y complicados simbolismos religiosos, sin nexos con hechos y personajes históricos. Hace poco Mercedes de lo Garza (La conciencia histórica de los antiguos mayas. México UNAM 1975), recogió las nuevas sugerencias de H. Berlín, D. H. Kelley, T. Proskouriakoff y A. Ruz, en el sentido de que las fechas y jeroglíficos mayas aludían a las hazañas y dinastías de gobernantes y eran un registro intencionado de hechos históricos.
El libro de Alfonso Caso confirma plenamente esas observaciones, presenta una demostración irrefutable del carácter histórico de los códices mixtecos y amplía nuestro conocimiento de la historia antigua al reconstruir la historia de varios gobernantes mixtecos, desde el siglo VII hasta 1580. Estas aportaciones de Caso son producto de más de cincuenta años de paciente y sistemática investigación de los códices, los calendarios, la arqueología y la historia antigua de México. La historia de esta hazaña intelectual que el mismo Caso traza brevemente en lo introducción es un compendio de las exigencias que plantea el real desarrollo del conocimiento y de los principios que conducen al avance de la ciencia: primeros descubrimientos que llevaban a explorar nuevas fuentes, técnicas y métodos; correlación de los datos adquiridos con las nuevas hipótesis; reconocimiento de errores revisión de las evidencias acumuladas, nuevas especulaciones y exploración persistente de las fuentes que prometen conocimientos firmes; prolongados periodos de análisis, cotejo y establecimiento de resultados a veces fragmentarios; formación a partir del análisis riguroso de estos resultados de un nuevo conocimiento que dota de coherencia a lo que antes era impreciso y ofrece un piso sólido donde asentar nuevas hipótesis.
Sometiéndose a estas exigencias Caso pudo ofrecernos esta primera historia de los reyes y reinos de la mixteca en la que trabajó hasta los últimos días de su vida. Debe distinguirse su doble aportación. Una es la extraordinaria, complicada y fascinante reconstrucción de la sucesión de reyes fundación de reinos, guerras, alianzas políticas e historias familiares de las dinastías que gobernaron a los pueblos de la mixteca entre fines del siglo VII y 1580. Otra, la más trascendente, la que marca un hito en la historia del conocimiento científico de los pueblos mesoamericanos, es el método riguroso que lo llevó a descifrar calendarios, glifos, códices y restos arqueológicos y a crear la base científica para establecer una cronología y un sistema de referencias que ahora permite leer lo que antes paresia un conjunto de símbolos oscuros impenetrables. Este descubrimiento capital abre una nueva etapa en el desarrollo de las investigaciones sobre las culturas prehispánicas y obliga a reconsiderar bajo una nueva perspectiva el estudio de su evolución social política e ideológica.
El descubrimiento de Caso muestra que los jefes mixtecas, de manera semejante a los reyes sumerios, los faraones egipcios, los sacerdotes hebreos y los reyes y aristocracias más recientes usaron la historia para legitimar su autoridad. El registro del ascenso de los reyes o de sus conquistas y actos importantes no era una curiosidad intelectual o un afán de recorrer con exactitud las fechas y significados de los hechos histórico. Se trataba simplemente de perpetuar la creencia en la continuidad inextinguible del oficio real y de fijar la idea de su origen divino. Los códices mixtecos excluyen la historia de las poblaciones gobernados por reyes como «Humo que cae del cielo», «5 Viento» o «Garra de Tigre» y cuentan con detalle sus grandes hazañas oscurecen sus infortunios y cuidan de establecer su liga con remotos antepasados de origen divino. Quetzalcóatl, el legendario dios creador y héroe cultural de los pueblos del centro de México es también el invocado fundador de dinastías en los códices mixtecas.
Estamos pues ante un caso más de «historia» fabricada para servir a los intereses de sus creadores. Este es un hecho que debe aceptarse sin caer en el extremo de negarle validez o estos y otros documentos semejantes. El principio de una buena reconstrucción histórica parte de reconocer el origen y la intención de los testimonios que maneja el historiador. Caso reconoció estas características en los naandeye mixtecos y pudo servirse de códices procedentes de otros pueblos y evaluar las interpretaciones divergentes, contradictorias o similares que trasmiten. Amplió las fuentes útiles para reconstruir la historia antigua y produjo un caudal insospechado de hechos políticos, ideológicos, sociales, religiosos, toponímicos y cronológicos que servirán para formular nuevas hipótesis e interpretaciones. La historia de estos pequeños señoríos gobernados por familias dinásticas en alianza o guerra constante con sus vecinos ilumina un desarrollo tan inestable que recuerda a la época de los «reinos combatientes» de lo historia China. Junto a esto el libro de Caso deja lo grata sensación de una ciencia histórica abierta a los desafíos capaz de acumular y crear nuevos conocimientos y con practicantes dispuestos a dotarla de bases cada vez más sólidos, amplios y profundos.