“El Estado y la televisión”, Nueva Política. México, vol. 1, num. 3, julio-sept., 1976 288 pp.

Los medios audiovisuales constituyen por su sintaxis informativo fundamentalmente no verbal y alógica, el más poderoso instrumento de manipulación masiva. Antonio Pasquali recuerda, en Comunicación y cultura de masas, la reacción de los filósofos del grupo de Francfort que emigraron a los Estados Unidos: en la radiodifusión de nuestros poderosos vecinos, “descubrieron un sistema sustitutivo del nazista por su capacidad de condicionamiento y masificación”.

Independientemente del error de óptica que implicaría caracterizar un sistema global por uno solo de sus elementos, esa reflexión constituye sin duda un diagnóstico acerca de la sociedad que ha creado tales estructuras supuestamente comunicativas. En este sentido, la célebre y nunca bien entendida paradoja de Mc Luhan, “El medio es el mensaje”, podría significar, simplemente, que el mensaje está implícito en la propia estructura totalitaria, unidireccional e impositiva de los medios electrónicos, y muy especialmente de la televisión. Como señala Pasquali, la estructura misma de los medios supone la destrucción de la reciprocidad, la mera receptividad como impotencia. Pese a todo, el problema de los contenidos y del régimen de propiedad -propiedad social, estatal, privada o mixta- no es un problema menor. Para decirlo con Pasquali: “nuestras países -víctimas totales de la libre empresa en comunicaciones y por eso últimos absolutos en una graduatorio cualitativa mundial- deben promover o como dé lugar una renovación sectorial del sistema que puedo propiciar otras y más amplias renovaciones”. Experiencias como las de Inglaterra, Francia, Alemania Federal o Italia, aunque con las necesarias reservas pueden señalar un camino posible a los países de América Latina.

En México con más de 25 millones de televidentes, un canal estatal (13), un canal dependiente del IPN (11) y una única cadena realmente nacional, la empresa privada Televisa, que controla cuatro canales en el D.F. (2, 4, 5 y 8) y más de 70 en todo el país, la discusión se centra en varios puntos claves: la función social de la televisión, el papel del Estado y el régimen jurídico y de propiedad más adecuados a la realidad mexicana.

La mesa redonda que imaginamos, tomando expresiones textuales de los artículos respectivos sobre “El Estado y la televisión incluidos en el número tres, de Nueva Política, constituye a nuestro juicio una síntesis del debate que desde hace varios años involucra a publicistas, ejecutivos, empresarios y comunicólogos.

La sociedad de consumo y la nacionalidad

Miguel Alemán Velasco: Este mundo fundamentalmente mutable en que vivimos tiende o contraerse a través de la preservación de las fisonomías nacionales que es la manera de subsistir con decoro y con posibilidades de progreso (…) La televisión forma parte de este proceso de reencuentro de la nacionalidad. Entre nosotros se resisten a entenderlo así los becarios, jóvenes llenos de curiosidad que fueron enviados a estudiar televisión a otros países y que regresaron dispuestos a implantar en el suyo lo que les enseñaron como positivo en sociedades muy diferentes de la nuestra. Parecen ser ellos los agentes más activos de las trasnacionales a pesar de haber sido becados por el Estado mexicano (…) También la TV es protección y estímulo de los valores históricos populares y artísticas de la nacionalidad.

Jorge A. Lozoya (Pese al) antecedente del régimen del presidente Lázaro Cárdenas… que intentó multiplicar la participación estatal en la radiodifusión al autorizar el desarrollo de la televisión comercial, el gobierno mexicano deja en manos privadas el vehículo más importante de comunicación social. Esta decisión, opuesta a la experiencia histórica de México, caracterizada por la creciente ingerencia del sector público en la vida nacional, se agrava al comprobarse que los modelos que imita la televisión comercial acentúan la colonización ideológica y el deterioro de la conciencia nacional.

Hugo Gutiérrez Vega: Conviene establecer, mediante un análisis más serio y menos moralista que el realizado por los comunicólogos primitivos, las distintas formas utilizadas por los medios para difundir su ideología Por esto razón es necesario estudiar a fondo todos los objetos producidos por los medios electrónicos, desde los noticiarios hasta las telenovelas y las avisos comerciales. En estos últimos la carga ideológica es más pesada y más eficaz que la contenida en los llamados programas informativos.

Los anuncios, la programación y las presiones comerciales

Miguel Alemán Velasco: Si aceptamos que la definición académica de la publicidad es el conjunto de medios que se emplean para divulgar o extender la noticia de las cosas o de los hechos, es obvio reconocer que quienes estamos vinculados a esto actividad no podemos rehuir nuestra responsabilidad en este proceso de crisis.

Hugo Gutiérrez Vega: Las agencias de publicidad no se limitan a proporcionar datos objetivos sobre las características y el precio de un producto, sino que siguiendo las técnicas de persuasión, buscan imponer sus objetivos recurriendo, si es necesario, a la mentira al engaño y a los ataques en contra de las firmas competidoras.

Miguel Alemán Velasco: La llamada sociedad de consumo navega en un piélago de artículos innecesarios, convulsionada por el oleaje de las necesidades insatisfechas que estimula. Los riesgos de naufragio, fácilmente determinables, provienen de la promoción de artículos inútiles o que están fuera del alcance de las mayorías. (…) Hoy al servicio de la superflua y de lo suntuario, la publicidad del futuro debe basarse en la consulta de las genuinas necesidades y posibilidades de los miembros de toda la sociedad sin distingos ni discriminaciones.

Santiago Sánchez Herrero: Sin embargo, no sólo debe vigilarse el contenido de los anuncios, sino también la frecuencia e intensidad de las inserciones publicitarias, tanto en atención a la unidad dramática de muchas producciones como por respeto elemental al público.

Raul Cremaux: Debido a que la programación está hecha para ser cortada, interrumpida por los anuncios comerciales, la inserción de éstos a lo largo de las emisiones provoca el efecto de que no se alcance a discernir entre cuáles son los programas y cuáles son los anuncios. ¿A qué parámetro recurrir para saber dónde comienza y acaba un reportaje visiblemente pagada para exaltar las bondades de una fábrica de calzado de Guadalajara, y cuando se da el aviso comercial como tal?, ¿cuándo los cómicos y las “estrellas” de una emisión hablan para favorecer el consumo de una marca y cuándo utilizan el lenguaje para comunicar una idea no comercial?

Miguel Alemán Velasco: No negaremos que la televisión mexicana ha sido objeto de fuertes presiones comerciales, afortunadamente superadas hoy en su totalidad.

Santiago Sánchez Herrero: Sobre un gasto total efectuado en publicidad de 4,500 millones de pesos en 1973 (para dar un caso), el 44 por ciento fue invertido en televisión. Esta cifra es superior al presupuesto de todas las universidades públicas del país y más de seis veces la inversión que el gobierno federal dedicó al fomento de las actividades ganaderas, forestales y pesqueras en el mismo año.

Gustavo Esteva: (Según) un estudio que preparó el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, A. C., para la Asociación Mexicana de Agencias de Publicidad, “adviene la publicidad como factor influyente mas que informativo… dando como resultado un instrumento de control social”. Al analizar en detalle la función de la publicidad comercial el estudio señaló que “mediante sus funciones de atraer y crear demanda, contribuye a cerrar la brecha entre una producción excedente e impedida intrínsecamente por el sistema y una magnitud de consumo menor que aquella”. El fin de la publicidad se expresa claramente en el estudio, al destacar que “las empresas que utilizan más el servicio de la publicidad operan, en general con utilidades satisfactorias”. Menciona, asimismo, cuáles fueron las actividades industriales en que el gasto en publicidad tuvo mayor importancia relativa durante 1965: las de perfumes, cosméticos y otros artículos de tocador; elaboración de bebidas; fabricación de productos farmacéuticos medicinales; producción de jabones, detergentes y otros productos para el lavado y el aseo; manufactura de productos de tabaco. Con estas informaciones, es posible apreciar la contradicción que puede surgir entre el interés particular y el general, por un lado, y observar, por otro, que ese interés particular reconoce haber construido un mecanismo de influencia y control sobre la sociedad…

Miguel Alemán Velasco: La televisión mexicana no anuncia ningún producto que no haya sida previamente aprobado, para su venta, por la Secretaría de Industria y Comercio. Se trata de un requisito insalvable para cualquier anunciante. Tampoco se anuncia producto alguno cuya venta al público no esté autorizada por la Secretaría de Salubridad, así sean tabacos o licores. Tampoco se pasa al aire ninguna serie o programa que no haya sido supervisado por la Dirección de Cinematografía, en la misma forma que los programas educativos deben ser aprobados por la Secretaría de Educación Pública. Si algunos sociólogos se han dado a la tarea de pregonar recrudecimientos negativos en determinados aspectos de la vida social, sus causas deben buscarse en antiguas fallas estructurales y no en los medios masivos…

Los efectos de la publicidad y la influencia extranjera

Hugo Gutiérrez Vega: Podemos afirmar que en estas materias el país es una selva en la que prevalece el derecho del más fuerte (…) Sin embargo, existe una problemática de la que no se han ocupado la mayor parte de los investigadores de la sociología de la comunicación. Hablo de lo que se refiere a los efectos causados por los medios masivos -particularmente los electrónicos y los que pertenecen a la cultura de la imagen- en los numerosos grupos sociales que no tienen capacidad de consumo y que deben enfrentar cotidianamente la urgente solución de los problemas derivados de sus necesidades primarias.

Gustavo Esteva: En un país como el nuestro el cambio de actitudes y comportamientos que los medios masivos contribuyen a inducir, se presenta antes de que la sociedad sea capaz de producir las mercancías (…) con lo que su efecto de dispersión lanza al vacío las nuevas expectativas de los individuos. Homogeneizados en la imposible, atomizados en la irrealidad, vaciadas de voluntad propia (que se fincaba en los valores tradicionales perdidos), quedan entregados al desorden de una condición social que no parece ofrecerles más destino que el de una mayor atomización, creciente enajenación y pérdida progresiva de toda intimidad.

Fátima Fernández Christlieb: La polémica desatada (…) acerca del papel actual de la radio y la televisión, no tuvo, a nuestro entender, otra finalidad que la de legitimar la adquisición gubernamental de tribunas electrónicas similares a las que, por décadas, el Estado Mexicano se limitó a supervisar avalando los mensajes empresariales por ellas transmitidos.

La hegemonía que ejerce el capital monopólico internacional en la industria radiofónica no se ha visto alterada, de ninguna manera, por la iniciativa estatal; la innovación radica en que desde hoy en adelante seremos testigos de la actuación del Estado como emisor, sea para asistir a un cambia superficial de sus derroteros tradicionales, sea para crear en la pendiente de la privatización de la información masiva un México.

Hugo Gutiérrez Vega: La publicidad es controlada por las agencias trasnacionales (Walter Thompson, Mc Cann Erikson Stanton, Leo Burnett, Foote Cone and Belding, etc.) que tienen muy pocas limitaciones legales en el manejo de sus técnicas y de sus campañas de medios.

Fátima Fernández Christlieb: Si bien es cierto que la ingerencia extranjera en la radio y la televisión es hoy notoria, dicha ingerencia no es privativa de nuestro época. A principios de siglo, no existe en México una fuente de acumulación de capital la suficientemente desarrollada como para que surjan capitales financieros nacionales. Es así que el capital industrial y bancario que dará origen a la actual industria de los medios de información electrónicos, se integra casi en su totalidad con capitales extranjeros.

La “fórmula mexicana”: ¿pluralidad o monopolio?

Miguel Alemán Velasco: En México se ha encontrado una fórmula original… Esa fórmula es simple: estaciones del Estado y estaciones privadas; además, el Estado se reserva el 12.5 por ciento del tiempo de las estaciones comerciales (…) Ia pluralidad de la programación permite un abanico amplio de opciones, propio, esencial, de la función democrática que se le exige a la televisión; las élites intelectuales han sido incorporadas al proceso de comunicación social; el servicio comunitario se ha incrementado en un 3 mil por ciento…

Máximo Simpson: Es interesante señalar que de acuerdo con la Ley Federal de Radio y Televisión (1960), el Estado se reservó tres distintas posibilidades de utilizar tiempo para sus propios objetivos en las difusoras privadas. Según el artículo 59, las estaciones de radio y televisión deberán efectuar transmisiones gratuitas diarias con duración hasta treinta minutos continuos o discontinuos dedicados a difundir temas educativos, culturales y de orientación social”. Según Miguel Angel Granados Chapa, “la parte sustantiva de este artículo es resultado de la acción típica de un grupo de presión”, pues en el Senado se incluyó lo posibilidad de descomponer ese lapso, lo cual dio lugar a la “pulverización del tiempo estatal en multitud de fracciones”.

Miguel Angel Granados Chapa: El acuerdo que dió origen al tiempo fiscal dispone que los concesionarios elijan entre pagar en efectivo el 25 por ciento sobre los pagos que realicen o cubrir ese gravamen poniendo a disposición del Estado el 12.5 por ciento del tiempo de su programación.(…) Sin señalar a qué período se refiere, el Subsecretario de Radiodifusión expresó en una conferencia que tuvo lugar en octubre de 1974, a propósito de la deficitaria utilización del tiempo fiscal, que el Canal 2, debiendo entregar 19 776 minutos, sólo entregó 5 828. El Canal 4, debiendo transmitir 13 104 minutos, transmitió 1301. El Canal 5 debió transmitir 16 640, pasando 3 061. El Canal 8, de 14 424 minutos, pasó 1683.

Miguel Alemán Velasco: La pluralidad de la televisión mexicana puede sintetizarse diciendo que el Canal 2 permite una comunicación nacional; el Canal 4, la urbana; el Canal 5, la mundial; el Canal 8, la retroalimentación nacional; el Canal 11, la educativa; el Canal 13, la cultural. Y el 12.5 por ciento del tiempo que al Estado le reserva la ley en los canales, está teóricamente dedicado a las necesidades de comunicación de las gobernantes con lo opinión pública.

Jorge A Lozoya: Quienes hablan de libre empresa de la radiodifusión mexicana, han establecido el monopolio de los medios más importantes de habla española. (…) En ocasión reciente, durante la Reunión Nacional sobre Medios de Comunicación (La Paz, Baja California, enero 1976), la televisión comercial presentó un proyecto con bases supuestamente técnicas, o pseudocientíficas, que atribuye al Estado el exclusivo papel de distraer a las minorías intelectuales y al canal de televisión con menor potencial técnico y económico la formidable tarea de educación popular, mientras que el consorcio monopólico se ve como fiel reflejo de la realidad nacional e internacional.

Santiago Sánchez Herrero: Si examinamos el problema más detalladamente, constataremos que la pretendida libertad de opción que pregona la televisión privada -que se expresaría mediante la posibilidad de selección de informaciones o diversidad de entretenimientos- no te cumple en ninguno de los dos aspectos. La información que ofrecen los canales es notablemente similar. Y lo mismo ocurre con los programas de entretenimiento

Los monopolios y la ley

Hugo Gutiérrez Vega: Es necesario insistir en el hecho de que cualquier forma de monopolio es contrario a las leyes mexicanas, y advertir que la actitud exclusivista adoptada por los señores feudales constituye un permanente ataque a la libertad de expresión.

Patricio E. Marcos: Un análisis de las rasgos más relevantes de la legislación en materia de radio y televisión muestra una efectiva inversión histórica del régimen de concesiones: no ha sido el Estado quien ha cedido derechos de uso a los concesionarios particulares sino éstos los que, graciosamente y a semejanza del poder regio, cedieron derechos limitadísimos a la Nación a través de su titular. Pero la explicación de ello se encuentra dado en la peculiar estructura del estado político mexicano, que invariablemente ha convertido a las corporaciones privadas en instituciones del Estado.

Jorge A Lozoya: Sin embargo, se olvida con frecuencia que el funcionamiento legal para el desarrollo de los medios de comunicación masiva se encuentra en el Artículo 27 de nuestra Carta Magna, que define el espacio situado sobre el territorio nacional como parte integrante del mismo y deposita en la Nación el dominio directo de ese espacio. (…) Es importante resaltar que nuestra legislación sobre radio y televisión se basa en los derechos sociales consagrados por la Constitución y no en el espíritu de las garantías individuales, tradicionalmente invocadas en el caso de la prensa. En este aspecto la Constitución mexicana es texto pionero que garantiza el derecho de la Nación a conservar el patrimonio popular.

Patricio E. Marcos: La interpretación del Artículo 27 constitucional preserva, por el régimen de concesiones, el imperio de la propiedad privada. Los motivos no precisamente liberales que orientarán la Ley de Monopolios hacen que todo acto que implique la participación del Estado en una empresa se considera por definición, un acto excluido de las presunciones que establecen la figura del monopolio. Por ello, si de algún modo -digamos que por medio del otorgamiento de concesiones como los que posee Televisa S. A.- el Estado participa en los actos efectivamente monopolísticas del consorcio, entonces no existe el monopolio. ¿Por qué? Porque es al Estado a quien corresponde apreciar la prueba en contrario; y si esto es así, es porque a su vez se supone que es en el Estado en quien reside la facultad de declarar la ausencia de monopolio. (…) Los actos de las autoridades se basan en la presunción de regularidad que les corresponde, por lo tanto existe la presunción de inexistencia de violaciones a la ley (Artículo 28 constitucional que prohibe el monopolio en situaciones controladas par el Estado). ¿Alguien pudiera haber ideado otra forma más sintética y brillante para consagrar el monopolio? No ciertamente, porque la Astucia de la Razón es, como ella, infinita. ¿Dialéctica contradictoria? Da lo mismo, porque como se sabe dos negaciones lógicas conducen a una categórica afirmación del privilegio monopólico.

Los caminos posibles

Miguel Alemán Velasco: se pregunta cómo la televisión [puede apoyar “una política orientada subsanar el desequilibrio interno” y señala tres posibilidades: 1a. La extensión de la red de microondas, para que efectivamente cubra todo el territorio nacional; 2a. La instalación de trasladadores, de repetidoras que acarrean linealmente la señal de televisión sin permitir el regreso, y 3a. Otorgar concesiones en todos aquellos lugares que en la actualidad carecen de estación televisiva. En el polo opuesto Miguel Alemán Velasco, Raúl Cremoux sostiene que el Estado “no debe otorgar una sola concesión más” y que debe adquirir cuando menos el canal 4, “a cambio de los pasivos de Televisa y futuros Servicios de la Red Federal de Microondas.

Para Hugo Gutiérrez Vega, la disyuntiva es muy clara: “o se crean una organización radiofónica y una televisión dedicadas a la difusión de cultura y al servicio social, a se continúa el camino de las medios electrónicos concebidos como negocio y como aparatos ideológicos de apoyo a un proyecto económico de signo capitalista”.

Para Gustavo Esteva, sólo la participación social organizada, políticamente responsable en la estructura intermediaria, constituye una auténtica opción a las formas enajenantes de su existencia: la censura burocrática y la participación liberal de los individuos en los medios. Jorge A. Lozoya considera que la Corporación Pública de Radio y Televisión coloca a los medios bajo la tutela del Estado pero, como institución de derecho público, se rige autónomamente bajo la responsabilidad de una alta instancia colegiada que refleja la diversidad nacional. Señala que en México, la televisión que llama “de beneficio social” deberá ser “más cercana a una corporación educativa que a la Hora Nacional” y que “ha de propiciar la participación equilibrada de los diferentes sectores sociales”, en el sentido de su presencia permanente en la orientación y gestión del medio.

Corolario

Estos son los términos de la mesa redonda que hemos imaginado. Vivimos según un amplio consenso en una sociedad en la que prevalecen las relaciones de información es decir de unilateralidad al servicio casi exclusivo de un sector social. Trascender la falsa disyuntiva propiedad estatal-propiedad privada abre una opción democrática y socializadora de los medios de información masiva aun sin llegar desde luego a la utopía comunicacional tan cara a Pasqualli y Baudrillard, que no puede darse a través de medios como la televisión sino en el diálogo fuera de los circuitos meramente informativos El monopolio de los medios electrónicos plantea graves problemas que no pueden desestimarse; las implicaciones saltan a la vista y cabe preguntar acerca de uno posible renovación que a través de diversas alternativas propone la mayoría de los estudiosos.